El Rioja

La vendimia en Ontañón Familia que ha enseñado a «tener paciencia»

A vendimia pasada, el grupo Ontañón Familia hace balance del desarrollo de la campaña en un año meteorológico que venía «prácticamente de libro», con lluvias en primavera y un verano suave y seco sin fuertes olas de calor, pero las precipitaciones de septiembre truncaron todas las expectativas dada su intensidad. «En el ánimo estaban cosechas memorables como las de 1994 o 2001 y, aunque en la segunda semana de septiembre las nubes dieron una tregua, en la tercera volvió a llover de forma copiosa y las condiciones volvieron a complicarse», recuerdan.

«La vendimia venía con una maduración lenta y con unos diez días de adelanto y las lluvias condicionaron finalmente la maduración de la uva. Y es que esta vendimia también nos ha enseñado varias cosas. Una de ellas, esperar y aprender a tener paciencia. De hecho, en los parajes aireados y en las zonas frescas más altas se ha mantenido una calidad extraordinaria, dando lugar a uvas frescas con más sensaciones florales y aromas más sutiles y delicados. Esta vendimia ha sido muy especial porque en ocasiones se ha hilado tan fino que se puede decir que para lograr la
calidad anhelada hemos tenido que aplicar un trabajo casi quirúrgico en la selección de los racimos buscando las uvas con el grano más terso», apuntan desde Ontañón Familia.

La vendimia en esta bodega comenzó un 26 de septiembre y se prolongó hasta el pasado 11 de octubre. Una cosecha que ha sido complicada en ciertos momentos. En alguna zona que se vendimia a máquina, se ha recogido a mano para lograr una selección adecuada, mientras que con los granos más blandos se trabajado a base de unas maceraciones más cortas para extraer lo máximo en el menor número de días.

«El año pasado hubo que realizar una intensa selección en el viñedo por la irregularidad del tiempo en los últimos estadios del ciclo. Este año el trabajo de selección se ha multiplicado. De hecho, hemos llegado a hacer más de 800 muestreos de uva para controlar la madurez, la sanidad y la calidad en general de todas las bayas con el fin de dar con el momento óptimo de su entrada en
bodega. Ese ha sido el verdadero reto y el gran esfuerzo de todo el personal de la bodega, que se ha implicado al máximo», destacan.

Las claves

1. Estado sanitario de las uvas / selección quirúrgica: «La selección en viñedo ha resultado esencial. Después, el trabajo en bodega nos ha vuelto a permitir lograr la calidad que estamos buscando y el equilibrio entre la madurez alcohólica y fenólica».

2. Evolución de la vendimia y trabajo en bodega / depósito a depósito: «En cada depósito hemos trabajado de una forma distinta para extraer las cualidades que traía cada uva. Pero, sin duda, las condiciones de la vendimia han puesto de relieve la profesionalidad que hay en Ontañón Familia. Con unos viticultores que han sabido adaptarse en momentos muy complicados para
llevar a buen puerto esta campaña que necesitábamos que fuera más rápida y también escalonada. Luego, junto con los enólogos, se ha sacado la cosecha adelante. Está claro que lograr la calidad de este año lo que hace es poner en relieve toda la experiencia de los profesionales».

3. Matices de los primeros vinos / sensaciones de fruta muy elegantes: «Los primeros descubes nos están dando sensaciones de frutas muy elegantes, matices de complejidad y un punto de elegancia. En los blancos aparecen sensaciones de grasa y volumen, vinos aromáticamente muy sutiles. Tanto la viura, como el tempranillo blanco, la garnacha blanca y la maturana blanca nos están ofreciendo notas aromáticas muy bellas, frescas y complejas. En los tintos, la complejidad y la elegancia es muy importante. Hemos profundizado un año más en la tipología, variedades y zonas concretas para lograr la diversidad máxima de grados, estructura y acideces de cada una de los depósitos».

La vendimia en Queirón

El proyecto Queirón recae en la cuna de la familia Pérez, en pleno valle del Cidacos, y alberga joyas vitícolas que van desde los 520 metros de altura a los que se encuentra el Viñedo Singular de El Arca, un majuelo de menos de una hectárea de garnachas centenarias, y los más de 800 metros de viñedos a los que están La Pasada o Viña María, fincas de 35 y 40 años con tempranillo autóctono.

Las garnachas se sitúan en alturas que discurren desde los 590 a los más de 650 metros. El tempranillo de Queirón es de altura, con viñedos en zonas límites de cultivo a 800 metros. «Estas elevaciones, un año más, han resultado fundamentales para lograr el tipo de maduraciones sosegadas y lentas que hacen que nuestras vendimias hayan concluido a la finalización del primer tercio del mes de octubre. Por otro lado, el gradiente térmico entre la noche y el día ha influido en la fijación de los componentes de color y los precursores aromáticos de las uvas. Un año más, la triple selección que realizamos en Queirón (viñedo, mesa de selección en racimo y, finalmente, grano a grano) ha resultado esencial para lograr afianzar la calidad excepcional que perseguimos en nuestra bodega», describen.

Uno de los primeros viñedos que se vendimió fue El Arca, el 9 de octubre, concluyendo la cosecha en las últimas parcelas de La Pasada el 14 de octubre. «La viña vieja se adaptó de una forma excepcional a la complejidad de un año tan difícil como este, demostrando, una vez más, su afinidad con el territorio. Por su parte, las viñas en altura se protegieron del calor y después,
tras las lluvias, de la proliferación de enfermedades propias de los finales de ciclo con sucesión de lluvias y periodos de altas temperaturas», destacan desde la bodega.

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