Las cooperativas vitivinícolas riojanas despiden el que ha sido el segundo año con la destilación de vino subvencionada con fondos regionales. Unos 30 millones de euros invertidos entre los dos ejercicios, de los que algo más de 15 han ido a parar a este sector (en el presente año han sido 8,2 millones de euros en ayudas los que han recibido las cooperativas).
Julián García Plisson, gerente de la Federación de Cooperativas Agrícolas de La Rioja, reconoce que este 2024 «ha sido un año muy malo para las cooperativas», con una cosecha muy corta y muy heterogénea en cuanto a la calidad, aunque tanto las ayudas a la destilación como las de cosecha en verde «han dado pulmón» a los socios. Sin embargo, hacen falta medidas que solucionen a largo plazo el escenario de incertidumbre que atraviesa el sector.
– ¿Qué volumen de excedentes hay ahora en las cooperativas?
– Sobre estas fechas te sueles encontrar con unos 16,5 millones de litros de vino joven en el mercado libre (aquel que está fuera de los contratos), de los cuales 12,85 son de la cosecha 2024 y unos 3,65 corresponden a la cosecha 2023. Esa ha sido la tónica general en los últimos cuatro años, salvo el año pasado que fue uno histórico en cuanto a cantidad de vino a granel en el mercado, alcanzando un máximo de 21,5 millones de litros, motivado también por esa tónica de no renovación o ruptura de contratos. Hay cooperativas, incluso, que tienen más vino sin vender de 2023 que de 2024. El buen vino ha salido y lo menos bueno se ha intentando meter en la destilación. Además, en otros casos, aunque sea un vino de buena calidad, se da la circunstancia de que tiene un grado alcohólico demasiado alto y eso es más complicado de colocar.
– ¿Se ha tocado ya fondo?
– Es cierto que los 80 millones de litros menos que se han retirado ayudarán a reequilibrar la ratio (que rondará el 3,40), pero hay que tener en cuenta que este no es un año normal y no podemos contar con los años climáticos malos para solucionar los problema. Sí que parece que Rioja ya muestra signos de crecimiento en algunos sectores, más en el mercado exterior que en el nacional. Pero también hay que pensar a costa de qué para no caer en el error de vender a costa de la rentabilidad.
– ¿Qué precios se están manejando en las operaciones de graneles de esta campaña?
– Hasta ahora solo se han hecho operaciones de blanco, tanto de uva como de mosto, y de hecho ha faltado volumen porque se ha vendido ya todo. Es más, diría que podríamos estar creciendo más de lo que estamos creciendo porque ya no hay producto para vender. En cuanto al tinto, todavía no ha habido operaciones de mercado libre importantes de esta cosecha. Tan solo se han dado pequeñas operaciones, seleccionadas y muy puntuales, algo que no es representativo. El mercado de graneles de tinto está parado y, como es habitual, no arrancará hasta febrero. Sí que las sensaciones que transmiten grandes bodegas y corredores es que los precios de los graneles pueden rondar los 18 o 19 euros la cántara, con la salvedad de que van a ser depósitos seleccionados. Es decir, que nos podemos encontrar operaciones en un abanico muy amplio, desde los 12 o 13 euros hasta los 18 o 21 euros. De la cosecha de 2023, en cambio, el vino que está saliendo ahora ronda los 8 euros de media por cántara, algo que se produce, por un lado, por la pura desesperación, y por otro, por el puro aprovechamiento. Hay cooperativas que se han negado en rotundo a cobrar esos precios, pero cada casa tiene su situación y hay otras que necesitan sacar el vino urgentemente para seguir pagando los costes y sueldos.
– ¿Qué radiografía hace del sector cooperativista?
– Este sector es muy heterogéneo, con modelos que funcionan mejor que otros, pero el modelo general de cooperativa se ha creado con una gran dependencia de la venta de vino a granel y eso afecta a todas las cooperativas, siendo esto una parte esencial en su negocio porque las bodegas en lugar de invertir en comprar viñas han preferido trabajar con proveedores externos para así sacar el riesgo fuera de la bodega. El problema es que hemos vivido durante mucho tiempo años de vacas gordas donde faltaba uva y había márgenes por todos lados, pero ahora el escenario es diferente, por eso el modelo cooperativo tiene que evolucionar.
– ¿Cómo plantea FECOAR revertir el modelo cooperativista riojano?
– Ya en su día se habilitó una partida presupuestaria para la integración de cooperativas y estamos trabajando con la Consejería de Agricultura para materializar esa financiación que está comprometida para llevar a cabo un plan. Lo que se pretende es que venga una consultora y que visite todas las bodegas cooperativas para hacer una radiografía con la que se planteen proyectos colectivos (como fusiones o crear una cooperativa que actúe como central de ventas y compras) e individuales, porque algunas solo necesitan un empujón para encaminarse a una etapa de crecimiento. Nos hemos fijado una batería de medidas que en su mayoría afectan a la administración pública pero alguna también al Consejo Regulador. Nuestra prioridad ahora mismo es abordar la evolución del modelo cooperativo en Rioja y la reestructuración de la masa vegetal para disminuir la cantidad de oferta y reequilibrar la balanza, más allá de otras medidas. Intentaremos acelerar todo esto lo máximo posible porque ya tenemos el problema delante de nosotros y vamos tarde.


