Una más y ya no sabemos cuántas van. Pasadas las doce de la noche llegó finalmente a Logroño el regional que había salido a las nueve de la noche de Zaragoza. Este nuevo episodio de retrasos y averías en el servicio de media distancia vuelve a poner en evidencia el deterioro del transporte ferroviario que conecta La Rioja con otras comunidades. El convoy se detuvo en dos ocasiones durante el trayecto, arrancando y volviéndose a parar antes de reanudar la marcha definitivamente. El resultado: una llegada a Logroño con una hora y diez minutos de retraso.
La situación no hace más que agravar el malestar de los usuarios, que siguen esperando los trenes Alaris prometidos por el ministro de Transportes, cuya llegada estaba prevista para el mes de abril pero de la que, a día de hoy, no hay noticias. Mientras desde la región se lucha por poder hacer el viaje entre Logroño y Madrid en menos de tres horas, la realidad es que en ocasiones como esta, el recorrido entre la capital riojana y Zaragoza, cuesta más de tres horas.

Mientras tanto, a La Rioja siguen destinándose trenes en condiciones muy deficientes, con un mantenimiento cuestionable y un servicio que dista mucho de lo que merecen los viajeros. La paciencia de los usuarios se agota ante lo que consideran un trato discriminatorio en materia de infraestructuras ferroviarias.


