El olor a pan caliente golpea al visitante en su pituitaria, que va directamente al recuerdo. Es la mejor nostalgia posible: la que se puede revivir una y otra vez con tan solo abrir la puerta y cruzar al otro lado. Atienden los de El Refugio, familia de muchos logroñeses. Porque el cliente, por la necesidad que siente de volver una y otra vez, convierte este espacio en algo personal, en una visita necesaria.
Necesitan el completo, que ese bocadillo mítico de El Refugio. Pan caliente, crujiente, con jamón, queso, tomate y pimiento verde. No hay premio gastronómico que pueda comprender el sentido culinario de este creación. No requiere de nada más. Es sencillamente perfecto. Por eso los logroñeses van una y otra vez, y repiten, y vuelven, e insisten. Van solos, en pareja, con amigos, en familia, tras el partido de fútbol sala del martes. El bocadillo, la ensalada, y una botella de Rioja.
Es el refugio semanal, la casa, el hogar. Que te acoge, te acuna, y pone sobre el plato lo mejor, que en este local en concreto es lo de siempre. No necesita cambiar nada, porque lo tiene todo. La tabla de embutidos, el paté, los quesos, los pimientos, los bocadillos, y por supuesto la ensalada. El curioso caso de la ensalada de El Refugio.

Es irresistible. Rompe incluso el esquema vital que dice eso de que «como en casa en ningún otro sitio». Esta ensalada es la excepción que confirma esta regla de vida. Porque esta ensalada tiene la particularidad de que sabe distinta, más rica, más sabrosa, más apetecible que incluso la que uno se puede llegar a preparar en su cocina. Son las manos expertas del chef, que en su esquina, al final de la barra, aliña este manjar.
Bien de aceite, el vinagre justo, la sal… Y chorrea. Vaya sí chorrea. Para untar con el pan caliente que acompaña las raciones. Lechuga, tomate, atún, huevo, cebolla… no se necesita nada más para crear un plato perfecto, de alta cocina a precio asequible. Porque en El Refugio, la calidad no discute con el coste por barba. Sale bien el asunto.
Se acompaña la ensalada con alguno de los bocadillos, recién hechos, calientes, crujientes, de todos esos embutidos, marca de esta casa. Jamón, chorizo, salchichón, jamón cocido. Hay cecinas, hay ibéricos y serranos. Hay un poco de todo lo rico, para compartir, en cenas informales e inolvidables. Uno se relaja y entre risas y buenas charlas las cenas aquí discurren el ritmo adecuado. Ya sea en la barra, en las mesas aledañas o en el salón interior… El Refugio es como estar en casa, al menos para los logroñeses y visitantes con buen gusto.


