Tinta y tinto

Tinta y tinto: ‘Gonzalo Capellán es de izquierdas’

Foto: Fernando Díaz (EFE)

Empezamos la legislatura descubriendo que el presidente Gonzalo Capellán era «krausista», en enero de 2024 supimos que era un «neoestoico» (doy fe notarial de que el grupo de Whatsapp con sus amigos de la infancia de Haro sigue compartiendo cada día una página del libro ‘Diario para estoicos’) y lo terminamos con otra revelación: Gonzalo Capellán es de izquierdas. El antipolítico krausista neoestoico de izquierdas. Para cuando termine esta legislatura va a tener más etiquetas que una prenda de Zara en el último día de rebajas.

Entre las «paguitas» y el fin de la educación segregada en el Alcaste, cierras los ojos y te crees que Henar Moreno continúa al frente de la Vicepresidencia del Gobierno de La Rioja. De hecho, en Calahorra, donde el PP se quedó a un concejal de la mayoría absoluta, los populares siempre acaban pactando con Óscar Moreno (IU) en vez de con Maite Arnedo (Vox). Lo del Alcaste, en realidad, es puro pragmatismo. El modelo diferenciador ya no encaja ni con las (casi todas) familias más conservadoras. Ahora chicos y chicas compartirán pupitre, aunque lo que seguirá sin compartirse es el acceso. La concertada, aunque maquillada, sigue siendo una herramienta que prioriza a las élites mientras desvía fondos de la educación pública.

Si no fuera porque las «paguitas» también han ido a impulsar el Bachillerato en la educación concertada (800 euros al año por alumno) y las «pagazas» a la sanidad privada (para bajar las listas de espera y subir los beneficios de Viamed), Capellán te aprueba subvenciones que ya hubieran firmado Concha Andreu y Celso González hace cuatro años. Pequeños detalles. Como por ejemplo, la ayuda de 2.000 euros para comprar coches nuevos. Una medida que combina el impulso al consumo con una preocupación medioambiental que podría firmar cualquier ministro del PSOE. Aunque también hayan podido aprovecharse de esta medida vascos, navarros, madrileños… y el asunto haya estado más dirigido a mejorar los balances de los concesionarios de vehículos con dos millones de euros que a renovar el parque automovilístico de la región. Pequeños detalles.

Luego está la ayuda a los autónomos: 2.000 euros en tiempo récord. Aquí Capellán sacó su lado más Robin Hood (aunque con flechas de euro). Los «grandes olvidados» del debate político y empresarial pudieron respirar un poco aliviados, al menos durante un tiempo. La rapidez de la ADER para ejecutar estas ayudas no solo sorprendió, sino que dejó claro que cuando hay voluntad, se pueden mover montañas. O al menos mover cheques. Es el tipo de intervención que haría llorar de orgullo a cualquier socialista. Pero claro, el estoicismo enseña que lo importante no es quién se lleva el mérito, sino que la ayuda cumpla su propósito. Neoestoicismo con sello riojano para echar una mano a los empresarios más abnegados, igual que para darle tiempo al sector del vino para salir de su particular crisis. Un poco más y nos volvemos todos comunistas.

Los viticultores y los bodegueros riojanos, durante los dos últimos años (veremos si no hay un tercero), han cosechado en verde y han enviado su vino sobrante a la destilación sin preocuparse en exceso de los números rojos gracias a la mano amiga del Gonzalo Capellán de izquierdas. Esto ya no es el PP, esto parece un homenaje a la revolución agraria de Salvador Allende en Chile. Y eso que todavía no hemos empezado a injertar cepas de blanco ni a arrancar viñedo como si no hubiera un mañana. ¿Qué será lo próximo, ayudas al regadío con ensayos de Montesquieu?

Resulta que en La Rioja hemos estado viviendo una revolución silenciosa. El PP y su presidente se han hecho de izquierdas. Incluso se rumorea con que la monarquía también se ha vuelto de izquierdas con la reina Letizia como ideóloga (¿otro triunfo de ‘Perro’ Sánchez?). No sabíamos que lo eran. Ni ellos mismos lo sabían. Se trata de una consecuencia de haber adoptado el krausismo y el neoestoicismo del también profesor de la Universidad de La Rioja: la aceptación de las circunstancias como el motor del cambio. ¿O acaso podríamos estar ante un caso inédito de realismo político? Tal vez Capellán haya leído a Keynes en sus noches de insomnio y haya decidido que la intervención estatal no está tan mal después de todo. O quizá todo esto es un elaborado experimento neoestoico: demostrar que un líder puede gobernar en el siglo XXI sin que las etiquetas ideológicas le condicionen, abrazando el pragmatismo como máxima virtud.

Mientras tanto, los concesionarios, los autónomos, los viticultores, los bodegueros y hasta los alumnos del Alcaste tienen motivos para pensar que este Gobierno ha cambiado las reglas del juego. Y ahí está Gonzalo Capellán, sonriente, con su ‘Diario para estoicos’ en una mano y un libro de Keynes en la otra. Si algo hemos aprendido este año, es que en la política riojana nada es lo que parece, pero todo es posible. Porque, recordemos, tenemos ‘primarias’ socialistas a la vuelta de la esquina.

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