San Mateo

El himno, momentazo del cohete : «Y nadie en Logroño…»

Miles de gargantas han vuelto a fundirse este sábado en un mismo clamor: el Himno a Logroño, convertido ya en un grito que marca el inicio de San Mateo. Justo tras el estallido del cohete, la plaza se ha llenado de emoción y orgullo riojano al entonar con fuerza los versos que proclaman eso de «mi tierra es La Rioja, Logroño es mi pueblo». No importa la edad ni el rincón del que uno provenga, porque en ese instante todos pertenecen al mismo lugar. Piel de gallina seas de donde seas. Es inevitable.

La escena se repite año tras año en la Plaza del Ayuntamiento, pero nunca pierde intensidad. Al contrario, cada año se refuerza como una de las imágenes más poderosas de las fiestas: un canto que va más allá de la música para convertirse en declaración de amor a la ciudad. Una forma de decir alto y claro que en Logroño nadie es forastero.

Detrás de esta tradición hay una historia que cumple ya tres décadas. En 1993, Rafael Ibarrula, José Manuel Calzada y Alfredo Rodríguez decidieron crear un himno propio tras la Quema de la Cuba, convencidos de que Logroño merecía una voz auténtica y propia. En apenas dos semanas habían tejido letra, música y arreglos de una pieza que nació lúdica y solemne a la vez. Treinta años después, aquel impulso espontáneo se ha transformado en un símbolo eterno: el canto que da la bienvenida a la fiesta y recuerda, con cada nota, el orgullo de ser logroñés.

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