La Rioja

La atención a las víctimas de violencia de género: antes, durante y después

FOTO: EFE/ Raquel Manzanares.

Cuando un juzgado establece medidas de protección para las víctimas de violencia de género, las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado son quienes se encargan de llevarlas a cabo. Las medidas de protección pueden ser una orden de alejamiento, una orden de comunicación o las dos.

Marta González, inspectora de Policía Local de Logroño en la Unidad de Convivencia e Intermediación, es una de las agentes encargadas de estas tareas en la capital riojana. Cuenta que para llevar a cabo una correcta vigilancia siguen un proceso a través del cual primero les hacen una entrevista voluntaria tanto a la víctima como a su agresor. “Gracias al trabajo de los últimos años, hemos conseguido que, cuando les llamamos, en torno a un 97 por ciento de los agresores se prestan a venir”, afirma.

Gracias a esas entrevistas logran determinar cuál es su día a día, “eso nos permite hacer un dossier de vigilancias, que es fundamental para comprobar que el agresor está cumpliendo la medida que le ha interpuesto el juzgado”. Las vigilancias más habituales se producen en las situaciones más peligrosas: “Para nosotros son los momentos que el agresor sabe que pueden producirse todos los días, por ejemplo, las entradas y salidas de colegios o del trabajo”.

Además, también sirven para informar al agresor de cuáles son los entornos que debe evitar para que no tenga duda alguna. Sin embargo, González reconoce que en Logroño, al ser una ciudad muy pequeña, a veces hay encuentros fortuitos: “Por ello, disponemos de un teléfono abierto las 24 horas al que ambos pueden llamarnos cuando crean que puedan encontrarse y que se usa muchísimo, a diario”.

En ese sentido, cree que ese elevado uso “es algo positivo, porque cuanta más colaboración y cuanta más confianza tengan en nosotros las víctimas su seguridad siempre va a ser más amplia; si una víctima no es tan colaborativa, baja el nivel de seguridad”.

Pero esta unidad no solo lleva a cabo una vigilancia por orden judicial, también protege a las víctimas incluso antes. “A raíz de una llamada al 092, el patrullero de la Policía Local que acude al principio después nos activa tanto a nosotros, que vamos de paisano y con vehículos camuflados, como a las trabajadoras sociales del Servicio de Urgencias Sociales del Ayuntamiento de Logroño”, explica la inspectora.

FOTO: EFE/ Raquel Manzanares.

La inspectora cuenta que con esa intervención buscan “sostener, tratar y acompañar a la víctima desde el primer momento; porque después, en apenas dos días, suceden muchas cosas: ir al médico si es necesario, la vista en la que él va detenido, luego salen las medidas… Pero siempre va a estar acompañada en cada paso que esté dispuesta a dar, incluso aunque todavía el juzgado no haya puesto ninguna medida”.

Desde ese primer momento, a cada víctima le asignan un agente de referencia: “Eso no quiere decir que ese agente esté las 24 horas disponible porque no puede ser, pero es aquél que le hace la entrevista, al que conoce y al que muchísimas veces reclama. Por ejemplo, hay ocasiones en las que cojo el teléfono y, aunque puedo brindarles la misma ayuda, me preguntan si pueden hablar con ese agente porque tienen más confianza con él”, comenta.

Este acompañamiento está determinado por el nivel de riesgo en el que se encuentra la víctima. Las medidas con un riesgo ‘medio’ son más reducidas que las de ‘alto’, pero la víctima se mantiene en cada nivel el tiempo que sea necesario. Sin embargo, la inspectora reconoce que “hay situaciones mucho más complicadas que otras; lo ideal sería que fuera bajando progresivamente el nivel de riesgo, pero hay ocasiones en las que se producen quebrantamientos que provocan un aumento del nivel”.

En cuanto a las cifras de los últimos años, los casos se mantienen o incluso aumentan. “Pero el hecho de que aumenten no quiere decir que sea algo malo, sino que se ha denunciado, se ha visibilizado y se ha detectado. En algunas ocasiones ellas no denuncian, pero puede que nos llame un vecino, veamos la situación y actuemos de oficio. El hecho de que las personas que estén a su alrededor puedan detectarlo es fundamental”, apunta González.

Y es que esto último es clave para facilitar la actuación de la policía: “Nuestra tarea no solo consiste en intervenir, sino también en prevenir. Si un vecino escucha una discusión muy fuerte y cree que hay violencia de por medio que no dude en llamar, sea la hora que sea y aunque exista la posibilidad de que no esté ocurriendo nada grave. No hay nada de malo en llamar y decir: ‘Puede estar pasando algo’. La ayuda de un tercero puede ser el paso decisivo para intervenir con tiempo”, incide.

Sin embargo, la inspectora hace hincapié en que las víctimas no deberían tener miedo en dar un primer paso, “luego la decisión la van a tomar ellas, pero que den el paso, que se informen, que vean todos los recursos que hay para ayudar a mujeres víctimas de violencia de género. Que se pongan en contacto con el recurso que sea, que estamos coordinados, nos conocemos y les vamos a derivar al que creemos que es más correcto para su actuación. Lo más importante es que no se tiene por qué recurrir a esta unidad cuando ya ha pasado algo, sino cuando pueda existir el riesgo”, concluye.

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