La Rioja tiene una superficie de 5.045 kilómetros cuadrados. La Franja de Gaza, de 365. En La Rioja vivimos 327.115 personas. En Gaza, casi dos millones. Desde el 7 de octubre de 2023 no ha habido ningún bombardeo en nuestra comunidad. Más de 70.000 gazatíes han sido asesinados por Israel desde entonces.
De madre riojana y padre gazatí, Natalia nació hace 27 años en la Ciudad de Gaza. Huyó de la guerra en noviembre de 2023 con su marido y su padre: «Salí para salvar la vida». Sus tíos, su abuela y sus amigas continúan allá.
Natalia trabajaba como profesora de ciencias en un colegio. El sábado 7 de octubre estaba preparando los exámenes cuando comenzaron los bombardeos: «Estaba con el ordenador y empecé a escuchar fuertes y continuos ruidos de cohetes y misiles. Mandaron un mensaje por el grupo de WhatsApp del colegio para que nos quedáramos en casa». Desde entonces solo ha vuelto a ver a una de sus alumnas, que viajó con ellos hasta España. Otros han sido asesinados.
«Era horrible, había bombardeos durante todo el día. Por la noche eran todavía más fuertes, no paraban. Había un olor muy fuerte a productos químicos. No podíamos respirar bien. Teníamos que dejar las ventanas abiertas, porque si caía una bomba cerca, el cristal se podía romper y nos podía caer encima», explica.
Las personas que vivían «cerca de lugares que consideraban peligrosos» porque podían ser objetivos de los bombardeos israelíes, se desplazaban a casas de amigos o familiares. Su padre tuvo que abandonar su casa desde el primer día de la guerra e irse con Natalia y su marido», cuenta Natalia. Al final se vieron obligados a abandonar su hogar e irse a la casa de una amiga. «En esa casa igual estábamos más de 40 personas», relata. Pero no fue última casa en la que tuvieron que refugiarse.
Tras 54 días sobreviviendo a la guerra, Natalia pudo cruzar el paso fronterizo de Rafah. El camino hasta la frontera no fue fácil. «Empezaron a publicar los nombres de las personas que podían salir en el grupo de WhatsApp que tenían con el consulado español en Jerusalén. Mi hermano lo miró desde España, porque yo no tenía internet, y me llamó para decirme que nuestros nombres estaban en la lista, y que nos teníamos que preparar e ir a la frontera», cuenta. En ese momento, Natalia y su marido se encontraban bastante al sur, en la casa de unos familiares de su amiga, así que tenían «más o menos cerca» la frontera con Egipto, donde había un grupo del consulado español «ayudando y apoyando a la gente».
«Fue un camino agotador, largo y difícil. Salimos a las seis de la mañana y llegamos al hotel de Egipto a la seis de la mañana: 24 horas de viaje sin comida. Cuando entré en la habitación, sentí que estaba viviendo un sueño. Después de 54 días de sufrimiento, sentí que realmente había sobrevivido. Había comida, una cama, una ducha… cosas simples, pero de las que habíamos estado totalmente privados», cuenta Natalia.
«Esta contenta porque había salvado mi vida, la de mi marido y la de mi padre». Pero no se sentía completa: «Yo deseaba que todos mis familiares salieran de Gaza».
Vivir la guerra desde La Rioja
Aquí en La Rioja está trabajando como bibliotecaria, pero le encantaría volver a trabajar como profesora: «Me gusta enseñar, explicar, me gusta experimentar y me gustan las ciencias». Natalia está esperando a que aprueben la equivalencia de su título universitario.
Aunque está bien aquí: «Echo mucho de menos a mis amigas, nuestras risas en la playa de Gaza, con el falafel, el vaso de té y el maíz asado. Cosas simples, pero que nos hacían muy felices. El sonido del llamado a la oración y el atardecer en la playa siempre estaban allí, creando una paz que hacía que todo fuera más soportable. Estábamos privadas de muchas cosas en la vida, pero siempre había algo que nos alegraba».
Sobre la posibilidad de volver a Gaza: «Lo veo muy difícil. Es que no es una guerra, cada cierto tiempo vuelven. Siempre tienes miedo, no vives segura. Siempre tienes la preocupación de que mañana o pasado pueda pasar otra vez».
Comunicarse con sus seres queridos que se han quedado en Gaza es cada vez más difícil: «Muchos de ellos no tienen internet, hablamos cuando ellos pueden y el rato que pueden. Muchos días me quedo preocupada y tengo que escribir a personas cercanas. Siempre estoy con las noticias. Todo el rato estoy mirando a ver dónde han bombardeado, si conozco a alguien en esa zona le mando un mensaje a ver qué tal está, qué pasado con esta amiga o con la otra…vivo pero me quedo pensando en lo que pasa allá».
«Cuando hablo con ellos me siento impotente porque no puedo hacer nada», explica. El otro día, hablando con una amiga, le preguntó si podía hacer algo por ella: «Le dije que si necesitaba dinero que se lo enviaba, pero me dijo que lo que necesitan es encontrar un techo. No tienen nada, salieron de sus casas sin nada. Como no pueden usar los coches, solo pueden llevar a sus hijos y una bolsa. Hasta que te bombardean por el camino. Lo que está pasando ahora es mucho peor que cuando yo me fui: la gente está desesperada, cansada, sin ánimos. Mucha gente ya dice que prefiere morirse a seguir así».
«Con tanto desear que termine ya hasta lo veo en sueños. Es tan injusto. ¿Por qué la gente de Gaza no puede vivir una vida normal como la gente de aquí? ¿Por qué no tienen los derechos mínimos? No tienen ni comida, ni agua, ni electricidad. Me da mucha pena. Cuando veo aquí a los niños, me acuerdo de mis alumnos y cómo los niños allí no tienen ningún derecho». En los vídeos que le envían desde Gaza: «He visto niños que están recogiendo los trozos de la gente muerta para meterlos en bolsas. Niños, bebés, sin cabeza».
La casa del padre de Natalia y casi la mayoría de los hogares de sus familiares fueron bombardeadas hasta los cimientos. La casa de Natalia también fue alcanzada por algunas bombas. Los soldados del ejército israelí entraron y destruyeron todo, rompiendo las pertenencias y los muebles. Afortunadamente, Natalia ya estaba en La Rioja.


