Gastronomía

Autol saborea a bocados su producto estrella

Por Todos los Santos, Autol se transforma. Las calles huelen a setas salteadas, a hojaldres recién hechos, a vino de la tierra. La gente se mezcla entre sabores y aromas que invitan a probarlo todo. No es solo una fiesta gastronómica: son las Jornadas del Champiñón y la Seta de Autol, una celebración que lleva ya quince años reuniendo a vecinos y amantes de la buena mesa para rendir homenaje al producto que cambió para siempre la historia del municipio.

Porque sí, Autol no sería Autol sin el champiñón. Desde que en los años cincuenta los logroñeses Felipe Landaluce y José del Castillo trajeron las primeras semillas, este hongo blanco se ha vuelto santo y seña del alma local. Transformó bodegas abandonadas en laboratorios de vida y dio empleo, identidad y orgullo a generaciones enteras. Hoy, cada pincho, cada plato es un guiño a esa historia que empezó bajo tierra y acabó elevando el nombre del municipio a toda España.

Este fin de semana, las jornadas ofrecen una auténtica ruta de sabores. Catorce pinchos con vino de Autol, del Marqués de Reinosa, y tres menús degustación en tres restaurantes esperan a los visitantes. Y lo mejor es que no hay dos iguales: hojaldres, rollitos, carpaccios, albóndigas, bizcochos, burritos o salteados… cada receta demuestra que el champiñón no tiene límites. Junto a él, las setas más exquisitas: boletus, portobello, shimeji, eryngii, shiitake, de cardo, enoki o nameko. Un verdadero festín para quienes disfrutan descubriendo nuevos sabores.

Pero las jornadas son mucho más que gastronomía. El jueves se inaugura oficialmente el programa y el viernes llega uno de los momentos más esperados: la gran cata-maridaje, con 300 personas disfrutando del vino y los aromas del champiñón. Esa misma noche, el Micelio Festival pondrá ritmo a la plaza con DJ’s, y el sábado la música continuará con distintos grupos de la zona. Autol vibra, literalmente, con su producto estrella.

El sábado también habrá visitas guiadas a los cultivos, para quienes quieran ver de cerca cómo se trabaja en esos templos de humedad y paciencia donde crece el champiñón. Y, como colofón, uno de los actos más esperados: la cocina popular, donde los vecinos se arremangan para cocinar cientos de raciones con champiñón y seta. Desde el mediodía hasta la noche, las calles se llenan de olores, sabores y gente que no pierde la oportunidad de disfrutar de este gran evento. Es imposible no dejarse llevar por esa energía colectiva que hace de Autol un pueblo único durante todo este fin de semana.

Fue a mediados del siglo pasado cuando los logroñeses Felipe Landaluce y José del Castillo llegaron a Autol buscando nuevos calados. Muchos se habían quedado abandonados por el auge de las cooperativas y la desaparición de pequeñas bodegas. Las cosechas fueron tan buenas que los vecinos empezaron a interesarse por aquel negocio misterioso que crecía en la oscuridad. Pronto, los calados del vino se llenaron de hongos blancos y el pueblo se volcó en una aventura que cambiaría su destino.

En los años sesenta y setenta, los autoleños ya habían hecho del champiñón un símbolo de progreso. Las bodegas dieron paso a naves de arco y a las primeras cooperativas. Lo que nació como un cultivo artesanal se convirtió en un motor económico que dio trabajo a cientos de familias y consolidó una identidad común. Mientras otros lugares veían cómo el campo se vaciaba, Autol crecía alrededor de su hongo más famoso, construyendo una historia de esfuerzo, ingenio y comunidad.

Esas raíces y ese trabajo siguen vivos en el municipio. Por eso, las Jornadas del Champiñón y la Seta no son solo una fiesta: son un homenaje a todos los que alguna vez entraron en una bodega húmeda, a los que madrugaron para recolectar, a los que apostaron por quedarse.

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