No hay duda de que si tenemos que hablar de los diez últimos años de la política riojana la palabra que lo resume todo es cambio. De una región anclada en el bipartidismo clásico, con el Partido Popular y el PSOE repartiéndose el poder casi sin oposición —más allá del histórico Partido Riojano— y con un PP fuerte que llevaba dos décadas cosechando mayoría absoluta tras mayoría absoluta, en 2015 todo comenzó a cambiar. La Rioja comenzaba entonces un tránsito hacia un escenario político mucho más fragmentado, a veces inestable, para finalmente, ya más reordenado volver hace dos años a una nueva mayoría absoluta popular. Estos diez años han estado marcados por la caída de liderazgos de largo recorrido, la aparición de nuevos actores y una ciudadanía más movilizada y sobretodo más volátil.
2015: Fin del bipartidismo y comienzo de la fragmentación
El año 2015 supuso un punto de inflexión en la política riojana. El contexto nacional —marcado por el 15M, el desgaste de los partidos tradicionales y la irrupción de nuevas formaciones como Podemos y Ciudadanos— tuvo un reflejo directo en las urnas regionales. Por primera vez en décadas, el PP no lograba una mayoría suficiente para gobernar, y su hegemonía quedaba seriamente cuestionada. El Parlamento de La Rioja, tradicionalmente dominado por dos colores, se abrió a un pluralismo inédito.

Ciudadanos irrumpió con tres escaños y Podemos con cuatro. Aunque el PP fue la fuerza más votada, necesitaba apoyos para formar gobierno. La clave estuvo en Ciudadanos, que decidió no entrar en el Ejecutivo pero puso como única condición para permitir un gobierno popular que Pedro Sanz, presidente desde 1995, no repitiese mandato. Así se cerraba la era del igeano, que había ocupado durante dos décadas el despacho del Palacete.
Su sustituto fue José Ignacio Ceniceros, hasta entonces presidente del Parlamento. El veterano político asumió el reto de liderar un gobierno en minoría parlamentaria en un contexto político mucho más volátil y negociador. Su legislatura estuvo marcada por la necesidad de pactos constantes y un Parlamento más plural que nunca.
2019: El giro socialista y un verano de vértigo
Cuatro años después, el panorama político se volvió aún más complejo. El PP apostó de nuevo por Ceniceros, pero las tensiones internas tras una crisis profunda —donde los afiliados tuvieron que elegir entre él y Cuca Gamarra— desgastaron al partido. El resultado fue demoledor: por primera vez desde 1995, los populares perdían las elecciones autonómicas.
El PSOE de Concha Andreu obtenía 15 escaños, quedándose a solo dos de la mayoría absoluta. Esos dos votos para su investidura los sumaban Podemos e Izquierda Unida, representados por Raquel Romero y Henar Moreno, protagonistas de un verano político frenético. Las negociaciones para formar gobierno fueron tan tensas que hubo que repetir la votación de investidura. La Rioja estuvo al borde de repetir las elecciones. Finalmente Podemos e Izquierda Unida separarían sus caminos y Raquel Romero entró al gobierno mientras que Henar Moreno se quedó como diputada a expensas de acuerdos puntuales con el gobierno de Andreu.

Foto: EFE/Raquel Manzanares
Finalmente, Concha Andreu fue investida presidenta, pero el gobierno comenzó con una fragilidad evidente. La entrada de Raquel Romero en el Ejecutivo como consejera —una figura polémica incluso dentro de su propio espacio político— generó fricciones constantes. Su permanencia se debía exclusivamente a su voto en el Parlamento. La legislatura se vio pronto atravesada por dos crisis encadenadas: la pandemia del COVID-19 y una crisis interna del PSOE que estalló en el verano de 2021.
Ese “verano rojo” dejó a los socialistas profundamente divididos. La presidenta cesó a su secretario general, Pacó Ocón, como consejero del Ejecutivo, lo que generó una ruptura interna que debilitó aún más la coalición y sobretodo al partido. El desgaste fue progresivo, y el proyecto socialista riojano llegó a 2023 sin cohesión y sin impulso.
2023: El regreso del PP con Gonzalo Capellán
Mientras el PSOE se iba descomponiendo, el PP trabajaba en su reconstrucción. José Ignacio Ceniceros, consciente de la necesidad de renovación, buscó un sucesor. En las quinielas sonaban nombres como Alfonso Domínguez, Alberto Bretón o Carlos Cuevas, pero finalmente emergió una figura inesperada pero reconocible por los riojanos: Gonzalo Capellán.
Capellán no era ajeno a la política riojana: había sido director general de Cultura entre 2003 y 2005, y consejero de Educación, Cultura y Turismo entre 2011 y 2014. Alejado del foco durante casi una década, su regreso en 2022 se leyó como una apuesta por pacificar el partido, recuperar el centro y proyectar una imagen de gestión eficaz.

FOTO: EFE/ Raquel Manzanares.
La estrategia funcionó. En las elecciones de 2023, el PP logró una mayoría absoluta, algo impensable solo unos años antes. No necesitó pactar con Vox, aunque la formación ultraconservadora entró por primera vez en el Parlamento riojano con 2 escaños, como ocurrió en otras comunidades autónomas. El regreso de los populares cerraba un ciclo y abría otro, marcado por el retorno de la estabilidad institucional tras años de parálisis legislativa.
En apenas diez años, La Rioja ha vivido el fin del bipartidismo, la entrada y desaparición de partidos emergentes como Ciudadanos, la consolidación de otros como Vox, y el colapso de coaliciones inestables. Ha sido una etapa en la que los votantes han demostrado estar menos anclados a lealtades tradicionales, más atentos al contexto nacional y más exigentes con la gestión y la transparencia.
Lo que antes se decidía con amplias mayorías, hoy depende del equilibrio entre bloques. La política riojana ha ganado en complejidad, en visibilidad y, en ocasiones, en tensión. Pero también ha demostrado que el cambio es posible y que los ciclos no son eternos.



