Agricultura

La sequía del verano merma las previsiones de cosecha de oliva

La cosecha de la oliva 2025 ha empezado hace escasos días en La Rioja con esas primeras aceitunas procedentes de las fincas de la Almazara Riojana en Aldeanueva de Ebro. Una cosecha temprana dado que buscan un fruto verde, aunque no será hasta los primeros días de noviembre cuando comience a extenderse la cosecha por los diferentes trujales de la región.

Lo que ya es palpable es la corta campaña que se avecina en cuanto a producción. Desde la Denominación de Origen Protegida Aceite de La Rioja achacan esa merma a la falta de agua durante y después del verano. «Al principio del ciclo empezó a llover, pero desde el verano no ha caído nada y es ahí cuando lo necesitábamos para que engordase el fruto, pero ahora nos encontramos con que hay olivas arrugadas. También es cierto que si ahora llueve habrá que ver de qué forma porque puede afectar al desarrollo de la cosecha si viene muy torrencial. Al final cada vez más el agua viene cuando menos la esperas», señala la presidenta de la DOP, Clara Espinosa.

Las previsiones de carga van un poco por fincas, aunque la tendencia general es la de poca producción. «Ya veremos cómo se comportan los rendimientos grasos este año, aunque confiamos en que este año sean mayores que los del año pasado, que fueron muy bajos», añade Lorena Marín, técnico del Consejo Regulador de la DOP Aceite de La Rioja.

La campaña 2024 permitió elaborar unos 620.000 litros de Aceite de La Rioja tras la recogida de 3,7 millones de kilos de oliva (frente a los 2,8 de 2023). Más kilos, pero también menos rendimientos (la media se quedó en el 15 por ciento) como consecuencia de las lluvias de los meses previos a la recolección, que provocaron un engorde del fruto y, por tanto, dificultaron que la oliva pudiera generar aceite.

Por otro lado, este año el olivar riojano sufre los efectos de esas abundantes lluvias de primavera e incluso del pasado invierno. Un agua que llegó en el momento crítico para lograr una buena floración, derivando además en la proliferación del repilo, un hongo que estuvo presente en muchas fincas de La Rioja provocando la caída de las hojas.

Un año de desequilibrios derivado del «desorden climático» que está viviendo el campo en cuanto a precipitaciones y temperaturas, tal como apunta la consejera de Agricultura, Noemí Manzanos. Sin embargo, desde la denominación prevén que esta cosecha, pese a la pérdida de producción, traerá una «buena calidad».

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