Agricultura

Un campo de ensayo en Sojuela donde conviven rebaño y frutales

Gonzalo Villalba, gerente de la empresa Agrovidar, impulsó en 2020 Finca Iraza, un centro de formación y experimentación en agroecología asentado en Sojuela y creado con la idea de disponer de un espacio propio en el que desarrollar diferentes técnicas y ensayos que luego se pudieran divulgar y extrapolar al sector agrario. En 2023 se plantaron siete tipos de árboles frutales de tres variedades diferentes cada uno para poner en práctica conceptos agroecológicos, ocupando la mitad de esta finca de tres hectáreas ubicada a 730 metros de altura y donde también conviven frutos rojos y pasto.

Frutales entre los que se encuentran manzanos, perales, ciruelos, cerezos, melocotones y nectarinos, principalmente. «Son variedades comerciales que se pueden aplicar a nivel comercial y en las que aplicamos técnicas para saber cómo se comportan los diferentes árboles manejados con unas técnicas sostenibles distintas, porque aquí toda la gestión es en ecológico. Así vamos generando conocimiento y viendo los problemas que surgen, teniendo en cuenta también el clima y los suelos», explica Villalba.

Pero Finca Iraza es mucho más que una plantación. Esto se ha creado para funcionar como un modelo de explotación rentable basado en las explotaciones de antaño, donde la agricultura convivía con la ganadería: «Mi abuelo, por ejemplo, tenía poco terreno, pero muchos cultivos diferentes y también animales. Así que esto funciona igual, como una explotación mixta donde hay cultivos agrícolas, ovejas de la raza chamarita y gallinas cameranas. Un modelo de producción muy vinculada también con la venta directa de alimentos y que responde al fundamento de la agroecología, que no es otra cosa que la ciencia que aúna producción ecológica, conocimiento y tecnología. Porque aquí también aportamos innovación, haciendo vuelos con dron y monitorizando la climatología con sensores».

El último paso ha sido alimentar al rebaño con la cubierta vegetal que crece en la finca, pero asegurando que los animales no se comen la fruta que cuelga de los árboles. Para ello se les ha colocado una especie de bozales antiramoneo que no les permite levantar la cabeza. Así, mientras las ovejas se alimentan con vegetación fresca, también nutren la tierra de forma natural y gratuita. Un proyecto financiado por el Gobierno de La Rioja y fondos Feader a través de las ayudas a Acciones demostrativas de nuevas técnicas de producción.

Un proyecto muy similar al que ya se impulsó en 2022 bajo el nombre de ‘Ohvino’. En este caso, Agrovidar colaboró con el enólogo y viticultor Javier Arizcuren, quien metió un rebaño de Quel en sus viñas durante el invierno para que estas se alimentaran de una cubierta vegetal que había nacido de forma espontánea a la vez que abonaban la tierra. Un alimento para animales y para el suelo gratuito en ambos casos. En este caso, sin embargo, el proyecto se desarrolló con las cepas en parada vegetativa, por lo que no había fruto alguno que corriera peligro.

«En Agrovidar llevamos ya muchos años trabajando con la prestación de servicios ecosistémicos por parte del ganado, buscando la compatibilidad de la producción agrícola con la ganadera. Se habla mucho de la agricultura regenerativa, de la compatibilización de ganadería y agricultura, pero realmente falta mucha experimentación, porque claro, ¿quién va a meter las ovejas en sus frutales así como así? Por eso dedicamos esta finca a hacer ensayos y ver de qué forma se rentabiliza más la explotación», apunta.

En este sentido, también están dentro de un periodo de mejoras y es que el aprendizaje en estos proyectos es continuo. «Los árboles que tenemos son jóvenes todavía, por lo que en algunos casos las ovejas los han rozado con las propias máscaras e incluso los han tumbado, por lo que ha habido que replantar alguno de ellos. Por otro lado, ya hemos comprobado que no se pueden comer las hojas, pero es cierto que tiene que haber un proceso de transición y de educación del propio ganado para para que se adapte a comer, hay que enseñar a los animales. Con todo ello creo que es un futuro viable en explotaciones con árboles más fuertes, con más años. Además, este año hay buen pasto aquí para las ovejas porque los frutales han tenido riego durante el verano», destaca.

Así mismo, el proyecto también incluye las pruebas con un dispositivo para desplegar un pastor eléctrico «que ahorra mucho tiempo y facilita mucho el trabajo». Y es que la idea de Finca Iraza funciona a largo plazo, siendo un punto de referencia de la producción sostenible a través de cursos y divulgación.

Un proyecto que refleja lo que ya se viene haciendo en otros países y es que estas técnicas ya están implementadas fuera de España. «De hecho, estos equipos se están empezando a comercializar ahora en España porque hasta ahora había que buscarlos en el extranjero», añade Villalba.

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