Allá por finales de julio, cuando se hicieron públicos los carteles de la feria matea, ésta vino a saber a poco. Dos meses después, nada ha mejorado aquellas escuetas combinaciones de toros y toreros. Es más, la ausencia de Morante de la Puebla, sobrevenida días atrás por la triste enfermedad que el torero sevillano lleva arrastrando desde hace varios años, no hizo más que apagar buena parte del tímido y tenue esplendor que desprendía el programa taurino.
Pese a ello, deméritos de otros han conseguido que la feria taurina de San Mateo albergue ciertas ilusiones a las puertas de su inicio. Porque de la misma forma que Logroño merece mucho más en cuanto a toros, también merece mejores conciertos, una más atractiva oferta pirotécnica, un buen puñado de más actos o hasta un disparo del cohete al que puedan acudir los niños y jóvenes en edad escolar. Es decir, que si a las fiestas de la ciudad les faltan atractivos, la feria taurina, por muy parquita y previsible que pueda parecer, no puede ser diana de críticas furibundas. A muchos males, las quejas han de repartirse. Es lo más justo y sensato, creo yo.
Quizás se eche de menos al empresario afirmando que ya trabaja para que la feria taurina de 2025 sea la mejor de cuantas se recuerdan. O, al menos, que la próxima feria no sea sobre papel peor que ésta. Que es lo que ya se han apresurado a afirmar los responsables municipales del programa festivo de este año. Ver para creer.
Dicho lo cual, mañana hay toros y mañana iremos, o debiéramos ir a los toros. Quizás el del sábado sea el cartel menos atractivo, pese a reunir a tres toreros que andan firmando una muy buena temporada. Es verdad que uno no se explica muy bien qué pueden pintar Miguel Ángel Perera, Daniel Luque y Borja Jiménez con su poder y su valor a cuestas lidiando con la aparente endeblez de los toros de Zalduendo.
El domingo se despedirá de Logroño Pablo Hermoso de Mendoza, piedra angular de nuestra feria durante las dos últimas décadas. Como ya dijimos, es más que excesivo que el 25% del abono sea pasto de los rejones. Tampoco parece lógico que se lidie a caballo la corrida más torista del ciclo, con el hierro de Pallarés. Al cartel, compuesto solamente por Pablo y Guillermo, padre e hijo, le falta el Espíritu Santo de la sana competencia. Que conste. Y, por supuesto, ¡hasta siempre, Pablo!
¿Quién sustituye a Morante? Es la pregunta del millón. Del millón de veces formulada porque si, como todo parece indicar, finalmente es Borja Jiménez quien reemplaza al de La Puebla del Río, se cercena en buena parte el valor del cartel. Borja Jiménez va a sustituir a Morante en Salamanca y Borja Jiménez también se anuncia en solitario en el festival del Excelentísimo Club Taurino de Bilbao a mediados de octubre. Es como si los Choperas estuvieran emprendiendo una cruzada por hacerse con la carrera del torero sevillano. Ciertamente, Borja Jiménez no es mal torero y tiene una capacidad natural para estar bien (o no estar mal) delante de muchos toros. Viene también de firmar una muy buena temporada. Pero, pese a todo ello, no es el recambio de Morante para Logroño. No lo es ni por categoría ni por concepto. Tampoco puede doblar un torero en La Ribera cuando la feria se ciñe a solo tres tardes y hay muchos toreros que se han quedado sin venir a San Mateo. Y tampoco puede ser que Borja Jiménez, que se abrió paso en el toreo con los toros de Victorino, vaya a despenar a orillas del Ebro animales de Zalduendo y Juan Pedro. A nada que no se le dé mal su comparecencia de mañana, es muy posible que repita el lunes. Una orejita acaso ya puede ser botín suficiente. En fin. Como si no hubiera más toreros…
Las soluciones para que la tarde en la que se anunciaba Morante no pierda categoría pasan única y exclusivamente por anunciar a cualquiera de los toreros acartelados el martes. En su defecto y aunque a otro nivel, ahí están los Emilio de Justo, Rufo, Fortes, Galván, Curro Díaz o hasta Mario Navas.
Sustitución al margen, no podemos olvidar que el lunes torea Diego Urdiales; es nuestro torero, anda celebrando sus bodas de plata en el toreo y la pasada temporada firmó la obra más bella de cuantas se han llevado a cabo en Logroño en mucho tiempo, si no en todos los tiempos. Su temporada, aunque incomprendida por las mayorías, ha estado salpicada de torería y su presencia en el cartel es un lujo y un privilegio. No dejen de ver a Urdiales, su toreo llena las almas de quienes tienen la suerte de contemplarlo. Completará la tarde un Talavante del que casi siempre se espera más de lo que últimamente hace en el ruedo.
Cerrará la feria un cartel deslumbrante. Juan Ortega, posiblemente quien mejor torea en estos momentos y al que cada vez le sirven más toros para hacer ese toreo despacioso, sutil y desbordante de gusto, empaque y pellizco; Roca Rey, máxima figura en la actualidad; y Pablo Aguado, otro tocado por las deidades de la torería y la pinturería. Además, se enfrentan a un encierro de Fuente Ymbro, pintado como torista para aplacar las ansias de bravura y casta de entre los pocos aficionados que empezamos a quedar por estos lares.
Y es que si a la feria le faltan tardes (en plural), lo que realmente falta es el toro o, en su defecto, una divisa en buen momento. Pero es lo que tenemos. Suena mal hablar de bueyes cuando lo hacemos de toros, pero con ellos araremos.
Eso sí, vayamos a los toros y luego ya nos quejaremos si fuera necesario.
¡Viva San Mateo! ¡Y viva la fiesta de los toros!


