El infarto de miocardio sigue siendo uno de los mayores villanos de la salud mundial. Y aunque los electrocardiogramas llevan años ayudando a detectarlos, tienen una falla importante: no siempre muestran todas las señales de alerta. Muchos pacientes han pasado por episodios cardíacos sin que su electrocardiograma reflejara nada raro. Algo que supone un retraso en el diagnóstico y, en el peor de los casos, cuesta vidas.
Pero aquí entra en escena el doctor Alejandro Bermejo con una idea que podría dar un giro total a la forma en que vemos (literalmente) la actividad del corazón. Este médico del SERIS ha desarrollado un método revolucionario para convertir el electrocardiograma tradicional, que es bidimensional, en una versión tridimensional. Suena a magia, pero en realidad es matemática pura. Aplicando una transformación numérica, logran representar la actividad eléctrica del corazón en 3D, ofreciendo una imagen mucho más completa y precisa de lo que está pasando. Su trabajo ha sido publicado en la prestigiosa científica Journal of Electrocardiology.
Para entenderlo mejor, Bermejo explica: «Imagina que tienes una foto de alguien de frente, no puedes ver su perfil ni su espalda, pero si esa imagen se transforma en un modelo 3D, de repente puedes girarlo y ver todos los detalles». Esto mismo pasa con el electrocardiograma tridimensional. «Donde antes solo veíamos una parte de la historia, ahora tenemos una vista panorámica de la actividad del corazón en acción».
Uno de los secretos de esta tecnología es un nuevo cálculo llamado ‘casi-curvatura’. Puede sonar a jerga de físicos locos, pero en realidad es una fórmula que permite detectar con mucha mayor precisión los pequeños cambios eléctricos que indican un infarto o una isquemia. Y al aplicar esta fórmula en el electrocardiograma en 3D, los resultados mejoran de manera espectacular.
Los primeros estudios con esta metodología han dejado a muchos con la boca abierta. Comparado con el electrocardiograma tradicional, el modelo 3D de Bermejo ha demostrado ser mucho más efectivo para detectar infartos. No solo eso, sino que además permite anticiparse a situaciones que antes podían pasar desapercibidas. En las pruebas, la «casi-curvatura» ha resultado ser una herramienta clave para diferenciar entre distintos niveles de isquemia, algo que podría marcar una gran diferencia en la rapidez del tratamiento.
El próximo gran paso de esta investigación será aplicar el electrocardiograma 3D en el estudio de arritmias y otros trastornos cardíacos que aún son un ‘dolor de cabeza’ para los médicos. También podría ser clave en la detección temprana de problemas cardíacos en pacientes de alto riesgo, lo que ayudaría a salvar muchas vidas y a aliviar la carga de los sistemas de salud.
Alejandro Bermejo lo tiene claro: «Este avance podría cambiar la forma en que diagnosticamos las enfermedades cardiovasculares. La información extra que nos da el electrocardiograma tridimensional podría hacer una gran diferencia en la detección precoz y el tratamiento de los infartos».


