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La UD Logroñés afronta un partido trampa en un lugar inhóspito

Los más viejos del lugar lo recordarán: aquel partido en Zamudio. Sexta jornada de la vieja Segunda B de aquella temporada 2016-2017. Dos a cero y para casa. Sin dar una voz más alta que la otra. Porque los pocos que estuvieron aquel día por allá recordarán el silencio, la distancia, la crudeza del lugar pese al día soleado… y, claro, la derrota.

Porque el fútbol cuenta con lugares inhóspitos. Como es el caso de este sábado. Es muy ingrato todo ese fútbol que se ve a la altura de los ojos de los entrenadores. Acostumbrados a las gradas del estadio, el fútbol 1:1 es otra realidad, más plano, más recto, más alejado, como con las gafas de cerca.

Y si a eso le añades una pista de atletismo y la crudeza del invierno prematuro de la Euskadi de interior, el partido de este sábado en Basauri y encima a las 16:30 horas pone los pelos de punta a cualquiera. Y más al sufridor seguidor de la UD Logroñés, que sabe que todo lo que se puede complicar se acaba complicando. Y tras una semana haciendo las paces tras dos duras derrotas, el calendario quiere que un equipo tocado tenga que jugarse los cuartos en un lugar inhóspito en medio de un temporal de frío, viento y lluvia, en donde tiene que ganar para no perderlo absolutamente todo.

Es mala cosa eso de tener que ganar sí o sí, fuera de casa, en Basauri, ante un equipo que, con el Alfaro, pelea por no ser el último clasificado, al que se debería ganar… como el curso pasado al Subiza, o al (ponga aquí, querido lector, el recuerdo negativo desbloqueado ante los equipos que acaban descendiendo y que este club no acaba de resolver en Segunda, Segunda B, en Primera Federación o en Segunda Federación…).

La historia es pendular, por eso se repite. Y este club también ha logrado resolver crisis, como la de Zamudio, por ejemplo. Crisis importantes, y la que afecta ahora al equipo de Unai Mendia es de las importantes. Tanto como para hacerse la pregunta de cómo sería el lunes que viene si el asunto en Basauri no saliera bien.

Es un partido de responsabilidad. Porque la afición parece haber comprendido que tanto bandazo desde el descenso de Segunda no le está sentando nada bien al proyecto de referencia del fútbol riojano. Se pide estabilidad, se precisa sosiego, pero el fútbol es retorcido, y la historia de este club está repleta de zarpazos durísimos. Uno más sería no ganar al Basconia este sábado. Perder…

El trabajo de Unai Mendia se ha topado con una realidad: las imprecisiones en las dos áreas en una plantilla con lagunas. Es decir, el típico equipo de Segunda Federación pero llevado al extremo, como todo en la entidad blanquirroja durante el último lustro. Nadie falla las que falla este curso la UD Logroñés. Nadie soporta la presión que soporta la UD Logroñés. Nadie tiene la necesidad que tiene ahora mismo la UD Logroñés…

Porque se está tratando de comparar a este club con el Teruel, pero aquel Teruel se permitía incluso el lujo de entrenar en Zaragoza. La UD Logroñés es otra cosa, no es comparable, y la reacción también debería ser diferente. Porque hay tiempo, tanto como necesidad. Y la reacción no puede esperar. La igualdad del Grupo 2 alivia en parte los últimos malos resultados. Esto se decidirá a buen seguro en las últimas diez jornadas. Y la UD Logroñés debe demostrar desde ya de qué pasta está hecha: ni lesionados (ya recuperados Lupu y Berto Rosas o Camacho), ni la juventud (acumulan minutos para saber ya de qué va la cosa) ni los rivales (es un rival que solo ha ganado un partido) ni la presión (habrá poco ambiente en Artunduaga) ni la faltas de concentración en las dos áreas.

La UD Logroñés está a tiempo de aferrarse a la liga, tanto como de tirar por la borda un nuevo proyecto con un técnico que todos observan con un gran futuro por delante.

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