Lo que debía ser un viaje de poco más de dos horas entre Zaragoza y Logroño se ha convertido, una vez más, en una pesadilla para los pasajeros del tren regional exprés. El convoy, que tenía prevista su salida a las 17:45 desde Zaragoza, ya ha arrancado con más de 20 minutos de retraso de la capital maña. Una parada un poco extraña nada más salir de Tudela ha activado las sospechas de los pasajeros, acostumbrados ya a los continuos retrasos. Pero lo peor ha llegado en la estación de Alfaro, cuando el tren se ha detenido en seco… y no ha vuelto a arrancar.
«Nos han dicho que no saben cuánto rato va a estar así», comenta con resignación uno de los viajeros. A esas alturas, ya deberían haber llegado a Logroño, pero siguen atrapados en una estación que además no cuenta con baño público. La situación ha obligado a algunos pasajeros a hacer sus necesidades entre matorrales. Una imagen que refleja el abandono que muchos sienten cada vez que deciden subirse a este tren.
Los testimonios no dejan lugar a dudas: el malestar es general. “Son unos trenes que están destrozados”, asegura uno de los afectados. Y añade, con indignación, “no sé cuánta rentabilidad más le quieren sacar”. La sensación de hartazgo crece entre los usuarios habituales, que denuncian que no pasa una semana sin alguna avería o retraso.
Mientras tanto, siguen esperando la prometida renovación del material rodante y la llegada de los nuevos trenes Alaris, que deberían haber llegado en abril. Pero cada día que pasa sin soluciones, son más los que se plantean dejar de usar un servicio que, lejos de mejorar, parece ir cuesta abajo.


