La remolacha riojana ha comenzado una particular cosecha marcada por la inestabilidad tanto en campo como en el mercado. Es la primera campaña en la que los remolacheros han de llevar su producción a la central de Azucarera en Toro (Zamora) después de que esta compañía anunciara el pasado mes de mayo una transformación en las instalaciones de Miranda de Ebro (motivada por un ERE) donde hasta entonces se molturaba la remolacha de los agricultores de La Rioja y que a partir de ahora funciona únicamente como refinería del azúcar.
Un traslado de la producción que corre a cargo de la Cooperativa El Cierzo de Santo Domingo, con unos 80 socios y que cosecha y carga toda la remolacha de la zona, y, por tanto, de los propios agricultores. Unos costes por portes que este año asumirá Azucarera, aunque la empresa ya ha comunicado que de cara al año que viene solo asumirá un tercio de esa responsabilidad, mientras que el resto recaerá en los productores.
Esta cooperativa comenzó a cosechar las primeras fincas el pasado 20 de octubre y desde el día 27 ya están entregando los primeros camiones en Toro. Por delante tiene una cosecha, sin embargo, marcada por una menor superficie. De hecho, la merma de fincas sembradas es prácticamente del 50 por ciento en el último año, pasando de las 950 hectáreas de 2024 a las 460 sembradas este año. Una pérdida de superficie que ya se esperaba de manera «considerable» a principios del presente año ante la incertidumbre marcada por unos precios a la baja marcados por Azucarera (un 40 por ciento más bajos que la campaña anterior), un escaso valor de polarización (la cantidad de sacarosa en la remolacha) a causa de las enfermedades y unos costes al alza.
«Esta cooperativa se dedica exclusivamente al cultivo de la remolacha y es un problema el que se vaya perdiendo superficie. Hemos vivido años de altibajos pero antes teníamos una fábrica a 25 kilómetros y ahora la tenemos a 270 y eso es una gran diferencia porque supone unos costes añadidos de logística, lo que va a provocar que esta zona deje de ser atractiva para la remolacha», reconoce el responsable de El Cierzo, José Ignacio García.
«Este año desconocemos el grado de polarización de la remolacha porque Azucarera nos ha contratado solo los kilos, sin un pago por calidad porque no hacen el muestreo de ese grado de azúcar, al igual que ya hizo el año pasado. Una decisión que responde únicamente a la política de la compañía».

Desde Zarratón, Borja García-Baquero ya ha entregado parte de su cosecha, pero advierte que esta «puede ser la última» en la región: «Hay muchas posibilidades de que el año que viene no se siembre nada de remolacha en La Rioja. Al final este año tuvimos que tirar para adelante porque conocimos tarde las condiciones de los contratos. Aún así nos dijeron que para esta cosecha los portes los pagaba Azucarera, lo que compensaba algo esa caída de unos 20 euros en los precios, además de las ayudas del Gobierno de La Rioja, de 400 euros por hectárea. Así que entre una cosa y otra, teniendo en cuenta las ayudas de la PAC también, de los 60 euros por tonelada que se cobraba antes pasamos a unos 50 euros, algo que es asequible para seguir sembrando. Pero el problema está de cara a la campaña de siembra de 2026, porque los bajos precios continúan y además los portes, que son 25 euros por tonelada, corren a nuestra cuenta».
No obstante, el no sembrar remolacha supone un desajuste en el plan de siembra de los agricultores a la hora de cumplir con los compromisos de la PAC que fijan la superficie mínima de determinados cultivos para percibir las ayudas europeas. «Para empezar, este año ya no hemos podido sembrar colza por la sequía que hay, que con ella al menos podíamos cubrir la superficie que no se sembraba de remolacha porque entraba dentro de cultivos verdes. Solo nos quedan patata, zanahoria, guisante y judía verde, pero las patatas por ejemplo han pegado ya mucho bajón. Así que tenemos que pensar qué hacer, si bien tenemos la posibilidad de acogernos al año de carencia en el que nos permiten no sembrar lo que fija la normativa alegando que la industria remolachera ofrece contratos por debajo de los costes de producción y sin tener penalización», apunta.


