La Rioja

Radiografía de la violencia de genero en La Rioja: dos denuncias al día

La Rioja registra más de dos denuncias al día por violencia de género

La Rioja registra más de dos denuncias al día por violencia de género. Es una cifra que impresiona de entrada, pero que cobra un sentido más profundo cuando se observa el trabajo diario de quienes están al otro lado del mostrador. Entre enero y octubre se contabilizaron 722 denuncias, y tras ellas hay mujeres de distintas edades, hijos en riesgo y una red policial que intenta llegar a tiempo, aun sabiendo que no siempre es sencillo.

Quien mejor dibuja esa realidad es Juan María de las Cuevas Carretero, comandante y jefe de la Unidad Orgánica de Policía Judicial de la Guardia Civil. Lo hace sin adornos, con una mezcla de claridad y cansancio profesional que delata años viendo todas las caras posibles de la violencia.

«Ha habido una evolución enorme»

El comandante describe un cambio profundo en la forma de actuar. Antes, recuerda, este tipo de violencia ni siquiera estaba tipificada como tal. Ahora hay más formación, más sensibilidad y una clara intención de evitar la «revictimización», es decir, que una mujer tenga que repetir lo vivido una y otra vez. Aunque admite que a veces es imposible evitarlo, la intención está ahí: minimizar el daño en un momento que ya de por sí es duro y, para muchas, vergonzante.

También destaca que muchas mujeres llegan sabiendo perfectamente que lo que han sufrido es violencia de género. Otras necesitan más acompañamiento. Y por supuesto, hay casos en los que la señal de alarma llega a través de terceros: vecinos, familiares o testigos que llaman cuando escuchan gritos o presienten un episodio violento.

Uno de los cambios más relevantes en los últimos años es el llamado «protocolo cero», que permite actuar aun cuando la víctima no quiere denunciar. Según explica De las Cuevas, esto da margen para intervenir en situaciones en las que hay indicios claros de violencia. Si en ese contexto el varón está presente y la Guardia Civil considera que hay un episodio de violencia, puede detenerlo aunque la mujer no quiera denunciar en ese momento.

Después, es el juzgado quien decide según la declaración de las partes. Puede que la causa se archive si la víctima no se ratifica, pero al menos se ha cortado -aunque sea temporalmente- un ciclo que a veces se repite.

La complejidad de proteger: la realidad frente al papel

El comandante también habla de la dificultad de cumplir medidas de alejamiento en determinados entornos. En los pueblos pequeños, donde todo el mundo se cruza y la vida social se concentra en pocos espacios, mantener la distancia ordenada por un juez es mucho más complicado. Incluso las coincidencias fortuitas pueden convertirse en quebrantamientos.

La Guardia Civil tiene la obligación de valorar cada caso para determinar si el acercamiento ha sido fortuito o intencionado, pero en cualquier circunstancia se protege a la víctima. Y cuando hay quebrantamientos claros, suelen acabar en detención. En este sentido, La Rioja acumula casi 200 casos de incumplimiento de medidas solo este año.

El comandante reflexiona sobre la etiqueta global de «violencia de género». Explica que penalmente, bajo esa denominación entran desde amenazas por mensaje hasta agresiones gravísimas o asesinatos, y reconoce que es difícil poner al mismo nivel situaciones tan distintas. Aunque legalmente todo se englobe bajo la misma categoría, él insiste en que dentro del cuerpo saben que la gravedad es muy distinta.

Uno de los cambios más llamativos que observan los agentes es la caída de la edad tanto de víctimas como de agresores. En muchos casos, la violencia se manifiesta a través de redes sociales: insultos, amenazas, difusión de contenido íntimo… algo que, según describe, manejan con enorme soltura los más jóvenes. Y aunque no haya contacto físico, el daño psicológico puede ser muy profundo.

De las Cuevas reconoce que ahora hay más recursos que hace años: turnos de oficio especializados, oficinas de atención a la víctima, acompañamiento psicológico y ayudas habitacionales. La sociedad ha avanzado mucho, aunque el objetivo -dice- sigue siendo el mismo: evitar que ninguna mujer llegue a necesitar vigilancia policial.

Mientras tanto, en La Rioja la violencia de género continúa dejando huella cada día. Más de seiscientas denuncias. Más de seiscientas historias distintas. Vidas que se rompen o se resquebrajan. Y un sistema que intenta, paso a paso, estar a la altura.

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