Las vendimias en el extremo más oriental de Rioja avanzan con el único freno de unas maduraciones más lentas que obligan a esperar a las fechas óptimas. Gonzalo Moreno es uno de los que va a poner fin a la cosecha 2025 esta misma semana. Son ya diez días con la máquina vendimiadora en funcionamiento por los parajes de Alfaro y Aldeanueva de Ebro, o mejor dicho, diez noches, porque aquí la uva se recoge con las primeras luces del amanecer. «A eso de las seis de la mañana ya estamos en el campo». Y renque para arriba, renque para abajo. Las tres únicas parcelas que le quedan por cosechar están en el término de Alfaro, aunque prácticamente coinciden con la muga entre este municipio, Aldeanueva (su pueblo) y Autol. Se ubican en el paraje de Cabizgordo, donde el bosque de pinos comienza a fundirse con las hileras de cepas, marcando la transición entre lo manipulado por el hombre y lo más salvaje de la Sierra de Yerga. Y al fondo, en lo alto, como un elemento del paisaje natural ya instaurado, los molinos de viento.
Una zona que destaca por la buena sanidad que traen las uvas, pese a que el año pueda venir ‘guerrero’, como ha sido el caso de esta campaña. «Las gentes del campo y los entendidos ya dicen que esta es de las mejores zonas para viña. Aquí estaremos a más de 550 metros con cara norte. Se nota el fresco y que es una zona más ventilada, además de que los suelos pedregosos ayudan a drenar bien el agua. Y esto es precisamente lo que buscan muchas bodegas», destaca este agricultor mientras hace un repaso por los racimos que aún cuelgan de los pámpanos. Racimos de tempranillo tinto en ecológico. El año que viene, además, acabarán su periodo de conversión y podrán ya vendimiarse como uva ecológica oficialmente. Moreno es uno de los principales productores de uva ecológica del municipio, gestionando unas 12 hectáreas, aunque el convencional sigue ganando la partida en su explotación.

«Me lancé al ecológico por mi suegro, que fue quien desterró el herbicida de sus viñas hace ya cuatro años. Al final yo ya había tocado el ecológico en otros cultivos, y lo cierto es que me parece muy difícil de trabajarlo, pero bueno, si con lo demás podía, ¿por qué no iba a poder hacerlo también con la viña? Malo sería…», ríe. Y lo cierto es que se ha llevado una grata sorpresa en la gestión: «No se me ha hecho complicado y, es más, este año he sacado adelante mucho mejor lo ecológico que lo convencional. No sé exactamente qué pudo ser, si di con las fechas exactas a la hora de aplicar los tratamientos o qué, pero lo cierto es que se han mantenido muy bien, mientras que en convencional ha habido viñas que se me han ido. Al final por esta zona ha llovido bastante y el campo está muy irregular». Y con rotunda certeza, afirma: «De los quince años que llevo en el campo este es sin duda el de mayores complicaciones. Como este año, nunca, porque otros años ves algo más de ceniza, por ejemplo, pero es que esta vez ha sido todo difícil».
Así que los tratamientos en campo no han cesado. En convencional, calcula que unos siete u ocho, mientras que en las parcelas ecológicas ha llegado a los once o doce, aplicando manos de cobre y azufre alternadas, tanto en polvo como en agua. Eso sí, esas tres parcelas lindando con el bosque han permitido ahorrar varias pasadas gracias a su buen estado sanitario. «No tiene nada que ver cómo se han comportado estas en altura con respecto a las que están en la zona más baja, lo que se conoce como La Muela. Una zona muy problemática. Allí es más normal la ceniza, pero este año el mildiu ha hecho mucho daño. Pero bueno, de todo se aprende. Y de los años complicados más si cabe. No queda otra», reconoce con resignación.

De hecho, el cielo no ha dado tregua incluso hasta hace casi una semana, cuando decidió arrojar granizo otra vez, pero en este caso sobre las viñas que esperaban una inminente vendimia. «La piedra vino desde Autol hacia aquí y sí tocó algo, aunque no de manera muy intensa», recuerda.
Pero el orgullo, a su vez, reaparece cuando mira de nuevo los racimos de esta viña de Cabizgordo que ya supera la treintena de edad. «Tiene unas uvas salteadas, muy pequeñitas también, pero muy sanas, y es porque aquí ni el mildiu ni la ceniza han pegado. De hecho, esta viña tiene la uva de un año normal, poca pero tiene. Calculo que este año no llegará a los 4.000 kilos por hectárea. No creo que tenga más, aunque ojalá me equivoque, pero lo dudo mucho». Lo que sí fue «un regalo» fueron las lluvias de la última semana que han dando un lustre diferente a las bayas. «Después de los calores tan fuertes de aquellos días de agosto, las uvas se quedaron arrugadas, como blandas. Bueno, pues el agua del otro día las ha vuelto a hinchar porque ahora están bien duras», destaca.

Sin embargo, no muestra la misma seguridad a la hora de enfrentarse a la pregunta sobre si pasaría más hectáreas de viñedo de convencional a ecológico: «Por ahora no porque tengo demasiado trabajo y el ecológico te obliga a estar más encima de las viñas. Lo que peor llevo, además, es la hierba, y eso que no tengo mucha. En cuanto vendimie, les daré un labrado y pasaré el intercepas». El precio, por otro lado, sí acompaña y es un aliciente determinante para apostar por lo ecológico. En el caso de Moreno, estas uvas van a parar a la Cooperativa Viñedos de Aldeanueva donde asegura que la diferencia de precio entre la uva ecológica y la convencional es de entre 12 y 14 céntimos el kilo. «Pero al mismo tiempo tampoco hay mucha más demanda como para pasar transformar más viñas del convencional al ecológico», apunta el agricultor.
Calcula que en torno al 25 por ciento de su explotación está en ecológico o conversión a este (en estos casos será ya el año que viene cuando sean viñas ecológicas oficialmente, mientras que el tempranillo tinto, el verdejo y el tempranillo blanco que tiene en el paraje de La Muela se han vendimiado ya este año por primera vez como ecológicos).
La agroecología parece traerle buenas sensaciones a este productor también desde otra rama de cultivo: los frutales. En su caso, Moreno cuenta con perales fuera de la denominación de Origen Protegida Peras de Rincón de Soto cuya producción va a parar a los tarros de frutas variadas para el público infantil. «Y aquí la pera ecológica también se paga con buena diferencia de precio respecto a la que no lo es», apunta.
Incide que, para él, «el ecológico es el futuro, pero con matices». «Al final si buscamos que la gente se anime a llevar más viñedo en ecológico tiene que haber un plus diferencial en los precios, porque es evidente que los costes son más elevados, pero a la vez en la viña se puede llevar bien. Es cierto que no estamos en unos años buenos para arriesgar, más si cabe si te dedicas exclusivamente al cultivo de la vid, pero yo soy optimista y creo que la cosa va a mejorar, aunque ya veremos en cuánto tiempo. No hay mal que cien años dure, ¿no? Es más, si este año ha tenido que venir una cosecha tan corta y delicada, al menos que sirva para recuperar en cierto modo precios y equilibrar el mercado. Lo que sí opino es que si alguien se tiene que quedar por el camino tal y como está la situación del sector, al menos que sean aquellos que no se dedican profesionalmente al campo», sentencia.



