La Rioja se enfrenta a un problema demográfico grave y sostenido: el descenso continuado de los nacimientos. Los datos más recientes, correspondientes a 2023, reflejan que la región se sitúa en niveles de natalidad históricamente bajos, una situación que pone en jaque el equilibrio poblacional, el relevo generacional y el futuro económico de esta comunidad autónoma.
En 2023, La Rioja registró 1.999 nacimientos, una cifra que supone una caída del 8,76 por ciento respecto al año anterior y que marca un récord negativo. Esta tendencia descendente se ha consolidado a lo largo de la última década: la región ha perdido un millar de nacimientos en ese periodo. Además, las cifras acumuladas de 2024 hasta el tercer trimestre no son alentadoras, con 1.513 nacimientos, por debajo incluso de los 1.530 registrados en el mismo periodo del año pasado. Todo apunta a que este año no se superará la barrera de los 2.000 nacimientos, al igual que en 2023. Una situación que podría haber parecido coyuntural pero que se consolida por segundo año consecutivo.
El descenso de nacimientos no afecta por igual a toda La Rioja. Un dato revelador es que 73 de los 174 municipios riojanos no registraron ni un solo nacimiento en 2023. Aunque muchos de estos municipios son pequeños, también destacan casos significativos como Arnedillo (450 habitantes), Briones (722 habitantes) y Ausejo (786 habitantes), donde tampoco hubo nuevos nacimientos. La falta de nacimientos ya no sólo afecta a los municipios más pequeños de La rioja si no que empieza a afectar también a los de un tamaño medio.
Y es que otro dato preocupante es que el 64 por ciento de los nacimientos de toda la región se concentraron en cuatro municipios: Logroño (906), Calahorra (164), Lardero (105) y Arnedo (101). Esta concentración refleja una tendencia común en regiones con baja densidad de población: el peso demográfico recae casi exclusivamente en las ciudades más grandes, dejando al mundo rural en una situación crítica.
El papel decisivo de la población migrante
La inmigración ha sido un factor clave para atenuar el impacto del descenso de nacimientos en La Rioja. De los 1.999 nacimientos registrados en 2023, 771 fueron de familias en las que al menos uno de los progenitores es migrante. Esto significa que el 38,6 por ciento de los nacimientos corresponden a familias migrantes, una proporción que ha crecido significativamente en las últimas dos décadas. En 2003, este porcentaje era del 19,2 por ciento, mientras que en 2012 era del 30,6 por ciento. Y es que también es tendencia que las familias migrantes empiecen a tener menos hijos, una situación que de convertirse en tendencia puede complicar aún más la situación de envejecimiento de la población.
En algunos municipios, la población migrante ha sido esencial para evitar la ausencia total de nacimientos. Por ejemplo, en Pradejón, el 80 por ciento de los nacimientos registrados en 2023 fueron de familias migrantes. Además, en 12 municipios, los nacimientos de hijos de padres extranjeros superaron a los de padres nacionales. Sin la contribución de esta población, la cifra total de nacimientos en La Rioja habría sido de solo 1.228, lo que agrava aún más el problema.
Pero la cifra de nacimientos en familias inmigrantes también está bajando con el paso de los años. Aunque el porcentaje de niños nacidos en estas familias sigue creciendo en La Rioja, el número de nacimientos baja considerablemente. Entre 2007 y 2011 se registraron en La Rioja cada año más de mil nacimientos de niños de familias migrantes, hoy no llegan a los ochocientos aunque en porcentaje haya crecido en más de seis puntos por la baja de natalidad de las familias nacionales.
Cada vez, madres más mayores
Otro factor preocupante es el retraso en la maternidad. La edad media de las madres en La Rioja sigue subiendo, mientras que el número de mujeres que tienen hijos antes de los 30 años disminuye de forma drástica. En 2023, solo 485 madres eran menores de 30 años, en comparación con 763 en 2013 y 970 en 2003. Este retraso en la maternidad tiene implicaciones importantes, ya que reduce el tiempo fértil disponible para tener más de un hijo y contribuye a la caída de la natalidad.
El cambio en los patrones de maternidad responde a diversos factores, como la inestabilidad económica, la falta de conciliación laboral, la dificultad para encontrar un hogar en el que crear una nueva familia pero también el aumento de las expectativas educativas y profesionales, y la decisión de priorizar la calidad de vida antes que formar una familia. Sin políticas públicas que aborden estos obstáculos, la tendencia parece difícil de revertir.
La caída sostenida de la natalidad plantea un desafío demográfico y socioeconómico significativo para La Rioja. Por un lado, la diferencia entre nacimientos y defunciones es alarmante. Además, el despoblamiento rural se intensifica con cada año que pasa. La falta de nacimientos en más de setenta municipios riojanos refuerza el riesgo de abandono en muchas localidades, ya que una población envejecida y sin relevo generacional dificulta su viabilidad económica y social.
Ante este panorama, las soluciones deben ser tanto estructurales como inmediatas. En primer lugar, es necesario implementar políticas que incentiven la natalidad, como ayudas directas a las familias, mejora en los permisos de maternidad y paternidad, así como mayores facilidades para la conciliación laboral. Al mismo tiempo, es crucial fomentar el desarrollo rural, garantizando servicios básicos como educación, sanidad y transporte para hacer más atractiva la vida en los pequeños municipios.

FOTO: EFE/ Luis Tejido.
Por otro lado, es importante reconocer el papel positivo de la población migrante. Las políticas de integración y apoyo a estas familias no solo benefician a quienes llegan a La Rioja, sino que también contribuyen al crecimiento demográfico y económico de la región.
El descenso de la natalidad en La Rioja es un problema complejo que requiere un enfoque multidimensional. Más allá de los números, la solución pasa por garantizar que la región sea un lugar atractivo para formar una familia, con un entorno favorable para las nuevas generaciones.


