El nuevo año no ha podido tener un peor inicio en términos de seguridad vial en La Rioja. Con un lapso de tan solo diez días, la comunidad ha sumado dos nuevas muertes a la negra lista de víctimas en las carreteras, después de cerrar el pasado curso con trece víctimas mortales (doce en términos oficiales por la tipicidad jurídica del accidente del kamikaze de la AP-68, que se trata como homicidio).
El primero de los siniestros mortales en carreteras riojanas ocurrió el pasado 8 de enero, cuando un hombre de 87 años moría tras sufrir un accidente la ambulancia que le transportaba. El suceso ocurrió en la A-12, cuando el vehículo sanitario -que le llevaba de vuelta a casa tras recibir la víctima tratamiento en un centro- chocó contra otro vehículo a la altura de Navarrete, en sentido Burgos.
Fruto del accidente, el anciano ingresó en estado crítico en el servicio de Urgencias del Hospital San Pedro de Logroño, donde los facultativos nada pudieron hacer por salvar su vida.
Ahora, tan solo diez días después, la tragedia golpea a la familia de un joven de 21 años en otra de las vías más transitadas de la comunidad: la N-111. A la altura del punto kilométrico 319, en el término municipal de Lardero, dos turismos chocaron frontalmente en torno a las 3:15 de la madrugada.
Fruto del impacto, el citado joven murió en el acto y resultaron heridas dos mujeres (de 25 y 27 años) que viajaban en el otro coche y tuvieron que ser evacuadas al servicio de Urgencias del Hospital San Pedro de Logroño.
Llamada a la prudencia
El último accidente mortal en las vías riojanas se produce apenas cuatro días después de que la Dirección General de Tráfico hiciera balance de la siniestralidad vial en La Rioja durante el pasado año. Una comparecencia en la que las instituciones reiteraron una «llamada a la prudencia para que los conductores pongan de su parte», especialmente porque el exceso de velocidad estuvo detrás del 55 por ciento de los accidentes mortales de 2024.
Otro aspecto sobre el que alarmó Tráfico fue en el uso del cinturón de seguridad, pues dos de los fallecidos del pasado año no lo llevaban en los accidentes que les costaron la vida. Además, entre cuatro de los accidentes mortales del pasado año las investigaciones concluyeron que habían tenido como causa la distracción, la somnolencia, la fatiga o el cansancio.
La Guardia Civil realizó el pasado año 107.593 pruebas de alcoholemia, lo que supone 5.388 más respecto de 2023; y la tasa de positivos se mantiene estable, por debajo del 0,7 por ciento. En materia de detección de drogas, efectuó 2.160 pruebas, de las que 936 fueron positivas, lo que representa un 43,3 por ciento del total; se constata que sigue la tendencia al alza de los últimos 5 años y la sustancia detectada en primer lugar ha sido el THC, con un 30,2 por ciento.


