La Rioja

«Si suspendía me mandaban castigado a ayudar en la tienda»

Enrique Gil

Hay un tramo de la calle Sagasta que tiene un aroma peculiar, especial, casi histórico. Un olor que forma parte de la identidad de esta calle logroñesa desde 1929 y que hace que todo vecino sepa dónde se encuentra incluso con los ojos cerrados. Seguro que si has transitado la calle sabes de cuál hablo.

«Soy ya la cuarta generación que sigue en este negocio», explica Enrique Gil, heredero y trabajador de La Casa del Pimentón, un «negocio familiar de toda la vida y va pasando de generación en generación».

«Cuando era pequeño, si suspendía me mandaban castigado a ayudar en la tienda y, si aprobaba, tenía la gran suerte de poder ayudar a la familia», cuenta entre risas.

Enrique terminó en la tienda de casualidad: «Tengo mis estudios e iba a montar mi propio negocio. Cuando mi padre nos vio a todos ya colocados con nuestros trabajos dijo que igual vendía el negocio y me dio mucha pena. Así que lo dejé todo y me vine para aquí».

«Me gusta lo que vendo, me gusta atender y me encanta hablar con la gente. No es lo mismo lo que tú oyes o ves por la tele, que parece últimamente que todo el mundo está cabreado, a cuando tratas con la gente. La mayoría son muy simpáticos», señala. Aunque de todo hay en la viña del Señor: «Basta con que te venga uno de cada diez a tocar las narices, que ya lo ha hecho para todo el día». Al momento, Enrique se corrige: «Bueno, no sería uno de cada diez. Sería uno de cada treinta o cuarenta, la proporción no es tan mala. La mayoría de la gente da gusto».

La mayoría de sus clientes son «de toda la vida». Aunque la mayoría de la clientela sea «gente mayor, cada vez vienen más jóvenes». Enrique achaca este rejuvenecimiento a que «cada vez se habla más de cocina y cada vez más gente se interesa por las especias y las hierbas».

Esto es un arma de doble filo: «Está muy bien porque cada vez hay más información y la gente cada vez siente más curiosidad, pero hay veces que vienen y me dicen que he visto esto o lo otro en YouTube y es cada barbaridad o cada tontería… pero como lo han leído en internet, ¿para qué discutir? Se está perdiendo la buena costumbre de preguntar a los profesionales».

Valga la redundancia, el producto estrella en La Casa del Pimentón es el pimentón. El bueno, el de La Vera. «Yo no soy una persona que pueda decir que todo mi producto es nacional, porque cada especia viene de un lado, cada zona tiene lo suyo. Por ejemplo, la canela ha de venir de Ceilán», explica Enrique.

«Hay muchas zonas en los que se trabaja muy buen producto y la pena es que se está empezando a perder cultura sobre el tratamiento de esos productos», señala. «A nivel de campo estoy bastante cabreado: se exige una serie de medidas de seguridad alimentaria al agricultor de aquí y luego se permiten importaciones de productos que no las cumplen. Se está tratando muy mal a la gente del campo y se está dejando de producir. Lo cual, como vivimos en un mundo globalizado, a corto plazo parece que no importa, pero de aquí a un futuro va a tener consecuencias», denuncia el dueño de la tienda que parece que desafía el paso del tiempo.

«Cuando era pequeño le preguntaba a mi padre si era de izquierdas o de derechas y él me respondía que era autónomo», recuerda mientras entran clientes a la tienda  a los que Enrique saluda por su nombre. «Los políticos se acuerdan de los autónomos en dos momentos: antes de las elecciones para decir lo importantes que somos y después de las elecciones para subirnos algún impuesto», sentencia Enrique.

La pequeña tienda de Enrique permanece impasible al paso del tiempo mientras la ciudad no deja de cambiar: ya es casi un siglo custodiando la entrada del mercado de San Blas. Cuando sales de La Casa del Pimentón su aroma peculiar, especial, casi histórico te acompaña aún un rato más.

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