El Rioja

Vino y paisajes otoñales en los ‘wine bars’ de La Rioja

Escrutan la carta de vinos. Ante sus ojos, una selección imponente selección de los mejores vinos de esta bodega jarrera. Ante las dudas compartidas, Vicente toma las riendas para romper la timidez inicial. El entorno es ideal, el esperado. El Ebro serpentea a sus pies en uno de sus muchos meandros a su paso por La Rioja Alta, la viña empieza a mudar su piel, dejando atrás los colores verdes del verano para tornarse en ocres tras haber dado su fruto en una nueva vendimia. A veces, decantarse entre un blanco o un tinto no resulta tan sencillo. “Comenzamos por el blanco, que me han dicho que está muy rico, y luego vamos viendo”, sugiere Vicente, dirigiendo esta cata informal en una ubicación envidiable. Llegados desde Valencia, “teníamos claro que la visita a La Rioja debía comenzar por este punto”, explica el grupo, sentado en uno de los wine bars que se pueden visitar en el Barrio de la Estación de Haro, en la mayor concentración de bodegas centenarias del mundo.

Carlos, Almudena, Vicente y Pablo, amigos desde hace años, habían planeado este viaje durante meses. Un viaje que tenía un único objetivo: descubrir La Rioja a través de su vino. Y qué mejor forma de hacerlo que en otoño, cuando las viñas empiezan a cambiar de color y la vendimia se respira aún en el ambiente. El escenario que han elegido para empezar su aventura es inmejorable: el Barrio de la Estación de Haro, un lugar donde la historia del vino riojano se entrelaza con el presente en cada esquina. Aquí, los wine bars de las bodegas centenarias abren sus puertas para ofrecer una experiencia íntima y sensorial, donde cada copa cuenta una historia familiar.

Sentados en uno de estos espacios, el mediodía avanza, y mientras saborean lo mejor de Rioja, charlan entre copas, viñas, y algo para picar. Forman parte de un lienzo vivo bajo la luz suave del otoño. Para ellos, este no es un simple viaje turístico. Han venido a vivir el vino, a entenderlo desde dentro, y los wine bars son el lugar perfecto para hacerlo, y están dispuestos a ir de La Rioja Alta a La Rioja Baja para conocer en estos espacios la diversidad de Rioja, tanto en paisajes, como en sabores y aromas.

El concepto de wine bar es relativamente moderno. Aunque las primeras versiones de estos establecimientos aparecieron en ciudades como París, Londres y Nueva York a finales de los años setenta y ochenta, su verdadero auge llegó a partir del año 2000, cuando el interés por el vino comenzó a crecer entre un público más joven y diverso. Los wine bars ofrecen una alternativa a los pubs y bares tradicionales, permitiendo a los clientes disfrutar de vinos por copa, y acompañarlos con una selección gastronómica de alta calidad.

En La Rioja, esta tendencia ha encontrado un terreno fértil. Las bodegas han adaptado sus espacios para crear wine bars que no solo sirven vino, sino que ofrecen una experiencia completa. En muchos casos, estos bares están ubicados en antiguos edificios de piedra o en salones históricos, donde los clientes pueden probar una selección de vinos mientras contemplan los viñedos que se extienden hasta el horizonte. Desde el Barrio de la Estación de Haro hasta el Barrio de Bodegas de Quel, en La Rioja Baja, pasando por la importante selección de wine bars con encanto que se pueden encontrar por todo el valle del Ebro riojano, el visitante dispone de una oportunidad única de descubrir la rica historia de la región a través de sus vinos. Su ruta la organizan de una forma muy cercana. «Vamos a un wine bar, y pedimos sugerencias y recomendaciones. Es la mejor forma de hablar con la gente y al mismo tiempo ir descubriendo sin mirar el reloj todos estos puntos extraordinarios que estamos encontrando por toda La Rioja».

Para Vicente, amante del vino, esta escapada es la realización de un sueño. “Siempre quise visitar La Rioja en otoño”, confiesa mientras saborea el crianza recomendado por el sommelier del wine bar. La suavidad del vino, con sus notas frutales y su color intenso, parece reflejar perfectamente el espíritu de la estación. La experiencia en un wine bar va más allá de simplemente beber una copa. Es un recorrido por los sentidos: el aroma del vino, la textura en el paladar, la vista del paisaje otoñal. Todo está diseñado para crear una conexión profunda entre el visitante y el vino.

Almudena captura con su móvil cada momento, intentando atrapar para siempre los tonos cálidos del paisaje riojano que se presenta a sus pies. “Es como si el otoño aquí fuera más intenso, más vivo”, comenta mientras toma una foto del viñedo que se extiende más allá de la terraza. La vendimia ha terminado hace apenas unos días, y en el aire aún se respira el trabajo de meses de preparación. Es este ambiente, impregnado de tradición y esfuerzo, La Rioja se convierte en un lugar especial para vivir el vino de una manera única.

Los wine bars no solo son espacios para degustar vino; son también puntos de encuentro donde la tradición vinícola se fusiona con la modernidad. En las últimas décadas, el enoturismo ha crecido exponencialmente, y estos bares se han convertido en un punto de acceso directo al alma de las bodegas. El enoturismo en La Rioja, impulsado por la creciente demanda de experiencias sensoriales, ha permitido a muchas bodegas reinventarse, abriendo sus puertas para compartir su historia y sus vinos de manera más cercana.

El enoturismo en La Rioja también ha facilitado que los visitantes puedan conocer distintas bodegas y vinos en un solo lugar. En los wine bars es posible probar una selección de etiquetas locales que reflejan la diversidad de la producción vinícola de la región. Desde jóvenes blancos frescos hasta tintos con años de envejecimiento en barrica, cada copa es una puerta abierta a los secretos mejor guardados de la región.

Foto: RIOJAPRESS/Fernando Díaz

Y el otoño es, sin duda, una de las mejores épocas para visitar La Rioja. Las viñas, que han dado su fruto durante el verano, se transforman en un espectáculo de colores, mientras el clima fresco invita a disfrutar de una copa de vino al aire libre. Sentarse en la terraza de un wine bar, con vistas a las viñas que se extienden hasta el horizonte, es una experiencia que conecta al visitante con el ciclo de la vida en el viñedo. Vicente, Carlos, Almudena y Pablo sienten, con cada sorbo, que están viviendo algo especial.

La visita al Barrio de la Estación en Haro es solo el comienzo de un viaje que llevará a este grupo de amigos por otros wine bars y bodegas de la región, de recomendación en recomendación, de sugerencia en sugerencia para conocer La Rioja Alta, disfrutar en los wine bars de las bodegas de Logroño y su comarca, y seguir este viaje hacia Tudelilla, Quel, Aldeanueva o Alfaro. Así están descubriendo algo fundamental: el vino es mucho más que una bebida. Es cultura, tradición, y, sobre todo, una experiencia sensorial que, en La Rioja, se vive intensamente en cada copa.

La Rioja en otoño es una invitación abierta a todos aquellos que quieran sumergirse en la cultura del vino. Los wine bars ofrecen la oportunidad de disfrutar de esta tradición de una manera cercana, relajada y llena de matices. Para Carlos, Almudena, Vicente y Pablo, este viaje es más que una simple escapada. Es una forma de conectarse con la esencia de La Rioja, una tierra donde el vino es más que un producto: es una forma de vida.

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