Cultura y Sociedad

La nueva fórmula de visitas a la Catedral de Calahorra convence

Durante años, la Catedral de Catedral de Santa María de Calahorra ha sido para muchos un lugar solemne, imponente… y poco más. Se visitaba el templo, con una iluminación justa y explicaciones breves, y la experiencia terminaba ahí. Desde la pasada primavera, sin embargo, se decidió cambiar la forma de mirar este monumento arquitectónico. Y lo ha hizo de forma clara: la nueva propuesta turística puesta en marcha desde el pasado 1 de abril ha transformado la manera de conocer la catedral y ha convertido la visita en una experiencia mucho más completa, atractiva y, sobre todo, exitosa.

El nuevo planteamiento abrió espacios que hasta entonces permanecían fuera del recorrido habitual. «Sabemos que todavía queda mucho por hacer pero seguimos trabajando en ello», explica Jesús Ignacio Merino, párroco de la Catedral. A partir de las once de la mañana, una vez finalizada la actividad litúrgica, los visitantes acceden por el claustro y pueden recorrer no solo el templo, sino también la sala capitular, la sacristía y el propio claustro, ahora con una iluminación cuidada y con audioguías descargables en el móvil. Un cambio que ha permitido explicar mejor la historia, el arte y el significado de cada espacio, y que ha elevado notablemente la satisfacción del visitante.

El claustro se ha convertido en uno de los grandes reclamos, con un recorrido que explica la romanización de la zona y la vida de los santos vinculados a la diócesis. La sala capitular y la sacristía permiten descubrir la riqueza artística y la orfebrería de la catedral, piezas que hasta ahora pasaban no podían conocer de primera mano la mayoría de los visitantes. La sensación general para Jesús Ignacio es clara: «La gente sale sorprendida, con la impresión de haber descubierto algo que no esperaba encontrar».

A esta nueva forma de visitar la catedral se ha sumado una programación cultural que ha reforzado aún más su atractivo. Entre los meses de mayo y octubre se han celebrado conciertos y conferencias, tanto en el claustro como en el interior del templo. Algunas de estas actividades, subvencionadas por el Gobierno de La Rioja o por el Ayuntamiento de Calahorra, han sido gratuitas; otras han tenido entrada para cubrir gastos. «En todos los casos, la respuesta del público ha sido muy positiva», consolidando la catedral como un espacio cultural vivo, más allá de la mera visita turística.

El Palacio, abierto

Uno de los grandes hitos del año ha sido, sin duda, la apertura al público del Palacio Episcopal de Calahorra, cerrado en su parte residencial desde 1980. Tras un proceso de adecuación, el palacio se puede visitar ahora mediante recorridos guiados que permiten conocer espacios como el salón del trono, las antiguas estancias privadas, el despacho episcopal, la biblioteca o la capilla. La acogida ha superado las expectativas iniciales y se ha convertido en un complemento perfecto a la visita de la catedral.

La visita doble —catedral y palacio— es la opción que más satisfacción genera entre quienes la realizan. El contraste entre el espacio religioso y el palacio del siglo XVIII, más laico y doméstico, ofrece una lectura más completa de la historia de la ciudad. Además, esta nueva oferta está funcionando especialmente bien con el turismo termal. «Nos llegan muchos grupos procedentes de balnearios como el de Arnedillo que bajan hasta Calahorra para pasar la tarde con una visita concertada, algo que hace apenas un año era impensable».

Aunque todavía no existen comparativas con años anteriores —el palacio partía literalmente de cero—, las cifras son lo suficientemente positivas como para cubrir gastos y, lo que es más importante, permitir nuevas mejoras. «Los ingresos de las entradas están ayudando a financiar actuaciones que antes dependían exclusivamente de subvenciones, como la restauración de la capilla del Niño, la rehabilitación de nuevas estancias del palacio o la recuperación de un libro de Actas Capitulares del siglo XV que presentaremos próximamente».

De cara al futuro inmediato, el balance es optimista, pero prudente. El modelo se consolida poco a poco, con la reapertura completa prevista a partir del 16 de marzo, coincidiendo con la antesala de Semana Santa. Mientras tanto, continúan las visitas guiadas de los sábados y la atención a grupos concertados. Calahorra, durante años a la sombra de otros grandes destinos riojanos, empieza a reivindicar su patrimonio con una fórmula sencilla pero eficaz: abrir, explicar y cuidar lo que siempre estuvo ahí. Y el público, por fin, está respondiendo.

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