CARTA AL DIRECTOR

El debate sobre inmigración merece datos, rigor y respeto

Señor director, la columna publicada el 8 de febrero confunde de forma reiterada el debate sobre inmigración con una acusación moral de racismo. Esa simplificación no solo es injusta, sino que impide discutir el problema real.

Oponerse a la inmigración ilegal y masiva no es rechazar personas, sino rechazar un modelo que, de forma comprobable, empobrece a la sociedad que lo recibe, especialmente a los trabajadores con menos recursos. La llegada de personas sin formación, sin idioma y sin contrato presiona los salarios a la baja, satura los servicios públicos y dificulta la convivencia cuando no existe una integración real. Esto no es ideología, es experiencia acumulada y datos.

El artículo apoya su argumento central en una serie de televisión ambientada en el Yonkers de los años 80. Una serie no es la realidad, ni un estudio sociológico, ni un modelo exportable a la España actual. Las políticas públicas no se diseñan desde la ficción, sino desde el análisis de consecuencias reales.

También se insiste en que la solución sería «invertir en los países de origen». Esa idea ignora que muchos de esos países han recibido durante décadas cantidades equivalentes a varios planes Marshall en ayuda internacional. El resultado es conocido: corrupción estructural, Estados fallidos y ninguna mejora sostenible que frene la emigración. El desarrollo no se compra solo con dinero cuando faltan instituciones, Estado de derecho y cultura cívica.

Europa y España no son sociedades más prósperas por casualidad ni por suerte histórica. Lo son por el esfuerzo acumulado de décadas, por leyes que se cumplen, por una cultura del trabajo y por valores cívicos muy concretos. Pensar que se pueden importar masivamente poblaciones con normas y valores muy distintos sin ningún impacto negativo es, como mínimo, ingenuo. Cuando la integración falla, quienes pagan el precio no son los articulistas, sino los vecinos.

La inmigración que funciona es la regulada: la que llega con contrato, formación y voluntad real de adaptarse. Es el modelo de los países que mejor gestionan la inmigración. Lo contrario no es solidaridad, es irresponsabilidad.

Por último, presentar los beneficios de la banca o de las empresas como algo moralmente sospechoso es un error. Esos beneficios, como los de cualquier autónomo, pertenecen a quien asume riesgos y opera legalmente. Que sean mayores se debe a que operan en muchos países. Proponer que ese dinero «debe» destinarse a fines políticos decididos por otros no es justicia social: es pretender vivir del esfuerzo ajeno.

El debate sobre inmigración merece datos, rigor y respeto. Llamar racista a quien discrepa no es argumentar; es evitar el debate.

*Puedes enviar tu ‘Carta al director’ a través del correo electrónico o al WhatsApp 602262881.

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