San Mateo

Urdiales hace el toreo y Talavante corta las orejas

FOTO: EFE/ Raquel Manzanares

Que sonara el pasodoble del Zapato de Oro en el paseíllo y unas leves palmas al romperse este fue todo el homenaje que la afición riojana tributó a Diego Urdiales hoy en Logroño. No ya sólo por su 25 aniversario como matador de toros, también en recuerdo a aquella faena de hace justo un año y y un par de días que aún no somos capaces de transmitir con palabras y sí imitando con gestos aquellas formas de torear.

No fue ese el único desdén que hoy La Ribera tributó a Urdiales. Dolió cómo Logroño celebró, no sin euforia, que Talavante brindara al público su último enemigo de la tarde, aun cuando para entonces no había dado ni un muletazo medio en condiciones.

Foto: Edu del Campo

Cierto es que Juan Pedro Domecq echó por chiqueros el toro actual. O, lo que es lo mismo, su toro, que no es otro el que es trémulo y débil durante los primeros tercios y, luego en la muleta, saca ese fondo de casta que le permite desplazarse y coger y perseguir los trastos con cierto son y compás. Pero ocurre que es necesario manejar ese fondo de casta con mimo, suavidad y ternura.

Ni mimo, ni suavidad, ni ternura tuvieron los inicios de las dos primeras faenas de Talavante. Tan exigente su primera a pies juntos y dejándose tocar tanto las telas en el que hizo cuarto. Aquella falta de sutileza y temple dieron al traste con cualquier posibilidad de triunfo y de toreo.

Foto: Edu del Campo

Decía que llegó aquel brindis al pueblo tan jaleado en el sexto. Y otra vez los tirones, los toques bruscos y la falta de sutileza. Brotaban las series cortas, poco ajustadas, pero ¡ay, amigo! Talavante las remataba con cambiados por la espalda y eso es poco menos que caviar. Aunque, en verdad, es algo tan basto como un plato de habas. Fue corto tal trasteo que el extremeño cimentó cerca de terrenos de chiqueros y entró la espada y aquello se convirtió en un triunfo tan celebrado como baldío.

Ni Talavante debió pasear dos orejas ni Urdiales tan solo una. El toreo es otra cosa y quien hoy lo hizo fue Urdiales. Por encima de todo, al lidiado en tercer lugar. Vino a corregir la tablilla la fecha de nacimiento del animal: febrero del 2020 dijo ésta, mientras que el programa marcaba diciembre de 2020.

Salió siempre suelto del capote de Urdiales cuando embestía por el pitón derecho, mas no ya en la muleta. Fue la obra de Urdiales un tratado de tauromaquia impreso en sepia, si no en blanco y negro.

Foto: Edu del Campo

Desde los ayudados en el inicio hasta la última serie a pies justos y tan enfrontilado. Todo surgió tan sutil y tan grácil. Ni un tirón, ni tampoco un enganchón. Sólo un torero con una carrera macerada en silencios, en desgarros en incomprensiones e injusticias como la de Urdiales es capaz de entender y someter de aquellas formas a un toro tan pobre de todo.

Un inoportuno pinchazo se llevó el premio a tanta hondura nacida de aquellas maneras de modelar en buen toro a aquel animal tan vulgar.

Fue esto lo que ocurrió también en el primer capítulo de la tarde. Otro toro que no decía nada y que la suavidad, el temple y la torería de Urdiales transformaron en otra cosa diferente.

Foto: Edu del Campo

Fue a más el toro gracias al planteamiento de Urdiales, de sus formas, de su manera de hacer las cosas. Solo así puede entenderse que el de Juan Pedro se tragara al final una serie plena de sometimiento por mano baja y trazo curvo. Entró esta vez el estoque de Urdiales y el riojano paseó un trofeo.

Muy malo resultó el quinto: tan frenado de salida, de tan poco recorrido. Solo sirvió para que Manolo Burgos se luciera a caballo y Tito con los palos. Brindó Urdiales a su picador una faena que nunca fue.

Foto: Edu del Campo

Mientras Talavante era izado en hombros, Urdiales caminaba con su torería y su saber a cuestas. En resumen, Juan Pedro estuvo en Juan Pedro, Urdiales en Urdiales y Talavante en Talanvare. El público, en público.

La ficha

Plaza de toros de La Ribera. Tercera de abono.

Tres cuartos de plaza.

Toros de Juan Pedro, justitos de presencia, de raza y de casta. El mejor fue el lidiado en sexto lugar. Malo resultó el quinto.

Diego Urdiales: oreja tras aviso, ovación con saludos tras aviso y silencio.

Alejandro Talavante: silencio, silencio y dos orejas.

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