El cierre de varias grandes marcas en la calle San Antón ha encendido todas las alarmas del comercio logroñés. Para Fernando Cortezón, presidente de la Federación Riojana de Comercio, el problema va mucho más allá de un mal mes, de un enero negro como el que se deja atrás: la principal arteria comercial de Logroño se ha quedado sin «tres locomotoras» y el riesgo de un efecto dominó es real si no se actúa con rapidez, reacción que ya se está notando en la cercana calle Pilar Salarrullana.
Cortezón no esconde su preocupación por la situación de la calle San Antón, el eje que durante décadas ha marcado el pulso comercial de la ciudad. «Me preocupa que en San Antón no haya locomotoras», advierte, en referencia a la salida de grandes enseñas capaces de atraer público de forma constante.
El temor no es solo simbólico. «Si de repente se va Inditex, te quedas temblando», resume, consciente de que buena parte del atractivo de la calle ha dependido históricamente de la presencia de las diversas marcas del grupo. «A mí me da mucho miedo», indica, en relación a la posibilidad de que Zara decida también salir de esta ubicación… «Sería el fracaso total de San Antón», insiste, al tiempo que alerta de que el impacto no se quedaría ahí: el deterioro acabaría afectando a calles colindantes como Pilar Salarrullana o República Argentina, sin que eso suponga una mejora automática para otras zonas como las 100 Tiendas.
A su juicio, la calle arrastra un problema de base que se ha ido aplazando demasiado tiempo. «San Antón realmente lo tenías que tener arreglado ya para que eso siga funcionando», señala, en alusión tanto al urbanismo como a la falta de un proyecto claro, «desde hace muchos años, porque no es solo de ahora», que refuerce su papel central.
Un ajuste de fondo, no una mala racha
Más allá de San Antón, Cortezón enmarca los cierres en un proceso mucho más largo. «Esto es un ajuste que se está produciendo en el sector, porque el comercio de ciudad también es una industria», explica. Un ajuste provocado, en su opinión, por un exceso de metros cuadrados de oferta comercial en Logroño acumulado durante décadas: «Sobran metros comerciales y van a cerrar los más débiles… y los más viejos también».

El presidente de la Federación recuerda que el debilitamiento no es nuevo. «Todo viene de un debilitamiento desde hace tres o cuatro décadas», apunta, aludiendo a la expansión de los centros comerciales, al crecimiento de la ciudad hacia la periferia y al cambio radical de los hábitos de consumo. La imagen del pasado contrasta con la realidad actual: «Hemos pasado de presumir de ser la primera ciudad comercial de España… Esa imagen ya no existe».
Por eso descarta soluciones rápidas o nostálgicas. «Nada de lo que pensemos hacer es para volver a una posición inicial», avisa. El comercio que venga será distinto o no será.
Amazon y la desventaja competitiva
En ese nuevo escenario, Cortezón introduce un tercer factor clave: la competencia del comercio online. «Da igual el horario que tengamos: este señor está abierto 24 horas», resume gráficamente. A su juicio, el problema no es solo tecnológico, sino de reglas del juego: «El comercio tiene una desventaja competitiva total: legislativa, regulatoria, impositiva».
El discurso se vuelve más combativo cuando baja al terreno municipal. Reclama a los ayuntamientos más control sobre el reparto y sus efectos en la ciudad. «Tú pon una multa de tráfico por dejas las furgonetas donde no se puede… y si no paga, pon un cepo», propone, e incluso va más allá: «Gírale a Amazon una factura de todos los residuos que te deja», en referencia al impacto en limpieza, tráfico y desgaste urbano que no siempre repercute en quien genera esa actividad. «Lo de Amazon… es una pasada. Una pasada, una pasada», repite, consciente de la magnitud del rival. Sin embargo, «al pequeño comercio se le imputa todo, con impuestos y más impuestos».
Donde aún hay luz
Pese al diagnóstico duro, Cortezón no dibuja un panorama completamente oscuro. Hay zonas que funcionan mejor, precisamente por ir en otra escala. Calles con locales pequeños, proyectos asumibles y comerciantes con ilusión. «Eso contagia… empiezan a funcionar. Mira cómo está funcionando el Mercado del Corregidor en comparación con otros mercados de la ciudad», describe.
También pone como ejemplo espacios donde la compra se convierte en experiencia, como los mercados urbanos: «Es una experiencia de compra muy agradable: tu producto fresco, tu cafecito, luego un vermú…”, dice, al explicar cómo el comercio ligado a la alimentación y al trato directo mantiene mejor el pulso.
Cada cierre es una pésima noticia: «No solo en términos urbanos o de menor oferta, estamos hablando de la pérdida de puestos de trabajo». No hay milagros ni recetas únicas, pero sí una certeza: «El comercio alumbra la calle». Y una ciudad que apaga sus escaparates, advierte implícitamente, es una ciudad que se queda a oscuras mucho antes de lo que parece.


