Toros

Fabio Jiménez, sin opciones en su despedida de Madrid como novillero

Tuvo esta tarde de toros en Madrid más historia en lo meteorológico que en lo meramente taurino. El sofocante calor en forma de 35 grados cayendo a plomo a eso de las nueve; la chaparrada veinte minutos después; el amago de escampar; el vendaval posterior; relámpagos, truenos y otro aguacero a eso de las diez y media. Un tímido llover ya con diez grados menos a modo de colofón.

Entre tanto, un encierro de Sagrario Moreno de comportamiento uniforme en malo y para mal. Con su remate y su cara, sí, pero sin la más mínima entrega, nulo motor y fondo exiguo. A excepción del lidiado en quinto lugar, cierto es.

Tal desfile de mansedumbre y falta de casta marcó la que parece que será la última actuación de Fabio Jiménez como novillero. Descartada ahora su presencia en la final de este ‘Cénate Las Ventas’ y las pocas novilladas que se anuncian de aquí a mediados de agosto, cuando el de Alfaro tiene previsto doctorarse, hacen entrever que Jiménez ya hizo todo lo que tenía que hacer con el utrero. Que no fue poco.

Por lo tanto, no merecía Jiménez una despedida de este escalafón de novilleros tan vacía de opciones y sin la más remota oportunidad de lucimiento.
Aquel parejo comportamiento de los novillos de Sagrario Moreno que decía consistió siempre en una aparición en escena suelta y distraída; un empujar de más genio que bravura en el caballo; una notable falta de fuerzas poco antes del tercio de banderillas; y, ya en la muleta, un ir y venir sin entrega, cuando no un feo defenderse toda vez que los animales se sentían podidos.

Protestado por manifiesta invalidez fue el encargado de abrir plaza. Trató de cuidar Jiménez a su enemigo en los primeros compases de su trasteo, mas al de Sagrario Moreno le dio entonces por protestar, cabecear y hasta soltar la cara. Trataba Fabio de limar aquellas asperezas a la vez que perdía pasos y todo aquel mérito del alfareño se diluía. Una serie al natural aunó temple y caro trazo. Se fue Jiménez entonces a por el estoque de verdad y pareció como faltar algo a su faena modo de cierre. Lo mejor aquí, además de cómo ‘El Víctor’ quitó al toro del caballo de picar cuando este fue derribado, llegó con la espada. Palmas.
Lo peor de todo fue que el cuarto hizo bueno a este primero. Tan ofensivo de pitones como aquel comportamiento tan a la defensiva durante toda la lidia. Llegó a la muleta sin descolgar y regalando cabezazos; sin recorrido alguno. Volvió a acertar Jiménez con los aceros y eso fue lo mejor. Fin.

Cuando mostraban la tablilla del segundo novillo sonó un trueno. Y, cuando Bruno Aloi saludaba a pies juntos, comenzó a llover. Y, cuando llevaba a su enemigo al caballo con el capote a la espalda, la gente corría despavorida por los tendidos en busca de refugio. Fue este otro toro sin fuerzas y lo mejor de Aloi radicó en no dejarse tocar las telas. Terminó abusando de las cercanías con el novillo ya muy parado.

La segunda tormenta llegó en el quinto, acompañada ahora de un vendaval. Y fue este quinto, todo un toro de Bilbao por hechuras y cara, un excelente novillo. Con su fijeza, su prontitud, sus pies, su alegría y su duración. Con su gran transmisión. Aquel exigente comportamiento lo fue aún más por lo intempestiva de la noche ya cerrada. Inició Aloi su faena en los medios y de rodillas: el pase cambiado y una primera serie en redondo. Ofrenciendo enorme distancia, jugando con más inercias y luchando casi más contra el huracán que contra el novillo. Pudo faltar reunión, colocación y mando, pero solo capear aquel temporal era un triunfo. Aloi falló con la espada y todo quedó en una ovación, lo mismo para el bravo ‘Barbanero’.

Se presentó en Las Ventas el peruano Pedro Luis yéndose a la puerta de chiqueros para recibir a sus dos enemigos. Una temeridad fue hacer esto en el sexto, cuando el viento impedía manejar el capote. Pese a errar eligiendo los terrenos de los medios para plantear sus trasteos, Pedro Luis dejó patente un concepto sincero, un más que estimable sentido del temple, una buena colocación y un valor sereno. Lo más importante de su actuación y de la tarde llegó en dos tandas de naturales en el sexto, un novillo que siempre embistió con mucha violencia, rebrincado y a arreones. Más allá de sus virtudes o fallos, apetece volver a ver a Pedro Luis. Sin temporales y con novillos con posibilidades.

La ficha

Plaza de toros de Madrid. 2° festejo del ciclo novilleril ‘Cénate Las Ventas’. 9800 espectadores en tarde noche calurosísima primero, tormentosa después, con mucho viento luego y lluvia al final.

Novillos de Sagrario Moreno, excelentemente presentados, aplaudidos de salida y sin opciones, a excepción del quinto, bravo y con transmisión, ovacionado en el arrastre. El resto, descastados, sin entrega, sin fondo y sin motor, fueron pitados camino al desolladero.

– Fabio Jiménez: palmas y silencio.
– Bruno Aloi: saludos tras aviso en ambos.
– Pedro Luis: silencio y silencio tras aviso

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