Ciruelas Reina Claudia, higos, peras y manzanas, también en variedades ancestrales. Frutas muy riojanas que la Asociación El Colletero de Nalda se ha propuesto convertir en las primeras mermeladas ecológicas de la comunidad con diferentes sabores. Hace cinco años esta grupo que promueve el desarrollo sostenible desde el medio rural y que ya trabaja con frutales certificados en ecológico decidió ponerse manos a la obra para darle una segunda vida a esa fruta que no se podía comercializar por su apariencia pero que aún podía tener un nuevo valor en forma de otro producto. «El resto son residuos que van a compostar y se van a convertir en abono, cerrando así el círculo, porque el objetivo de esto es trabajar por la economía circular».
Raquel Ramírez es una de las voluntarias que participa en este proyecto cuyos beneficios se destinan al emprendimiento social que promueve El Colletero con sus actividades de formación y que este sábado ha sido presentado al público. Concretamente en el puesto que tienen en el Ecomercado organizado por CPAER, que cada fin de semana ocupa la Plaza de la Diversidad de Logroño con el producto agroalimentario de temporada ‘made in’ La Rioja. Las mermeladas también se puede comprar en la La Tienda del Colletero, ubicada en la calle Capitan Gaona 1, así como en el pueblo de Nalda o bien hacer pedidos a domicilio por teléfono.

La producción media ronda los mil botes (222 gramos cada uno) de cada sabor: ciruela, higo, pera, manzana y manzana y pera, aunque para la próxima campaña ya prevén lanzar a la venta nuevos sabores de cereza y naranja. En el caso de estos cítricos la fruta procederá de otros productores en ecológico. La cooperativa Frutos del Campo de Aldeanueva, por ejemplo, es uno de los proveedores de fruta ecológica para El Colletero.
«La mermelada de ciruela es la única que se nos ha acabado ya, así que habrá que esperar a la nueva cosecha para poder elaborarla. Por suerte, la mayor parte de la fruta es de nuestros árboles, así que nos aseguramos la elaboración. Además, estos frutales son árboles antiguos cuyos sabores nada tienen que ver a los que la gente está acostumbrada a probar, por lo que las mermeladas tienen esos sabores tan artesanales, tan nuestros. De esta forma creamos un puente de la memoria cultural del pasado al futuro», apunta Ramírez.

La forma de elaborarla en el obrador de la asociación también es como antaño: «Con la mermelada caliente se le da la vuelta al bote y se pone boca abajo. Se hierve durante 20 minutos y seguido se le quita el agua de golpe y se vuelve a poner boca abajo para que haga otro vacío. Además el azúcar que usamos es de caña y de comercio justo, algo muy importante para nosotras. La cantidad que ponemos es el 20 por ciento, lo mínimo que permite Sanidad para que se conserve, y así se mantienen los sabores propios de la fruta».
Obtener el registro de sanidad les llevó un tiempo, pero el ser productoras ecológicas en el CPAER facilitó los trámites para dar un paso más en la iniciativa que ya ha visto la luz y promete ser un ejemplo de crear riqueza desde, por y para el territorio.


