Mentes Abiertas

Terapia de pareja: superar crisis, fortalecer vínculos o separarse bien

Las relaciones de pareja se parecen a un viaje. Hay paisajes luminosos, etapas de calma, pero también tramos en los que la carretera se estrecha y aparecen curvas imposibles. En esos momentos, algunas parejas continúan a ciegas, esperando que el terreno vuelva a allanarse. Otras deciden parar, revisar el mapa y pedir orientación.

La terapia de pareja es precisamente eso: un espacio para detenerse, observar y comprender qué está pasando en la relación, más allá de reproches o silencios. Sin embargo, todavía pesa sobre ella un cierto estigma, como si pedir ayuda fuera sinónimo de fracaso.

Marta García, psicóloga especializada en terapia de pareja, nos ayuda en este nuevo episodio del podcast Mentes Abiertas (disponible en Ivoox, Spotify y Apple Podcast) a desmitificar este proceso y a descubrir cómo puede convertirse estas terapias en una herramienta valiosa tanto para superar las crisis como para fortalecer los vínculos antes de que sea demasiado tarde.

«Lo primero que digo a quienes llegan a consulta es que si hay algo de lo que no quieren hablar, no pasa nada. El objetivo es crear un clima de confianza, un lugar donde puedan contar lo que les apetezca y, sobre todo, descubrir qué les ha traído hasta aquí», cuenta Marta.

Aunque el gesto de pedir cita y acudir a una consulta parece sencillo, no lo es. En la práctica, la mayoría de las parejas acuden a terapia demasiado tarde. «Casi siempre vienen cuando ya se ha mencionado la palabra separación. Lo ideal sería acudir antes, cuando uno empieza a sentir que algo no va bien. Pero solemos esperar a no poder más, y eso complica el proceso».

Porque pedir ayuda nunca es fácil, y mucho menos en pareja. Y ahí comienza el problema, en el que sigue habiendo en torno a la terapia. «Todavía cuesta mucho acudir, incluso en individual. Pero cuando hablamos de pareja, la decisión ya no es unilateral. Implica exponerse junto a otra persona. Y ahí surgen los miedos: ¿hasta dónde cuento? ¿Me estoy exponiendo yo o estoy exponiendo al otro?».

Ese pudor hace que muchas parejas posterguen el paso hasta que la relación está al borde de romperse. Marta lo define como un error frecuente: cuanto más se retrasa, más largo e intenso será el trabajo posterior.

Los terremotos del ciclo vital

Hay momentos de la vida que se convierten en auténticos terremotos en la relación. El nacimiento de un hijo es quizá el más significativo. «Se supone que debería ser un momento feliz, pero también es una etapa de enorme estrés. De repente aparecen dos historias familiares distintas, dos maneras de entender la crianza, y a menudo chocan».

Con frecuencia, las parejas llegan convencidas de que el problema son los niños. «Me suelen decir: nos pasa esto con los hijos, pero en realidad lo que ocurre es entre ellos. A veces, incluso, se tiene un hijo para intentar arreglar la relación. Se pone el foco en otro lugar, pero la raíz del conflicto sigue estando en la pareja».

Otros momentos críticos aparecen cuando toca cuidar a padres mayores, cuando la economía aprieta o cuando la rutina laboral absorbe cualquier espacio compartido. «Vivimos en una sociedad muy rápida, con pocas posibilidades de encuentro».

La falta de comunicación es uno de los problemas más recurrentes. Muchas parejas aseguran que pasan tiempo juntas cada noche en el sofá. Pero, como matiza Marta, eso no significa estar en contacto real: «Uno está dormido, el otro mira el móvil o la televisión. Eso no es un encuentro. El encuentro exige hablar, escucharse, mirarse».

El silencio puede ser tan dañino como la discusión. «Las personas evolucionan. Y a veces esa evolución individual no encaja en la pareja. Si no hablamos sobre lo que nos pasa, sobre lo que necesitamos, llega un momento en que dejamos de encajar sin saber por qué».

Lo que ocurre en terapia

Otra cosa es lo que se espera yendo a terapia. «Quien espera recetas rápidas suele salir decepcionado. La terapia de pareja no es un recetario de pautas universales». Es más, a Marta no le gusta hablar de herramientas «porque no hay lentejas que sirvan para todos». En su consulta, el cambio llega a través de pequeñas acciones con sentido: volver a un lugar que la pareja disfrutaba en el pasado, abrir conversaciones pendientes o detenerse a pensar qué necesidad se esconde detrás de un cambio de hábito.

«Algunos pacientes me dicen: estoy mucho mejor, pero no sé qué hemos hecho. Y de eso se trata. No de aplicar fórmulas externas, sino de ir ajustando, poco a poco, desde la reflexión y la experiencia compartida».

Hay en otros casos en los que el proceso revela que lo necesario no es seguir juntos, sino separarse de forma saludable. «No siempre la terapia busca salvar la relación. En muchos casos, el objetivo es una buena separación. Sobre todo cuando hay hijos de por medio. Es importante entender qué ha pasado y elaborar el duelo sin destruir el vínculo parental».

La psicóloga habla de que parte de la frustración proviene de los mitos que rodean a la vida en pareja. «Se nos ha hecho creer que nuestra pareja debe sostenernos siempre, bajo cualquier circunstancia. Y eso no siempre es posible».

Además, añade otro mito, el de pensar que si se lleva medio siglo juntos vale con conformarse y ya no tiene sentido acudir a terapia. Y aquí llega el desmentido de Marta: «Cuando entra en mi consulta alguien de 70 años buscando una vida más feliz, me da esperanza. Significa que el cambio es posible a cualquier edad, que nunca es tarde para desear una relación mejor».

Mentes Abiertas, un podcast de NueveCuatroUno que cuenta con el patrocinio del Gobierno de La Rioja y la colaboración de Caja Rural de Navarra y la Universidad Internacional de La Rioja (UNIR).

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