El Rioja

Viñedos de Aldeanueva: raíces en la tierra y mirada en el horizonte

A veces, para entender una tierra hay que probar su vino. Y en Aldeanueva de Ebro, cada copa cuenta una historia que arranca en los surcos de sus viñas y termina en los labios de quien la degusta. En este rincón de Rioja Oriental, la cooperativa Viñedos de Aldeanueva se ha convertido en mucho más que una bodega: es el latido colectivo de un pueblo que lleva generaciones viviendo por y para el vino.

Este año, con motivo de la XVI edición de la Feria Entreviñas, la cooperativa reafirma su papel como actor esencial en la exaltación del vino de Rioja. «Quien no conozca los vinos de Aldeanueva, no conoce Rioja», sentencia Abel Torres, gerente de la cooperativa, con una mezcla de orgullo sereno y convicción profunda. Y es que no exagera: con novecientos socios, veinte millones de kilos de uva al año y dieciséis millones de botellas, Viñedos de Aldeanueva no solo es la mayor productora de la denominación, sino también una de sus principales comercializadoras.

Durante estos días de feria, la simbiosis entre bodegas y Ayuntamiento de Aldeanueva se materializa en un evento que ha logrado algo difícil: poner en el mapa la esencia de la vitivinicultura. Y Viñedos de Aldeanueva no podía faltar. «Es un escaparate perfecto para mostrar lo que somos y hacia dónde vamos», explica Torres. Por eso, han preparado cuatro visitas guiadas, estarán presentes con sus vinos en el stand y, como no podía ser de otra manera, también en la emblemática Bodega del Cura, un lugar que combina historia, arquitectura y, por supuesto, grandes vinos.

FOTO: EFE/ Fernando Díaz.

Pero hay más. Este mes de junio inaugurarán su wine bar, tras un tiempo de obras. Será un espacio moderno y acogedor, diseñado para acoger tanto al enoturista ocasional como a grupos de empresa, que cada vez visitan más la zona en busca de experiencias auténticas y memorables.

Y es que el enoturismo no es una moda pasajera para esta cooperativa; fue una apuesta pionera en Aldeanueva de Ebro. Y hoy sigue creciendo con propuestas originales y emocionales. Un ejemplo: la reciente producción de un cortometraje que se proyecta en sus visitas guiadas. «Queríamos contar quiénes somos desde el corazón», señala Torres.

La pieza, dirigida con gran sensibilidad por el cineasta donostiarra Gorka Merchán, narra la historia de tres mujeres de distintas generaciones, todas ellas conectadas por el vino y por la bodega. Desde los años 50 hasta el presente. Todo ello rodado en enclaves auténticos de Aldeanueva, que conservan ese aire romántico que encaja como un guante en esta historia.

Más allá del Rioja clásico

Uno de los aspectos más diferenciadores de ‘Viñedos de Aldeanueva’ es su apuesta por la diversidad varietal. Aunque el tempranillo sigue siendo el buque insignia, esta cooperativa se ha convertido en el mayor productor de garnacha y graciano de la denominación. Eso les permite ofrecer vinos con una personalidad propia, más complejos, con matices minerales en nariz y en boca que capturan como pocos la identidad de Aldeanueva.

Quieren que quien pruebe uno de sus vinos sienta que está aquí, entre estas viñas, bajo este cielo. Y esa intención se traduce no solo en la calidad de sus vinos, sino también en una manera de contar su historia con honestidad, pasión y un punto de audacia.

Pero Viñedos de Aldeanueva no se conforma con mirar al pasado o al presente. La cooperativa está inmersa en una etapa de crecimiento que apunta alto. Nuevos departamentos, más inversión en marketing, una estrategia de largo recorrido y la previsión de la incorporación antes de verano de un nuevo comercial de exportación. “Estamos diseñando cómo queremos ser dentro de diez años. No solo crecer en volumen, sino en valor añadido. Esa es la verdadera transformación”, afirma Torres.

Y la situación global también impulsa esa mirada más amplia. La incertidumbre en mercados tradicionales como EE.UU. ha empujado a la bodega a explorar nuevos destinos: Asia, con especial atención a India y China; y Latinoamérica, con nombres como México, Colombia, Brasil, Costa Rica o Puerto Rico cada vez más presentes en sus planes. “Adaptar el producto a estos nuevos consumidores y mercados”, añade Torres.

En este contexto, Entreviñas se convierte en mucho más que una feria para ellos. Es una metáfora perfecta del cruce entre raíces y alas. Un lugar donde se celebra el origen, pero también se dibuja el porvenir.

En un mundo cada vez más impersonal, donde los productos compiten más por el marketing que por su esencia, Viñedos de Aldeanueva apuesta por lo contrario: contar su historia a través de sus vinos, sus paisajes, sus personas. Y hacerlo con emoción, con autenticidad, con el respeto que merece una tierra que lleva generaciones latiendo al ritmo de la vid.

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