Toros

Talavante, a placer, y Urdiales con gran esfuerzo triunfan en Arnedo

EFE/Raquel Manzanares

A nada de que media España se anegara, se erigía Arnedo como refugio a tanta lluvia y tanta inclemencia. Mas arreciaron en el coso arnedano apéndices como traídos por un Martinho taurino. Si a la corrida de Jandilla le faltó cara y remate, no es menos cierto que la suerte no acompañó a los toros de Borja Domecq en el sorteo de la mañana. Fueron a parar los dos mejores toros del encierro a Talavante, cuando de haber caído en manos de Urdiales u Ortega, hubiera sido diferente el resultado de la tarde. No de orejas, tal vez, pero sí de toreo.

Decía que Talavante se llevó los dos toros de mejor son y ritmo; de mayor profundidad, hondura, humillación y duración. Mostró ante ellos el extremeño registros más propios de un torero recién alternativado que de un torero con veinte años de doctorado. A las frondosas series en su primero les faltaron poso y reposo. Tan aprisa todo, sin reducir la velocidad de las buenas embestidas del de Jandilla nunca. Si muy exigentes surgieron las primeras tandas, nunca parecían llegar los tiempos muertos que requería aquel buen toro de nombre Crónica. Las luquecinas del epílogo resumieron a la perfección aquello tan alborotado; aquel sindiós. Una estocada entera, que no en lo alto, desató un doble trofeo tormentoso.

EFE/Raquel Manzanares

Con aquellas buenas cualidades y virtudes de Crónica resultó Ballenero, el otro arco iris de la encapotada corrida de Jandilla. Más reposado ahora, pecó Talavante esta vez de falta de reunión. Un inicio de rodillas, un farol aquí y unas bernadinas allí adecentaron un trasteo consistente en el acompañamiento de los buenos viajes de Ballenero por todo mérito. Pese a lo caída de la estocada, los dos pañuelos blancos arreciaron en el palco.

Dos verónicas de rebosante temple y exquisito dibujo más un quite por chicuelinas, ajustadas, despaciosas y solemnes hicieron albergar no pocas esperanzas en el primer trasteo de Urdiales. Pero el arnedano fue a toparse con Trillador, que, protestado de salida, trajo siempre la rectitud por el pitón derecho y el cabeceo final por el izquierdo. Cierto genio también, anunciado siempre por aquel mugido que no dejó dudas de tan cierta ausencia de bravura. Avanzado el trasteo, consiguió Urdiales dos naturales de cante grande, no mucho más. Continuó en la rectitud de la embestida aquel pitón derecho, pero ahora más atemperado. Dos, como los naturales, fue todo el botín. Un final torero, rodilla entierra, reverberó aquel trasteo esforzado y sin eco. La estocada, caída, no mereció el trofeo concedido.

EFE/Raquel Manzanares

Vino a parar en seco el toque de clarín los acordes de ‘Churumbelerías’. Diez minutos exactos llevaba Urdiales en la cara Justiciero, otro Jandilla brusco y áspero a partes iguales. Y en esas, cuando parecía que Urdiales debía haberse ido tras la espada tiempo atrás, mostró Diego su arrojo, su impostura y su vergüenza torera. ’Aquí estoy yo, Justiciero’, que llevo 26 años en esto y, por gracia o por desgracia, sé cómo poder a toros brutos y desagradecidos como tú’. Y así fue. Surgió el toreo por redondos suaves, delicados y mandones. Cosas de la fe en uno mismo. La estocada, trasera y caída, desmereció el trofeo concedido.

No le llovieron trofeos a Juan Ortega, mas el sevillano pareció naufragar esta tarde en Arnedo. Fue capaz Ortega de hacer lo más torero de la tarde, en efecto, y también de dar esa imagen de falta de poder y determinación, como cuando falló reiteradamente a espadas en el sexto. Un quite a la veronica enmendó el buen saludo de Ortega por el mismo palo en el tercero. Aquella verónica colmada de temple y aquella media interminable. Un trincherazo de cartel al inicio del traste y pare usted de contar. Dudas de Ortega y puede que hasta una equivocada elección de terrenos.

EFE/Raquel Manzanares

Fue la obra del sexto también efervescente. Aquel arrebatado y torero inicio rodilla en tierra pronto llegó a los tendidos y no mucho más tarde se diluyó entre tropiezos y pasos perdidos. Luego llegaría de lo de la espada, aquel nunca escampar.

La ficha:
Plaza de toros de Arnedo. Lleno en los tendidos en tarde fría.
Toros de Jandilla, justos de presentación. Destacaron los lidiados en segundo y quinto lugar. El resto, complicados y deslucidos.

Diego Urdiales: oreja tras aviso y oreja tras dos avisos
Alejandro Talavante: dos orejas en ambos.
Juan Ortega: silencio en ambos

Al romperse el paseíllo, se guardó un minuto de silencio en memoria de Carlos Cordón Bayo y Pedro Ruiz Pascual. Se retrasó unos minutos el comienzo del festejo al faltar parte del equipo médico. Urdiales y Talavante salieron a hombros.

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