Francis, Ingrid, Joseph, Kristin, Leonardo y Marta, de momento. Hasta seis borrascas han acompañado a La Rioja en lo que va de año con lluvia, viento y nieve para protagonizar un invierno en toda regla. Pero parece que el temporal todavía no abandonará a la comunidad, al menos durante los próximos diez días. Así lo refleja el meteorólogo Pablo Sola desde la Delegación Territorial de la Aemet en La Rioja y Aragón, aunque de cara a la segunda quincena de febrero todo apunta a un cambio más apacible.
Desde el plano técnico, Sola explica que esta consecución de borrascas se debe a «la configuración en la que la corriente en chorro con vientos de unos 150 nudos a unos 9 kilómetros de altura está constantemente incidiendo sobre latitudes de la península Ibérica. Esto hace que esas borrascas que normalmente suelen afectar a latitudes más al norte, como pueden ser las islas británicas y Escandinavia, desciendan y afecten una tras otra a nuestro territorio de forma constante y persistente. A veces, los efectos más adversos de las borrascas vienen motivados por la propia orografía del terreno. En muchos escenarios hablamos de zonas con unas cordilleras montañosas donde las borrascas descargan intensamente cuando los vientos atlánticos inciden ahí, lo que se ha podido ver en los últimos días en el sur de España».
La atribución de nombres a las diferentes borrascas no es una práctica casual, sino que responde a una situación concreta y es que ya esa borrasca ya tiene asociadas unas características más virulentas con avisos de nivel naranja o rojo por precipitaciones o fuertes vientos. El haber incrementado el nombramiento de borrascas en los últimos años, refleja este meteorólogo, «sí hace referencia a que estas borrascas son potencialmente más adversas». Así mismo, su denominación se hace también para asociar todos los fenómenos a una misma causa y así facilitar el tratamiento de la borrasca a la hora de hacer un estudio de los efectos concretos que ha tenido.
En lo que va de invierno, La Rioja ha vivido un mes de diciembre con un volumen de precipitaciones normal para la media, mientras que enero ha cerrado como un mes húmedo. «La primera mitad de febrero está siendo también bastante húmeda, pero falta cerrar el mes para analizar en conjunto el invierno meteorológico, que va de diciembre a febrero. Es cierto que la percepción de la sociedad es que está lloviendo mucho porque lo hace de manera continuada, unido a un tiempo desapacible donde apenas sale el sol, pero en términos de volumen de litros por metro cuadrado no es tal la cantidad», apunta.
Actualmente, es la borrasca Marta, nombrada por el servicio portugués de meteorología el pasado 5 de febrero, la que sigue regando la región, si bien se esperan más frentes atlánticos de cara a los próximos días. Concretamente, este temporal de precipitaciones y rachas de viento podrá durar «unos diez días más».
Sin embargo, todo apunta que el final de mes tendrá algo de lo que se conoce como «febrerillo loco» y esa variabilidad meteorológica. En la segunda mitad del mes este tipo de tren de borrascas irán desapareciendo y las temperaturas irán ascendiendo progresivamente, «si bien febrero no está siendo para nada frío hasta la fecha». De hecho, Sola recalca que los niveles térmicos está ligeramente por encima del promedio: «Los vientos de componente suroeste producidos por las borrascas suelen recalentar el ambiente al pasar por nuestros sistemas montañosos, por lo que a finales de mes se esperan jornadas de más calor. Pero a la vez también lloverá y hará viento, así que un poco loco sí va a ser este febrero».


