La mesa redonda más esperada del II Foro Origen ha reunido este martes en el Espacio Lagares de Logroño a tres voces expertas en turismo de alto ‘standing’: Ignacio Oñate (Cosme Palacio), Inma Bezunartea (Rioja Wine Trips) y Santiago Vivanco (Bodegas y Museo Vivanco). Moderada por Manuel Martín, director de NueveCuatroUno, la pregunta sobre la que ha girado el debate ha sido la de «¿cómo conquistar al visitante premium?»
Para Ignacio Oñate, la clave está en la exclusividad: «Nuestra bodega no está abierta al público. Se accede solo por invitación, tras una entrevista. El lujo es poder parar y entender el alma de un espacio». Oñate propone para ello experiencias a medida. «El lujo hoy en día es poder dedicarle a los visitantes todo el tiempo que sea necesario, y al mismo tiempo aprovechamos para que comprendan el alma de nuestro proyecto, que les llevará, seguro, a decidirse por nuestro vino cuando salgan a cenar en Nueva York o Londres».
Inma Bezunartea, con una cartera de clientes donde el 92 por ciento son estadounidenses, ha explicado a este respecto que «el turismo de lujo ya no se basa en mostrar, sino en conectar». La gente, también los que tienen dinero, buscan experiencias reales: «Lo transversal en estos viajeros es el deseo de interactuar con lo local. Se emocionan comiendo chuletillas con riojanos, o aceptando las estrecheces de los bares de La Laurel».

FOTO: Fernando Díaz/ Riojapress.
Vivanco, por su parte, ha reconocido que su museo necesita evolucionar: «Muchos no saben a lo que vienen. Pero eso nos da una oportunidad para sorprender». Ha reivindicado un lujo que no reside en lo material, sino en el trato cercano y la experiencia única. «Y es aquí donde nosotros debemos mejorar».
Aquí es donde se ha fijado el debate de estos minutos de reflexión colectiva. «Lo estamos haciendo mal», ha marcado Ignacio Oñate. «Cada vez se bebe menos vino y el Rioja se vende demasiado, con el empeño que ponemos en la calidad y lo que cuesta hacerlo». Todo parece un contrasentido. Y más, cuando sucede lo que él observa en Laguardia: «Llegan los visitantes, se toman un vino, comen un menú de 15 euros, y se van y luego ni se acuerdan de esta experiencia». Por eso está convencido de que «hay que traer turistas que sean embajadores de nuestro vino. Y cuando vuelvan a casa tomen ese vino porque se acuerdan de aquel día en concreto. Y esto podría beneficiarnos a todos».

FOTO: Fernando Díaz/ Riojapress.
Inma Bezunartea ha señalado que «es necesario atender bien a los visitantes de 25 a 30 años, que ahora mismo tienen a buen seguro una baja capacidad de gasto, pero que en un futuro próximo serán los clientes premium». Salvado este espacio generacional, esta profesional del sector tiene claro que «debemos crear espacios preciosos, en los que todo esté cuidado al máximo», porque los visitantes premium «quieren lugares increíbles, y paisajes únicos». Y esto «lo tenemos pero hay que ordenarlo y sacarle partido», ha admitido. Es donde surgen «los hoteles boutique».
Este tipo de visitante «buscan espacios que no estén masificados, y nosotros no somos sol ni tampoco playa. Aquí podemos vender que somos pequeños con una hospitalidad, que reside en nuestro ADN. Y tenemos atributos para cumplir la expectativas de un cliente exigente», afirmación de Inma Bezunartea que ha analizado en estos términos Ignacio Oñate, que se ha sumergido de lleno en la politización del vino: “Cuando sales fuera a vender el destino hay que ser inteligente para poder competir con otras regiones como Toscana o Burdeos, no tiene sentido ir separados, hay que salir uniendo fuerzas como una sola enoregión, Rioja como marca cada vez tiene más gancho”. «Hay que ir al mundo a hablar de Rioja, y estar enfocados en mercados premium, para que venga gente con dinero y se queden cuatro días aquí. Nosotros estamos intentando que los que vengan se queden aquí y si eso se vayan a Bilbao a una excursión de un día. Pero queremos que se queden aquí porque se enamoran de este lugar».

FOTO: Fernando Díaz/ Riojapress.
Los tres han coincidido en la necesidad de formar a todos los actores del sector -desde recepcionistas hasta cocineros-. «Hay que trabajar en alianzas estratégicas para que todos transmitamos el mismo mensaje», ha señalado Bezunartea. Porque Rioja tiene un sello personal, un distintivo, algo que le hace ser única. Identidad y profesionalización. Para que Santiago Vivanco haya cerrado con una potente reflexión: «No somos la Toscana. Somos Rioja. Y eso, si lo hacemos bien, es más que suficiente».


