A Pablo Hermoso de Mendoza le ha llegado la hora de decir adiós. A sus 58 abriles nada aparentados (Estella 11/04/1966), este caballero se prepara para pronunciar su adiós definitivo de los ruedos. Es el momento de recibir el cariño de la afición y no el de entrar en polémicas por todos consabidas. Se va Pablo. Se va el puntal alrededor del que durante más de veinte años se ha estructurado la feria de San Mateo. Para Pablo, Logroño fue la primera piedra de su faraónica tauromaquia. Con su adiós, también se va un trocito de Logroño.
– Usted ha sido la piedra angular de la feria matea durante las dos últimas décadas. ¿Qué sensaciones tiene a pocas horas de despedirse de Logroño?
-Como en otras plazas significativas, aflora la nostalgia y también los recuerdos. Es inevitable mirar atrás y recordar la cantidad de momentos maravillosos vividos en La Ribera. Pero, por otro lado, también está la felicidad de saber que he firmado una carrera espléndida, que la vida me ha sonreído y me ha tratado de una manera privilegiada y es el momento de decir adiós. Que es un momento bien elegido y pensado, sabiendo que he hecho muchas cosas importantes y a la vez tengo la certeza de que aún hoy sigo dejando buenas sensaciones en la plaza.
– ¿Por qué ahora la despedida?
– Creo que no tenía que prolongar mucho más mi carrera. Me voy estando aún en plenitud, pero sabiendo que, a mis 58 años, en cualquier momento puede empezar la cuesta abajo. Además, al estar toreando Guillermo sé que puedo seguir viviendo la fiesta de los toros a través de él.

– Tengo entendido que Logroño fue muy importante en sus inicios.
– Mi relación con Logroño empieza cuando cumplí 14 años. Fue entonces cuando, hacia el año 1980, mi padre montó una hípica en Pradoviejo y entonces me viene a vivir con él aquí para dedicarme al mundo del caballo trabajando en ese negocio. Y estando en Logroño, es donde surge la afición por ser rejoneador, después de ver torear por TVE a Álvaro Domecq, Manuel Vidrié y Joao Moura una tarde en Madrid. Aquello fue el detonador que despertó en mí el enamoramiento por eso que había visto y que al mismo tiempo yo quería conseguir. Me apasioné. Era un sueño inalcanzable, pero
empecé a jugar a eso.
Además, por aquel entonces, yo dirigía la calesa que llevaba a los vendimiadores hasta l aplaza de toros y tenía mi sitio en la plaza en el burladero de los picadores, donde aprendía mucho gracias a sus comentarios. Ahí comenzó mi educación taurina.

– Pero sólo de escuchar comentarios uno no se hace figura del rejoneo
– No, claro que no. Eso me sirvió para aprender. Luego estaban las infinitas horas de entrenamiento al lado de Miguel González Villahoz, ‘Miguelito’, alguacilillo de ‘La Manzanera’, que se convirtió en mi mayor impulsor. Venía por las noches a aquella hípica y me hacía toros. Me perseguía con una escoba, con un trapo o con lo que fuera porque no teníamos ni carretón. Hablábamos mucho de toros.
– ¿Pensaba llegar adonde ha llegado?
– En absoluto. Nunca me atreví ni siquiera a soñar con las cosas que me ha regalado la vida y la profesión. Mi planteamiento siempre fue el de poner un plus. Siempre creí que debía hacer algo más de lo que ya se hacía para poder abrirme paso. En esa búsqueda me hice sentir y creo que conseguí ser diferente del resto.
-¿Le ha faltado algo por conseguir en la profesión?
– En cuanto a éxitos, triunfos o reconocimientos, no. Me siento halagado por demás y se han dicho cosas de mí que hasta me han abrumado. Yo solo he sido un artista que se ha entregado a la profesión en cuerpo y alma, pero como tantos otros. Sí que se me han quedado muchas cosas es por descubrir, tanto en el mundo del toro como en el de la equitación. Son dos mundos apasionantes e inabarcables. La convivencia con el caballo, un caballo nuevo, la técnica de la equitación ha evolucionado.

– Cría caballos y toros
– Cuando compré la finca en Estella empecé a dedicarme a la crianza de estos dos animales. Yo soy más apasionado a la cría de los caballos y mi hijo Guillermo está más vinculado a la selección de los toros. Cada uno llevamos una parte de la ganadería.
Que yo me haya dedicado a la de los caballos me ha aportado parte de mi longevidad en la profesión porque he conseguido tener productos de mi casa, autoabasteciéndome de caballos magníficos que descienden de otros que llegaron a ser figuras del toreo. Eso me ha llenado de pasión y me ha permitido tener caballos para seguir adelante.
En cuanto a los toros, hemos criado animales de encaste murube y osborne. Hemos vuelto a lo de Murube y este año hemos lidiado los primeros toros de la casa en Calahorra y, aun habiedo de todo, creo que el balance ha sido más positivo que negativo.
– ¿Qué es más difícil? ¿conseguir un caballo torero o que su hijo sea figura del rejoneo?
– El rejoneador como el caballo tienen que nacer y luego querer ser. Luego la formación del caballo a mí me pilló más acostumbrado por años de aprendizaje y por ser algo que hacía con asiduidad. En cambio, Guillermo supuso buscar nuevas herramientas para intentar conseguir expresar todo lo que yo había recogido en mi carrera dándole forma técnica y a la vez que él entierra lo que debía hacer en la plaza. Todo eso ha dado resultado y a mí me ha enseñado mucho también.
– ¿Cómo le gustaría que le recordara el público logroñés?
– Siempre quiero que se me recuerde por mis valores. Como una persona sencilla, humilde y que siempre que me he vestido de torero he salido a dar todo de mí mismo.

Pablo Hermoso de Mendoza, en la primera de feria. EFE/Raquel Manzanares
– ¿Es posible alcanzar lo conseguido por usted por alguien que empiece hoy en esto desde cero?
– Yo creo que mi ejemplo, al igual que el de otros toreros de a pie o artistas de otras disciplinas, es importante porque si alguien como yo, sin ningún medio, ha conseguido alcanzar estas metas, cualquiera puede alcanzar sus sueños. Ahora bien, los tiempos cambian y hay que utilizar las herramientas que la vida te proporciona. Obviamente, hay que tener unas características mínimas, apasionarse con lo que uno hace y, por supuesto, trabajar mucho.
– Se habla de una decadencia en el rejoneo, ¿comparte esa opinión?
– Desde el 2008 se ha reducido el número de festejos. El rejoneo se ha resentido más porque al contar con menos festejos la incidencia es mayor. El relevo generacional ha sido lento, pero también en el toreo a pie desde Ponce y Juli hasta Roca Rey, pese a haber habido muy buenos toreros, ha faltado esa figura capaz de llenar las plazas.
Yo sigo liderando con otro ramillete de toreros el rejoneo y ahora estoy viendo que viene un grupo de toreros jóvenes arreando y haciendo las cosas muy bien y eso es algo positivo. Tenemos que ser conscientes de que los jóvenes que van a los toros quieren ir a ver a gente de su edad con quienes se sientan identificados. El toreo necesita de profesionales que, de alguna manera, transmitan una expresión juvenil y fresca en la plaza.
– ¿Qué será de Pablo Hermoso de Mendoza una vez que esté alejado de los ruedos?
– Aún me queda despedirme de alguna plaza en México, ya que prometí volver si se permite dar toros allí nuevamente. Seguiré montando a caballo con la misma pasión que ahora para descubrir más cosas del caballo caballo y seguiré muy de cerca la carrera de Guillermo para ayudarle en lo que pueda necesitar.


