El invierno ya ha dado su primera señal en Valdezcaray, que ha levantado el telón de la temporada con una apertura muy esperada (3.100 personas se han acercado hasta allí) y un ambiente que invita al optimismo. No ha sido una nevada generosa la que ha puesto en marcha la estación, sino algo cada vez más habitual en estos tiempos: la nieve producida. Gracias a ella, Valdezcaray ha podido abrir con cuatro pistas —La Cascada, Principiantes, Salegares Verde y el Camino— y demostrar desde el primer día que el esfuerzo empieza a dar frutos. «Las pistas están en muy buen estado, con una calidad de nieve óptima y un día espectacular para esquiar», resume su gerente, Carlos Pérez, todavía con el pulso acelerado de una mañana intensa.

El arranque ha tenido mucho de reencuentro. Cielo sin frío extremo, buena visibilidad, alguna nube alta y copos tímidos cayendo de vez en cuando, casi como para acompañar la escena. Y, sobre todo, gente. Riojanos en su mayoría, pero también visitantes del País Vasco y algunos de Navarra o Burgos. «Se nota que había ganas», explica Pérez después de dos inviernos irregulares y complicados.

La mirada, sin embargo, va más allá de este primer día. A corto plazo, la previsión apunta a un pequeño ascenso de temperaturas durante unos días, pero el horizonte es prometedor. «Después viene una semana de frío intenso y sostenido, y ahí podremos hacer una gran producción de nieve», adelanta el gerente. Si se cumplen los pronósticos, Valdezcaray podría sumar nuevas pistas abiertas y acercarse, poco a poco, a ese objetivo que siempre flota en el ambiente: ver la estación al cien por cien. «Todos los indicadores nos hacen pensar que este invierno puede ser más tradicional, más parecido a lo que entendemos por invierno de verdad y no a lo que hemos vivido estos dos últimos años», añade, sin esconder cierto alivio.

Ese optimismo no es casual. Detrás hay un ambicioso plan de inversiones del Gobierno de La Rioja, dotado con seis millones de euros a lo largo de tres años, que está transformando la estación por dentro. La renovación integral del sistema de producción de nieve ha sido clave: nuevas salas de máquinas, cañones de última generación capaces de producir más volumen y hacerlo en condiciones más ajustadas de temperatura, y una automatización completa que permite aprovechar cada minuto de frío. «Antes era todo manual, lento y menos eficiente. Ahora arrancamos y paramos de forma inmediata, sin perder ventanas de producción», explica Pérez.

A esa mejora se suman dos nuevas máquinas pisa pistas equipadas con sistemas GPS, capaces de medir en tiempo real el espesor de la nieve. El resultado es una gestión quirúrgica: mover nieve de donde sobra a donde falta, homogeneizar pistas y reducir la dependencia de nuevas producciones innecesarias. «Esto nos hace mucho más resilientes frente a los cambios meteorológicos», apunta el gerente. En un contexto de cambio climático, no es una opción, sino una necesidad compartida por estaciones de todo el mundo, desde el Pirineo hasta los Alpes.

Este año, Valdezcaray cuenta con alrededor de 95 cañones distribuidos estratégicamente, con instalaciones fijas y móviles que se adaptan a las necesidades de cada zona. No están en la parte más alta —donde la nieve natural suele ser suficiente—, pero sí en los puntos clave que permiten asegurar la apertura y prolongar la temporada. Además, la nieve producida aguanta mejor: «Resiste más la lluvia, el sol y el calor, y permite estirar los días de esquí cuando la primavera empieza a asomar».

La sensación general en este primer día es clara: Valdezcaray ha comenzado la temporada mejor preparada que nunca. Con tecnología, planificación y un invierno que, por ahora, promete comportarse. El ruido de los esquís ha vuelto a escucharse en la Sierra de la Demanda. Y esta vez, da la impresión de que no será solo cosa de unos pocos días.


