El refugio de Cabimonteros, en Arnedillo, luce hoy como un lugar completamente distinto al que muchos montañeros conocían. El mérito lo tienen Luis, Pedro, Alejandro, Daniel y Diego, el grupo detrás de ‘Refugios libres y dignos’. Hace año y medio dejaron irreconocible el refugio de Bonicaparra en Ezcaray y esta vez han repetido hazaña en La Rioja. Lo han hecho con la misma filosofía de siempre: dignificar estos albergues gratuitos que encuentran deteriorados en sus rutas, devolverles vida y, sobre todo, que cualquier persona que llegue a la montaña lo haga en un espacio limpio, seguro y cuidado.
El proyecto empezó hace meses, cuando se pusieron en contacto con el alcalde de Arnedillo, Pedro Montalvo. Le mostraron lo que habían hecho en otros refugios y, como él mismo reconoce, «se me iluminaron los ojos». Aceptó sin dudarlo: «Han hecho una auténtica obra de arte. El antes y después es asombroso, parece mentira. Han tenido en cuenta hasta el último detalle». El Ayuntamiento aportó leña para que pudieran trabajar durante un fin de semana especialmente frío, con un manto de nieve recién caído en la zona. «Al menos que estuvieran calentitos. No tengo más que palabras de agradecimiento».
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La intervención se ha realizado gracias a una colaboración que ejemplifica bien lo que significa la montaña: unión y esfuerzo compartido. En ella han participado la Federación de Montañismo de La Rioja, el Club Emetebe de Montaña de Pradejón y el propio Ayuntamiento de Arnedillo. Todos pusieron algo: apoyo, materiales, logística y confianza. Con esa base, el equipo de voluntarios llegó el viernes cargado con herramientas, ganas y la costumbre de trabajar en condiciones adversas.
Pese a la nieve y al frío, el refugio terminó «vestido como se merece», en palabras de los propios colaboradores. La transformación ha sido profunda: nueva farola led exterior para iluminar la entrada, pintura dentro y fuera, cortinas, mantel, guirnaldas, un extintor, mesas, bancos, estanterías, un botiquín de primeros auxilios, la chimenea puesta a punto e incluso una pequeña biblioteca con libros y juegos. Todo pensado para que el refugio sea acogedor, funcional y seguro. El panel de experiencias, donde cada visitante puede dejar un mensaje, añade un toque emocional que ya forma parte de la esencia de estos proyectos.
La idea no es solo mejorar los refugios, sino fomentar una cultura de respeto y cuidado. «Al principio pensábamos que la gente podía cuidarlos poco, pero nada más lejos de la realidad», cuentan siempre desde el proyecto. «Cuando ven los refugios tan cuidados, se involucran y los mejoran todavía más». Lo han comprobado en sus revisitas: paquetes de bolsas de basura dejados para los siguientes, entornos limpios, pequeños arreglos, alguna lata de café para compartir. Ese es el impacto real: crear un círculo virtuoso donde quien llega cuida porque antes alguien cuidó.
El alcalde insiste en un mensaje que no todos quieren escuchar, pero que es esencial: «Ahora hay que concienciar a la gente de que las cosas, aunque sean gratuitas, hay que cuidarlas. Si no, tendremos que cerrarlas o terminarán siendo de pago». Una llamada de atención que recuerda lo frágiles que son estos espacios y lo rápido que pueden deteriorarse si la responsabilidad se diluye. Cabimonteros es hoy un refugio digno, pero su futuro depende de la actitud de quienes lo usen.
Este ha sido el último proyecto del año para ‘Refugios libres y dignos’. Y aunque ellos ya piensan en su próxima intervención, Arnedillo conservará durante mucho tiempo la huella de su trabajo.


