San Mateo

El ‘bluf’ de Fuente Ymbro

FOTO: EFE/ Raquel Manzanares

El encierro de Fuente Ymbro, pintado de torista al lado de los hierros de Zalduendo y Juan Pedro Domecq, pareció y estuvo dividido en dos partes. Una, la primera, tan lavadita de cara, tan discreta de hechuras, tan justita de casta y tan en la frontera de la línea del tiempo que convierte al novillo en toro.

De los tres primeros toros que saltaron hoy al ruedo de La Ribera, dos, primero y tercero, habían nacido en septiembre de 2020; el que hizo segundo vino al mundo tan solo un mes antes. Los dos trofeos que se pasearon esta tarde fueron, precisamente, de los imberbes toros cumplían estos días los 4 años.

Foto: Edu del Campo

La otra mitad del encierro bien es cierto que creció en edad, en cara y trapío. Tocado arriba de pitones, más alto y hecho cuesta arriba fue el toro cinqueño corrido en cuarto lugar; hondo, largo, cuajado y con más cara fue quinto; cerró plaza y feria el toro más armónico dentro de este encierro de Fuente Ymbro, falto de clase y recorrido en su conjunto y, por lo tanto, también decepcionante.

Discretas fueron las peleas en el caballo de los toros jóvenes; con algo más de pujanza y fijeza se emplearon en distinto grado los toros con edad; alegre fue la primera vez al peto el quinto y con un solo pitón aunque con fuerza peleó el último en los dos puyazos que recibió.

Foto: Edu del Campo

Una media de Ortega para colocar a su primer enemigo en el caballo y un torero y flexionado inicio de faena fue lo más valioso del primer contacto del trianero en Logroño. Una serie de naturales a lo sumo y las toreras formas de andar por la cara del toro fue todo lo que le permitió al trianero aquel animal de Fue te Ymbro falto de finales y recorrido. Un trofeo a aquellos detalles resultó algo generoso y pareció poner los triunfos de la tarde en bandeja.

Muy frenado llegó al último tercio el cuarto toro de la tarde, que embistió de salida también desentendido. Ortega, ahora, quedó inédito.

Venciéndose por el pitón derecho y con las manos por delante se presentó en la arena el toro segundo, que también clavó los pitones en la arena al salir de uno de esos cambiados por la espalda con los que Roca Rey pareció meterse al público logroñés en el bolsillo. Tan corto se fue quedando el de Fuente Ymbro que hasta llegó a voltear al peruano. A partir de ahí, el pundonor y el arrojo de Roca Rey terminó encontrando tan solo el fallo a espadas.

Foto: Edu del Campo

Como renqueante de aquella voltereta y después de pasar por la enfermería, Roca Rey se enfrentó al toro de más poder de la tarde. Exigente en su tranco, repetidor, regalando miradas y sabiendo lo que siempre se dejaba detrás. Recorrió mucha plaza Roca Rey a medida que regaba el ruedo de pundonor, no mucha estética y menos limpieza. Unas bernadinas con el aviso ya sonado parecieron prólogo a un triunfo que se esfumó con un toro que se puso gazapón y al que Roca Rey cazó al paso y de aquella forma.

Paseó Aguado un trofeo de su primero por un trasteo de escasa reunión, menos apreturas aunque impregnado de cierto empaque y donosura. Un natural y un despacioso kikirikí fue todo lo que se llevó al desolladero las mortecinas acometidas de un toro que siempre quiso salir suelto y desentendido de toda pelea. Las formas de salirse de la suerte con la espada desmerecieron aquellos pasajes aislados aunque de cara y bella factura.

Foto: Edu del Campo

Una tanda en redondo de trazo curvo, gran hondura y como ralentizada fue casi todo lo que vino a poner fin a una feria triste y oscura como ninguna. Aguado ahora estuvo fatal con los aceros.

La ficha

Plaza de toros de La Ribera. Cuarta de abono.

Más de tres cuartos de plaza.

Toros de Fuente Ymbro, desiguales de presentación y poco juego, excepto el exigente quinto.

Juan Ortega: oreja

Roca Rey: silencio tras aviso y silencio tras dos avisos.

Pablo Aguado: oreja y silencio tras aviso

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