La Rioja

Logroño, ciudad universitaria: ¿a qué precio?

La Universidad de La Rioja (UR) dio comienzo al nuevo curso académico 2024-2025 el 4 de septiembre. Aunque todos sabemos que el verdadero inicio se da una vez terminan las fiestas de San Mateo. Sea como fuere, la UR ha acogido, como en cada nuevo curso, a alumnos tanto de La Rioja como de otras comunidades autónomas. Entre grados, másters y doctorados, hay más de 4.800 matriculados, de ellos más de 1.650 de fuera de nuestra comunidad autónoma.

Los estudiantes que vienen de fuera de La Rioja, incluso algunos de aquí, rara vez viajan en el día a la capital riojana para recibir clases. Por eso, lo normal es que la mayoría de los estudiantes opten por buscar un sitio donde poder hacer su vida cerca de la universidad mientras dure el curso. Por tanto, la única opción que tienen es alquilar una habitación, ya sea en una residencia o en un piso compartido, a no ser que un familiar cercano tenga una habitación libre durante los nueve meses que dura el curso -nueve… si todo va bien, claro-.

Entonces, la gran pregunta que se les viene a muchos estudiantes a la cabeza cuando son admitidos en la universidad es: ¿piso o ‘resi’? Ambas opciones pueden parecer más o menos parecidas, al fin y al cabo es pagar por una habitación, pero cada una tiene sus ventajas y desventajas.

La mayoría prefiere buscar un piso compartido, ya que parece ser la opción más asequible. Según el informe de precios de alquiler elaborado por portal inmobiliario Idealista, el precio medio del alquiler en Logroño es de 8,4 euros por metro cuadrado, mientras que la media nacional se sitúa en 13 euros. Además, separando al municipio por distritos, la zona universitaria es ligeramente más barata, situándose en 8,1 euros. Esto se traduce en que un piso estándar de tres habitaciones que mida unos noventa metros cuadrados puede costar en torno a 750 euros al mes, que dividido entre tres daría a unos 250 euros por habitación. A esos precios habría que añadir los gastos de luz, agua y wifi, como mínimo, lo que elevaría el gasto mensual a unos trescientos euros por cabeza. La diferencia es muy grande respecto a otras ciudades universitarias, como Bilbao, donde solo una habitación cuesta en torno a 560 euros.

Sabiendo que los alquileres en Logroño se sitúan alrededor de esos precios, son muchos los estudiantes que optan por hacerse con una habitación en un piso compartido. Ante esta situación, ¿la oferta cubre la demanda? José Antonio Solozábal, gerente de Inmobiliaria Solozábal, afirma que, en su caso, “siempre se cubre la demanda” de pisos para alquilar durante el curso.

“Sobre todo, y como es lógico, un porcentaje altísimo corresponde a las zonas más cercanas al campus universitario. Si divides a Logroño en cuatro cuadrantes, la zona noreste es la más solicitada; desde el centro, a la altura del Espolón, y la Avenida de la Paz, hasta el límite del Ebro”, subraya. En cuanto a la modalidad de alquiler, lo más habitual es encontrar pisos completos, pero no es raro ver ofertas de habitaciones sueltas en pisos compartidos. “En nuestro caso solo alquilamos pisos completos y de larga estancia, pero sí que se puede encontrar de todo”, reconoce Solozábal.

A la izquierda, Joaquín Fernández, y a la derecha, Ibai Arcelus. Son compañeros de piso este curso.

Joaquín Fernández e Ibai Arcelus son dos estudiantes navarros, de Tudela y Aoiz ,respectivamente. Además de ser compañeros de clase, también comparten piso este año junto con otro joven. Joaquín lleva dos años viviendo en el piso en el que están ahora, donde pagan 800 euros por el piso completo con gastos aparte: “Cada uno ponemos 320 euros y es más que de sobra para cubrir el precio del alquiler y todos los gastos que tengamos”. Reconoce que, de no haberse quedado también este año viviendo ahí, “el casero tenía en mente subir el precio a los siguientes que entraran o directamente convertirlo en alojamiento turístico”.

La vivienda se encuentra ubicada a escasos metros de la nueva estación de autobuses, algo alejada del campus universitario; sin embargo, reconoce que “al ser de fuera, prefiero estar más cerca de la estación que de la universidad. Sobre todo por el tema de venir con la maleta o con bolsas de comida, especialmente cuando llueve”.

Ibai, por otro lado, estuvo viviendo el curso pasado en un piso distinto: “Una especie de piso-resi”, cuenta. Pagaba al mes unos 300 euros por la habitación ,“siendo una de las más pequeñas que había”, y 400 euros extra por un servicio de limpieza y comida, con el cual tuvo numerosos problemas a lo largo de su estancia allí. Por lo que, tras esa experiencia, decidió mudarse este año con Joaquín: “Si no llego a venir con él me hubiera planteado ir a una residencia”.

Como se puede ver, las condiciones y las experiencias en los pisos pueden ser muy variadas y requieren una búsqueda y análisis intensivos para intentar dar con el piso perfecto. Aunque el carácter, la personalidad y la limpieza de los compañeros de piso también influyen mucho en la experiencia. Es por eso que las residencias de estudiantes se erigen como una alternativa segura y eficaz que permite disponer de una habitación durante el curso sin muchas complicaciones, aunque eso supone tener que hacer una inversión más elevada.

Con esas facilidades, no es de extrañar que las residencias estén siempre llenas. Según cuenta Natacha Triana, directora de la residencia MiCampus Logroño, que este curso tienen una ocupación del cien por cien, situación que se repite todos los años. Sin embargo, comenta que “esta vez se ha llenado antes, para julio ya estaba todo vendido. Otros años no llenábamos hasta septiembre”, lo que indica que los estudiantes buscan asegurar su plaza con más antelación. De toda la gente que vive en su residencia, “entre un quince y un veinte por ciento repiten un segundo año. Luego, el tercer año, la mayor parte de los casos se van a un piso”.

David Casajús vive en una residencia de estudiantes desde hace dos años.

David Casajús es también compañero de clase de Ibai y Joaquín, y también es navarro, de Zizur Mayor. Sin embargo, a diferencia de sus compañeros y paisanos, los dos años que lleva estudiando en Logroño ha estado viviendo en una residencia. En su caso, como no conocía a nadie, optó por mirar residencias precisamente “para hacer amigos”, motivo habitual entre quienes se decantan por esta opción. Cuenta que estuvo mirando varias opciones, pero se quedó con la que está ahora “no por nada en particular, simplemente porque está muy cerca de la universidad”.

El curso pasado pagaba quinientos euros por una habitación individual con baño solo para él en la que únicamente compartía la cocina, pero este año ha pasado a compartir todo: la habitación entera con su cocina y su baño, y paga trescientos euros. Más allá de la propia habitación no hay nada más incluido; bueno, el agua, la luz y el wifi, pero nada más. No cuenta con servicio de comedor, ya que todos tienen una cocina equipada en sus habitaciones, y tampoco se incluye el servicio de limpieza, se paga aparte: “Solo dejan un carro con toallas y ropa de cama limpia y tú mismo te tienes que cambiar y limpiar todo”, comenta.

Por eso, Casajús reconoce que, con esas condiciones, “el año pasado el precio me parecía algo elevado para lo que tenía, además, las habitaciones son más bien pequeñas. Yo creo que se paga más por la ubicación en la que se encuentra la residencia que por la habitación en sí”. Preguntándole sobre qué tiene pensado hacer el curso que viene, ya tiene muy claro que se mudará a un piso: “Sobre todo porque la gente que conozco también se va, pero, además, porque un tercer año se nota mucho a nivel económico”.

La conclusión es que hay opciones, pero hay que tener muy claro qué se valora a la hora de escoger un alojamiento. Si se valora la comodidad y la facilidad, entonces la opción ideal podría ser una residencia, con el elevado precio que eso supone. Si el presupuesto es más ajustado, lo que se debe hacer es prepararse para llevar a cabo una intensa labor de investigación tanto de inmuebles como de compañeros.

Independientemente de la elección final que haga cada uno, lo que está claro es que Logroño se sitúa, con diferencia, entre las ciudades universitarias más asequibles de España.

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