La Rioja

Pasajeros al tren: auge de viajeros en una Rioja sin Alta Velocidad

El ministro de Transportes, Óscar Puente, lleva meses hablando de la época dorada del tren en España. Evidentemente no habla de los retrasos o las incomodidades que sufren día a día miles de pasajeros en líneas en todo el país si no de la apuesta del ciudadano por viajar en tren. En el último año el sistema ferroviario español transportó a 549 millones de viajeros: la mayoría en cercanías y con un fuerte incremento en los viajes en Alta Velocidad.

La Rioja no cuenta con ninguno de estos dos servicios -hay que recordar que se trata de la única comunidad autónoma que sigue esperando la Alta Velocidad- sin embargo, en los últimos años se ha producido un fenómeno silencioso pero contundente: los viajeros en tren se han multiplicado, a pesar de los escasos servicios, de los retrasos recurrentes y de la falta de infraestructuras modernas y rápidas que de un servicio real al ciudadano.

Los números hablan por sí solos. En 2019, antes de la pandemia, fueron 83.763 los pasajeros que utilizaron trenes de Media Distancia con origen en alguna de las estaciones riojanas. Tras el desplome de 2020 y 2021, condicionado por las restricciones sanitarias, la recuperación no solo fue rápida, sino sorprendente. En 2022 se alcanzaron los 119.598 viajeros, en 2023 el salto fue todavía mayor, con 184.942, y en 2024 se llegó a los 200.191 usuarios. Es decir, en apenas cinco años la demanda se ha multiplicado por más de dos.

Un crecimiento que se explica por varios factores. El más evidente fue la puesta en marcha de los abonos gratuitos para trenes de servicio público en septiembre de 2022, una medida que disparó la utilización del ferrocarril en trayectos cortos y medios.

La línea Logroño-Madrid es el ejemplo más claro de esa demanda contenida. Según los registros de Renfe, hace dos décadas, en 2004, fueron 44.391 los viajeros que utilizaron este trayecto. La cifra fue creciendo de manera irregular hasta alcanzar un máximo de 89.338 en 2019, justo antes del Covid. Tras la caída a 39.516 en 2020, la recuperación ha sido fulgurante: 125.007 en 2022 y 132.635 en 2023, con un aumento del 50 por ciento en apenas cuatro años. Renfe no cuenta con datos del servicio Bilbao-Logroño-Barcelona ni del nuevo servicio a Madrid por Miranda de Ebro. Pero sólo teniendo en cuenta la media distancia y los viajes a Madrid por La Rioja Baja, las estaciones riojanas acogen una media de mil usuarios al día.

Y todo ello sin un solo kilómetro de AVE en la comunidad. Mientras que otras regiones han visto cómo los nuevos corredores de Alta Velocidad multiplicaban exponencialmente sus cifras, La Rioja ha tenido que conformarse con un servicio de Media Distancia y Larga Distancia limitado, con retrasos frecuentes y sin certezas sobre futuros proyectos. El contraste es evidente: en la misma España donde entre Sevilla y Madrid circulan casi 300 trenes al día, en Logroño los usuarios siguen dependiendo de un puñado de servicios diarios.

Aun así, el ferrocarril se ha consolidado como una opción de movilidad en auge en la región. Los viajeros no han dejado de crecer, demostrando que la demanda existe y que la carencia de infraestructuras no ha conseguido frenar un hábito que cada vez gana más peso. Desde el Gobierno de La Rioja y colectivos sociales se insiste en que esta evolución debería servir como argumento definitivo para acelerar la llegada de la Alta Velocidad, o al menos para reforzar los servicios actuales y mejorar las conexiones y las frecuencias.

El futuro inmediato está lleno de interrogantes. No hay calendario a corto plazo para la Alta Velocidad, los trenes Alaris se prometieron para finales del año pasado, luego para el mes de abril y aún están por llegar para mejorar en material rodante que viaja por la comunidad. La última novedad ferroviaria llegó de la mano del tren Logroño-Madrid por Miranda de Ebro con paradas en Haro, Burgos, Valladolid y Segovia, aunque a cambio se suprimió el refuerzo de fines de semana por La Rioja Baja. Y en cuestión de infraestructuras todo está aún sobre papel a excepción de la variante de Rincón de Soto que comenzaron en abril del año pasado.

Mientras tanto, con una paciencia infinita, los viajeros riojanos siguen llenando los trenes. En las estaciones riojanas, los datos son tozudos: el tren no solo resiste, sino que crece. Y lo hace en la única tierra española que todavía no sabe lo que es escuchar el silbido del Alta Velocidad.

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