De diseñadora de vestidos de novia a profesora. Este es el camino que ha recorrido Mireya Rioja: «2025 ha sido un año de transformación para mí». Está en plena mudanza, pero el cambio de local es el más pequeño de los cambios que le esperan en los próximos meses.
No es que fuera infeliz diseñando, para nada, pero sentía que le faltaba algo. Lo de ser profesora le viene en el ADN: sus padres se han dedicado toda la vida a la docencia, el mismo tiempo que ella lleva diciendo que este mundillo no era para ella. Hasta que lo probó y le encantó. Durante este curso regresó a donde empezó todo, la ESDIR, el mismo lugar en el que estudió: «Mis profesores han pasado a ser mis compañeros, ha sido una aventura».
Y fue en la docencia donde encontró «ese toque final» que necesitaba. De dar clases en la ESDIR es de donde nació su próximo proyecto, el de abrir su propia academia para poder «compartir mis conocimientos de lo que hago: corte, confección, patronaje y diseño». Pero su proyecto va mucho más allá: «Realmente va a ser el primer ‘cosewing’ de La Rioja». Pero, ¿qué es eso? Pues como un ‘coworking’, pero para coser. Traducido al español: un espacio que van a poder compartir los aficionados a la costura y al diseño.

Mireya desprende esa ilusión del que ha descubierto su verdadera vocación: «Me encanta, me encanta mucho, sobre todo porque es compartir». En los próximos meses, Armatta va a pasar de ser un atelier a ser un lugar de encuentro para los amantes del mundo de la costura. «El ser autónoma es muy solitario, porque tú estás ahí, solita en tu rincón, y por eso necesito este espacio para compartir».
La semilla de todo fue su primer trabajo en una boutique. Ahí, Mireya veía que todas las prendas «tenían una marca, una etiqueta» y se preguntó: «¿Por qué no puedo crear una marca así?» Dicho y hecho. Mireya creó, años después, la marca que lleva su segundo apellido, Armatta: «Lo llevo con mucho orgullo».

«La primera que confió en mi fue yo misma . Mi primer vestido de novia fue el mío». A eso se le llama empezar por todo lo alto, desde luego. La creatividad siempre ha sido «el punto fuerte» de Mireya y el poder hacer diseños únicos, personalizados, le permite explotarla al máximo, aunque no niega que le «encantaría que alguien me dijera que lo deja todo en mis manos, fluir, porque salen cosas muy bonitas. Lo ideal es que encontremos esa conexión entre novia y diseñadora».
«Me siento parte de cada boda, a mi marido siempre le digo que me voy con mis novias, las siento parte de mi», comenta riéndose. Y es que Mireya no solo las acompaña en los meses previos a la boda, cuando tras cada prueba la idea se va materializando y pasa de ser un simple boceto a un vestido blanco. «Lo mejor es la relación que se crea, esa confianza después de todas las citas y las conversación y siempre hay un seguimiento después de la boda». Es esa cercanía que desprende lo artesano, ese cariño que irradia lo hecho a medida.

En los próximos meses, Armatta no será solo el camino de Mireya. Al abrir las puertas de su taller, pasará a ser parte también de muchos amantes de la costura porque las mejores cosas de la vida son las que se comparten.


