La Rioja

Radiografía de una crisis: cuando el calzado aprieta

Nadie que habla sobre la situación del segundo sector industrial en importancia de La Rioja quiere ser pesimista, pero la situación empieza a ser complicada. El tejido industrial no está parado. Busca soluciones, se levanta cada mañana para encontrar alternativas pero, con más de treinta cierres en los últimos años, entre ellos el de empresas como Notton hace algunas semanas, «las cosas comienzan a complicarse aún más» en uno de los principales motores de la economía riojana.

El calzado, que ha vivido una crisis tras otra desde hace décadas, ha salido más o menos airoso de cada una de ellas pero parece que a la que se enfrenta ahora es estructural, con problemas complicados de solucionar y que amenazan al futuro. Muchos echan de menos ayudas directas al sector. «¿Cuándo llega la destilación de los zapatos?» es una de las frases que más se escuchan estos días por una comarca que busca soluciones a un problema de región.

Los principales males

Son varios los males que atacan a un sector que al estar tan concentrado en la comarca de Arnedo parece no tener la relevancia de otros, pero que supone el 10 por ciento del PIB riojano. El primero de ellos es el relacionado con el cambio del tipo de consumo, especialmente después de la pandemia. «La gente prefiere gastar dinero en ocio, en experiencias, y no en un par de zapatos buenos», comenta Diego Belón de CC.OO. Por eso el calzado que depende más de la moda es el que más está sufriendo esta nueva crisis. «El de seguridad y el de montaña van mucho mejor», cuenta.

El alcalde de Arnedo, Javier García, que defiende el sector allá adonde va, coincide en que ese es uno de los problemas sustanciales con la época que nos ha tocado vivir. «El cambio climático también está haciendo daño, si el otoño no arranca cada año cuando tiene que arrancar no se venden los zapatos de invierno y las tiendas invierten menos y el sector se resiente».

«Vivimos un repunte de ventas en 2022 después de la pandemia y pensábamos que iba a seguir siendo así pero llevamos cuatro o cinco campañas malas», señala Alfonso Ruiz, presidente da Asociación de Industrias del Calzado y Conexas de La Rioja. «El principal problema es que se está dejando de vender calzado». Alfonso lo llama la «tormenta perfecta». El consumo ha variado sobremanera en los últimos años. «Antes se usaba a diario y ahora la gente usa deportiva hasta para las bodas, además están las grandes cadenas como Zara o Mango que venden mucho zapato mucho más barato». También está la venta online. «Todo el mundo en Arnedo está entrando en ese tipo de ventas, pero eso es una jungla en la que las pequeñas y medianas empresas no son tan visibles». Por otro lado está la crisis de las tiendas de barrio. «No sólo afecta a las zapatería pero esa forma de vender zapatos está desapareciendo».

Otro problema del sector está relacionado con situaciones internacionales como la subida de las materias primas tras la guerra de Ucrania o el incremento de los precios de otros productos «que reduce las posibilidades de comprar productos de alta calidad como el zapato de Arnedo», comenta el alcalde.

Falta de relevo generacional

Pero quizás los dos mayores problemas del sector, y los más complicados de solucionar, son intrínsecos a él mismo. Por un lado el relevo generacional y por otro la externalización de buena parte de la producción a terceros países.

«Hay una falta de relevo generacional brutal», asegura Javier García. «El sector no es atractivo para nadie», cuenta Diego, que lleva décadas trabajando en él. «La gente joven no quiere entrar porque saben cómo han terminado sus padres, la gente se jubila ‘escacharrada’, con las lumbares destrozadas, es un trabajo muy duro por poco más de 1.200 euros el mes en muchos casos». Y así no hay forma. Muchos entonan también el mea culpa. «Es un sector que está muy desprestigiado, muchas veces por nosotros mismos, nuestros padres siempre nos han animado a estudiar para no terminar en la fábrica», dice el alcalde. Un comentario que ha hecho mucho daño al sector en el propio municipio.

Alfonso Ruiz entiende que se trata de un problema pero que no es prioritario. «Se está hablando mucho de la falta de relevo generacional pero eso trasciende al sector del calzado, está pasando en muchos otros sectores en municipios pequeños como Arnedo». Ahora la industria del calzado está «importando mano de obra». Son muchos los inmigrantes que están entrando en el sector no sólo en las cadenas de producción. Javier García lo confirma: «Si Arnedo está ganando en población es gracias a la inmigración».

Para Ruiz el problema de la falta de relevo generacional no está tanto en la base del sector como en la punta de la pirámide. «Donde hay una clara falta de relevo generacional es en las direcciones de las empresas, nos hemos empeñado en que nuestros hijos estudien fuera otras cosas y ahora nos vemos con empresas en las que, en pocos años, se van a jubilar sus direcciones y no va a haber nadie para relevarlos».

Formación y trabajo cualificado

«Lo que necesita el sector es mano de obra cualificada». Y aquí llega otro de los problemas: la falta de formación. Existen grados de diseño de patronaje, «pero no se está enseñando el oficio». Además, «tampoco existen los contratos de relevo y algunos se están dando a personas de 50 años porque tienen experiencia pero esa no es su función». «El problema es que se ha enseñado a hacer zapatos en Marruecos, en China, en India y han aprendido y ahora nos echamos las manos a la cabeza porque en unos años hemos pasado de 4.400 trabajadores del sector a 3.000», dice Diego desde CC.OO.

Desde la patronal no ven ese problema como tal. «En los años 90 ya se hablaba de que se iba a hacer todo en China y aquí seguimos, fabricando zapatos en Arnedo», comenta Alfonso Ruiz. «La mayoría de las empresas que han montado fábricas en esos países no han cerrado sus cadenas en Arnedo, lo que han hecho es expandirse en otro sitio». Además se pregunta «¿realmente queremos eso para Arnedo?». Él apuesta por trabajos que tengan más que ver con la comercialización del zapato. «Son trabajos de más cualificación y esos sí podrían atraer a nuestros hijos que se han ido de aquí».

Y es que el convenio del calzado es «ruinoso» según los sindicatos. «Es un sector mal remunerado que necesita una homologación con convenios similares al de otros sector industriales», asegura el alcalde de la ciudad.

Posibles soluciones

Los diagnósticos están claros y las consecuencias también pero cada uno cree que hay unas medidas que poner encima de la mesa. «Por eso era tan importante una mesa en el Parlamento», dice Javier García, que lo propuso hace unos meses. Alfonso Ruiz cree que el sector necesita «más cariño de las administraciones» aunque reconoce que «en el último años y medio hemos visto que están más por la labor de hacer cosas».

Aún así echan de menos ayudas para paliar los problemas del sector. Lo que han llamado como la ‘destilación del calzado’. «Aquí la empresa que cierra lo hace con pérdidas enormes, nunca ha habido ayudas cuando al sector le va mal, ha habido para innovación pero cuando cuando han ido mal las cosas siempre hemos salido por nuestra cuenta: o reinventándonos o cerrando».

La formación, la mejora de las condiciones laborales, la profesionalización en la internacionalización son algunas de las soluciones que además tiene que trabajar el sector. «Un sector que está en buenas manos», recuerda el alcalde de la localidad. «Yo soy a pesar de todo optimista porque el sector ha salido de muchas crisis anteriores con imaginación, profesionalización, levantándose cada día buscando nuevas ideas», comenta Alfonso Ruiz.

A pesar de los retos que enfrenta el sector del calzado, sumido en una crisis que ha desafiado a muchos de sus actores, hay motivos para el optimismo. La innovación y la sostenibilidad se presentan como claves para revitalizar la industria. Las empresas tienen la oportunidad de adaptarse y reinventarse, explorando nuevas tecnologías. Además, la colaboración entre diseñadores, fabricantes y consumidores puede abrir puertas a soluciones creativas que impulsen el sector hacia adelante. Si se aprovechan estos cambios, el futuro del calzado puede no solo ser viable, sino también próspero, mostrando que, incluso en tiempos difíciles, la resiliencia y la adaptabilidad pueden llevar a nuevas oportunidades.

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