David Macho es un claro ejemplo de cómo la superación no conoce límites. A sus 37 años, este joven de Nájera ha enfrentado barreras físicas y emocionales impuestas por el síndrome de Usher, una enfermedad genética rara que afecta tanto a la audición como a la visión. A pesar de las dificultades, David ha logrado destacar en distintas facetas de su vida, convirtiéndose en un referente para aquellos que luchan por superar adversidades.
Si el pasado año completaba la Media Maratón del Camino, ahora, a partir de este sábado, recorrerá el Camino de Santiago en tándem con el objetivo de recaudar fondos para la investigación de enfermedades raras. Un reto que va más allá de la superación personal y se convierte en un acto de visibilidad y solidaridad.

Con una enfermedad que avanza con el tiempo, David reconoce que actualmente «estoy adaptándome a un nuevo estado que no me está resultando fácil, pero no me queda otra». En estos momentos son cuando la fuerza de la familia, los amigos y el deporte se convierten en sus mejores aliados «haciéndome la vida más llevadera».
Este joven subraya que es importante darse tiempo para procesar los cambios y aceptar que no todo será sencillo al principio, y «el deporte es una herramienta poderosa no solo para mantenerte activo físicamente, sino para cuidar el bienestar emocional».
El Camino de Santiago: un símbolo de transformación
El reto de recorrer el Camino de Santiago nació del deseo de David de mostrar que, a pesar de las barreras sensoriales, los límites pueden transformarse en metas. «El Camino siempre ha sido un símbolo de transformación, y quería vivir esa experiencia con mis propios sentidos, aunque diferentes», explica.
Esta travesía, que arrancará en Roncesvalles y culminará en Santiago de Compostela, permitirá a David no solo superar su reto personal, sino también recaudar fondos para la investigación de enfermedades raras y «visibilizar que la sordoceguera es un acto de libertad, resiliencia y conexión al mundo aunque lo perciba de forma diferente». Precisamente por eso la sordoceguera no le detiene.

Con la previsión de completar el recorrido en 13 días, si las condiciones meteorológicas lo permiten, David contará con la ayuda de Mateo Díez, un voluntario de la ONCE que será su guía en el tándem y un amigo de este, José Félix Quintanar, que les acompañará con su bicicleta. «A pesar de mi campo visual reducido, necesito el apoyo visual de otra persona para realizar la actividad de forma más segura y eficiente», comenta David. La elección del tándem no se debe a la imposibilidad de hacer cosas por sí mismo, sino a la necesidad de aumentar su autonomía y confianza en el proceso.

Las etapas del Camino, que pueden ser largas y técnicas, exigen una coordinación constante entre los ciclistas, y David lo sabe. «Debemos pedalear al ritmo del otro y eso exige coordinación y esfuerzo constante». David resalta la importancia de la comunicación y la sincronización con su guía, lo que convierte el reto no solo en una prueba física, sino también emocional.
Un reto solidario
Este reto también tiene un fin benéfico. Los fondos recaudados durante el Camino de Santiago irán destinados a la Asociación de Pacientes con enfermedades raras de la retina (CRB1), que apoya la investigación para el desarrollo de terapias génicas en el centro de investigación CABIMER de Sevilla. CRB1 es un gen que desempeña un papel crucial en el cerebro y la retina, y la investigación en este campo puede marcar la diferencia para muchas personas afectadas por enfermedades raras.
Las donaciones pueden hacerse a través de la web de CRB1 o escaneando el código QR que aparece en los carteles promocionales.

Pero, ¿en quién se acuerda o a quién dedica David estos desafíos?. «Me acuerdo de mi familia y amigos que siempre me apoyan», afirma David. Pero este reto tiene un significado especial para él, ya que lo dedica a su compañero y amigo Arturo, y a su pareja, Andrea, quien falleció hace seis meses. «Arturo es una persona empática, un ejemplo de talento, respeto, dedicación y humanidad», describe emocionado. Esta dedicación añade una carga emocional que da aún más valor a la travesía de David.
Con cada pedalada, David Macho no solo avanzará en su camino hacia Santiago, sino que también en su misión de inspirar y dar visibilidad a todas las personas que, como él, luchan por superar barreras invisibles y dar un paso más en la vida.


