Cultura y Sociedad

El ‘encierrico’ de Lardero, ‘casi casi’ como el de Pamplona

No es Pamplona. No se televisa. Ni tampoco es a las 8 de la mañana. No hay vallado ni se transita la calle Estafeta. Tampoco colocan a San Fermín en su hornacina. Es Lardero a eso de cuando anochece. Una imagen de San Marcial se coloca sobre la repisa del número 40 de la calle Eduardo González Gallarza. Y no hay ‘divinos’, pero la iniciativa de una cuadrilla de Lardero sí es divina. «A San Marcial pedimos nos guíe en este encierro…».

Es el cántico con el que los niños de Lardero piden protección para correr delante de media docena de carretones. Porque cuando suena el cohete la emoción y la ilusión que invade Lardero es muy similar, si no mayor, a la que late por Pamplona del 7 al 14 de julio.

Todo surgió porque a Martín Salas, un niño muy aficionado a los toros, le regalaron un pequeño carretón con el que empezó a perseguir a sus amigos por la calle. La cuadrilla de sus padres no tardó en entender que jugar al toro es el mejor remedio en estos tiempos de niños pegados a tablets y móviles, haciendo que esta iniciativa, creada para entretener a los niños, se haya convertido en uno de los actos más entrañables y concurridos de las recién finalizadas fiestas de Lardero.

Mucha ilusión y más cariño han hecho el resto. Amenazan con incluir pastores y cabestros para para próximas ediciones. El lunes pasado, ya hubo equipo médico y dobladores. Sin duda, un acto que bien merece ser incluido en el próximo programa de fiestas de Lardero.

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