La nueva ordenanza de terrazas de Logroño ha nacido envuelta en polémica y sin un solo voto de consenso. El texto, aprobado únicamente con la mayoría absoluta del Partido Popular, ha sido rechazado por todos los grupos de la oposición -PSOE, Vox, Podemos-IU, Partido Riojano (PR+) y la concejala no adscrita Eva Loza-, además de recibir críticas tanto de los vecinos como de los hosteleros. La norma, que sustituirá a la de 2001, reduce horarios, reordena espacios públicos y limita la superficie máxima de ocupación a 100 metros cuadrados, con una proporcionalidad vinculada al tamaño del local. Sin embargo, el objetivo de encontrar equilibrio entre descanso vecinal y actividad económica parece haberse quedado en el papel.
Durante el debate plenario, el concejal de Urbanismo, Íñigo López-Araquistáin, ha defendido que la nueva ordenanza responde a una necesidad evidente: el aumento de terrazas y de quejas ciudadanas en los últimos años. «Tras la pandemia, el paisaje urbano de Logroño ha cambiado; había que actualizar una normativa obsoleta». Según el edil, el texto busca «armonizar el derecho al descanso con la actividad económica hostelera» y acercar la regulación a la de ciudades vecinas.
Pese a ello, la oposición ha sido unánime en su rechazo. El portavoz socialista, Luis Alonso, ha reclamado la creación de una comisión de seguimiento para comprobar el cumplimiento de la norma y garantizar la participación de los colectivos afectados. Su propuesta ha sido aceptada por la portavoz del Gobierno local, Celia Sanz, aunque no ha bastado para cambiar el voto del grupo. Desde Vox, María Jiménez ha denunciado la falta de diálogo real y la ausencia de consenso. «Una buena regulación debe nacer de la transparencia y del acuerdo, pero aquí no ha habido ni lo uno ni lo otro», lamentó.

La portavoz de Podemos-IU, Amaia Castro, ha considerado que el texto llega «tarde y mal». «Han pasado más de 20 años sin revisar la normativa, y cuando por fin se hace, se desaprovecha la oportunidad de devolver la convivencia a las calles», ha señalado, insistiendo en que el proceso «no ha sido transparente». En la misma línea, el portavoz del Partido Riojano, Rubén Antoñanzas, ha criticado que la oposición apenas dispusiera de 24 horas para revisar las alegaciones antes de la votación. «Después de 24 años de espera, no se puede improvisar una ordenanza en un día».
Por su parte, la concejala Eva Loza ha sido más directa: «El conradismo no ha funcionado». Según dijo, el alcalde Conrado Escobar ha intentado contentar a todos, pero «ha terminado abriendo una guerra entre vecinos y hosteleros».
Mientras, los vecinos se sienten los grandes perdedores de esta ordenanza porque pedía mucho más. Consideran que la ordenanza sigue favoreciendo «claramente a la hostelería» y mantiene a Logroño como «la ciudad más permisiva del entorno». Denuncian que permitir terrazas abiertas hasta la 1:30 de la madrugada los fines de semana —solo media hora menos que antes— es «una burla al derecho al descanso». También critican que el borrador técnico inicial, más restrictivo, se haya modificado con enmiendas de Vox y PSOE que ampliaron horarios y suavizaron limitaciones. Además, lamentan que las medidas específicas para proteger el Centro Histórico, declarado Zona de Protección Especial Acústica (ZPAE), fueran rechazadas.

En el lado opuesto, los hosteleros tampoco están conformes. Desde Hostelería Riojana consideran que la nueva normativa «echa por tierra una parte esencial de la actividad» de bares y restaurantes. «Las terrazas son una seña de identidad de Logroño, una forma de vida y de ocio que ahora quedará limitada de forma desproporcionada», aseguran. Temen que las restricciones reduzcan la rentabilidad del sector y afecten a la imagen turística de la ciudad, especialmente en los meses de mayor afluencia.
Así, la ordenanza que debía equilibrar intereses ha terminado sin contentar a nadie. Vecinos y hosteleros la ven como una oportunidad perdida, y la oposición denuncia un proceso opaco y precipitado. El Ayuntamiento promete ahora una comisión de seguimiento, pero el malestar ya está instalado. Entre ruido, terrazas y desencuentros, Logroño parece no haber encontrado con la nueva norma ese punto medio entre descanso y disfrute.


