El gran apagón eléctrico que afectó a toda España la semana pasada pasó prácticamente desapercibido en algunas aldeas de La Rioja. Mientras millones de personas se enfrentaban a horas sin suministro, en pueblos como Treguajantes o Santa Marina de Jubera todo transcurrió con absoluta normalidad. ¿El motivo? Una revolución energética silenciosa: las comunidades energéticas locales, también llamadas ‘islas de energía’, que han cambiado la realidad de estas zonas. Después de años sin electricidad, esta vez han sido ellos unos de los pocos que sí la tuvieron.
Las comunidades energéticas son redes autónomas de generación y distribución eléctrica basadas en energías renovables. Se caracterizan por su independencia de la red eléctrica general, gracias a sistemas de almacenamiento mediante baterías y, en la mayoría de los casos, un generador diésel de respaldo.
Este sistema garantiza un suministro estable incluso en condiciones extremas, reduce costes a largo plazo y permite una gestión colectiva de los recursos energéticos. No solo es una cuestión técnica, es una transformación social, porque permite que en estas aldeas la vida no desaparezca e incluso que los jóvenes puedan plantearse teletrabajar desde allí.
Este innovador modelo fue promovido por la Dirección General de Transición Energética y Cambio Climático del Gobierno de La Rioja durante la pasada legislatura. En La Rioja existen seis comunidades energéticas: tres en Santa Engracia, dos en Soto en Cameros y una en Ajamil.
La de Treguajantes fue la comunidad energética pionera en La Rioja. Comenzó a funcionar en noviembre de 2022 con una microred de 15 kilovatios de potencia alimentada por paneles solares. Abastece a 15 viviendas. El éxito del sistema fue inmediato, mejorando de forma significativa la calidad de vida de los vecinos. Hace unos meses llegó la de Luezas, en el mismo municipio. Esta comunidad energética se activó en 2024 como parte de la ampliación del programa. Mantiene el esquema de paneles solares, baterías de almacenamiento y generador de apoyo, y fue financiada mediante un convenio entre el Gobierno regional, el ayuntamiento y los vecinos.
En Ajamil de Cameros tienen comunidad energética en la aldea de Larriba. Fue la segunda en implantarse y comenzó su actividad a finales de 2022, siguiendo el modelo de Treguajantes. Con características técnicas similares, fue financiada conjuntamente por el Gobierno regional, el ayuntamiento y los vecinos beneficiarios.
En Santa Engracia de Jubera ya son especialistas en comunidades energéticas. Hay instalaciones en tres de sus aldeas. La de Santa Marina entró en funcionamiento en marzo de 2023 con una inversión pública cercana a los 200.000 euros. Los vecinos contribuyeron con 1.500 euros por familia. Proporciona electricidad a 32 viviendas, con una instalación dotada de baterías y un generador auxiliar, “por si las moscas”, cuenta el alcalde del municipio, Óscar Fernández. La instalación ha sido clave para mejorar la calidad de vida y frenar la despoblación.
En San Martín de Jubera el proyecto se culminó en abril de 2023. La microred da desde entonces servicio a 21 viviendas. A este tipo de instalaciones también se ha sumado El Collado, una de las nuevas comunidades energéticas puestas en marcha en 2024.
Además, en Ajamil de Cameros cuentan con una isla energética en Larriba. Fue la segunda en implantarse en La Rioja y comenzó su actividad a finales de 2022, siguiendo el modelo de Treguajantes. Con características técnicas similares, fue financiada conjuntamente por el Gobierno regional, el ayuntamiento y los vecinos beneficiarios.
“La diferencia es abismal”, explica Óscar Fernández. “Antes, la mayoría tenía pequeñas placas solares en casa con las que apenas podían encender las bombillas o ver un rato la tele. Algunos calentaban el agua con butano, y trabajar online era imposible. Ahora, pueden vivir y trabajar aquí con normalidad”.
Durante el reciente apagón, estas aldeas se convirtieron, literalmente, en islas de energía. “Ese día vino gente desde Logroño solo para cargar el móvil y el portátil. Aquí nadie notó el corte. Un vecino joven, que estaba teletrabajando, no se enteró hasta que bajó al pueblo por la tarde. Notó que la cobertura del móvil iba peor de lo habitual, pero la luz siguió funcionando a las mil maravillas”, cuenta el alcalde con una sonrisa. “Es irónico, pero mientras las ciudades estaban apagadas, nuestros pueblos funcionaban con total normalidad”.
En estas comunidades energéticas, los vecinos no solo reciben electricidad, sino que también participan activamente en su gestión. “Cada uno tiene su contador y paga en función de su consumo. Además, todos aportan a un fondo común para mantenimiento o futuras inversiones”, explica Fernández.
Una medida clave ha sido separar el alumbrado público del suministro doméstico. “Instalamos un sistema independiente antes de crear la comunidad energética, y ha sido fundamental. Así, el consumo del alumbrado no afecta al suministro de las viviendas”.
La llegada de energía estable y renovable ha sido, además, un catalizador para el desarrollo rural. Aldeas en las que era complicado vivir por la falta de electricidad han visto una nueva oportunidad en las energías renovables. Ahora, incluso cuando el resto del país se queda sin luz, ellos siguen adelante, iluminando su futuro con autonomía.


