«Hay individuos que no me gustan, pero raza de perro no hay ninguna que no me guste». Jorge Alonso es adiestrador canino desde hace dos años, trabajo que compagina con el de guarda rural.
Más que con dueños irresponsables, Jorge ha tenido que lidiar más con dueños «ignorantes», pero «no lo digo como insulto, sino como definición»: gente que «se echa perros que no son para ellos, de razas que no se adaptan las vidas que llevan y que no saben cómo manejarlos. Cada uno tiene que tener el perro que se adapte a él. Tanto el amo al perro, como el perro al amo», señala.
«Muchas veces lo que me toca no es adiestrar al perro, sino al amo. Es un trabajo por partida doble. Con los perros no suelo tener problemas, con los dueños…alguno más», cuenta Jorge entre risas. «El 99 por ciento de lo que le pasa al perro es culpa de la correa. Cuando pones una correa a un perro, es como una conexión USB con un ordenador: estás conectado al perro. Si tú estás en tensión, el perro está en tensión. Si tú tiras de la correa, el perro tira de la correa», añade.

Las razas de perros tampoco se libran de las modas: «Siempre hay modas y no suelen ser adecuadas al tipo de propietario». Jorge también colabora en el centro de acogida de Cañas: «Solo hay que darse una vuelta por las protectoras y ver que la mayoría de perros son razas grandes, porque al final pasa lo que pasa: son perros grandotes que no pueden estar en manos de cualquiera».
«Por poner un ejemplo extremo, si vas a tener un pastor belga mallinois, una raza que está muy de moda ahora, es un perro que necesita no solo entre seis y ocho horas de ejercicio físico al día, si no también de ejercicio mental. Entonces, ¿dispones de ese tiempo? Es lo que hay que preguntarse», señala.
Ahora, una de las razas que más de moda está es el braco de Weimar: «Es una raza que tiene un fuerte apego al dueño y sufre cada vez que no está con él. Además, es un perro de trabajo y es un auténtico Ferrari, seleccionado para cazar y hay que tener muy buenas manos para manejarlo».
En los perros de ciudad lo que más se encuentra Jorge son casos de hiperapego y ansiedad por soledad. «Al final el problema de los perros de hoy en día es que no tienen trabajo. Antes o se dedicaban al pastoreo, o a la caza, o para guardar la casa. ¿Cómo te sientes tú cuando no tienes trabajo? Pues esto es lo mismo», considera Jorge. «En el adiestramiento lo enfoco siempre pensando que un perro o necesita un trabajo o necesita un hobby, que es lo mismo que necesitamos nosotros», añade.
«En este país hay diez millones de perros y seis millones de niños: el trabajo de adiestrador va cada vez a más». De hecho, Jorge maneja una lista de espera de dos meses. «Cada vez hay más perros con dueños con problemas», comenta entre risas.


