Tres denominaciones diferentes, unas cuantas variedades de uva y otros tantos vinos distintos. Este es el contexto en el que se maneja David González su segunda vendimia en el Grupo Peralada que, calcula, se prolongará durante unos dos meses. Hace ya varias semanas que comenzó en la bodega de la DO Navarra y prevé para el próximo martes dar el pistoletazo en la de Rioja, en Viña Salceda. Y aunque será en Ribera del Duero en donde ponga punto y final a la cosecha 2024 sabe que en algún momento la faena se va a solapar en las tres denominaciones. Pero este enólogo sabe sacar el punto atractivo a este encaje de bolillos y aprovechar esa diversidad varietal para crear vinos de gamas y estilos muy variados. Los días previos a cortar uva son los más complicados ya que el trabajo de organización se centra en visitar de todas y cada una de las viñas para hacer una clasificación por calidades en función de cómo estén las uvas para luego decidir las mezclas. «Pero si haces esto bien, luego en vendimias es mucho más fácil porque todo el mundo sabe qué tiene que hacer y cada uva tiene su protocolo».
Una viña de tempranillo tinto que está próxima a la bodega de Elciego será en la primera en la que entren los cestos para cargar la uva, la misma viña que la campaña anterior fue la última en vendimiarse. «La maduración ha sido diferente estos dos años y sobre todo por los problemas que sufrió la vegetación en 2023. Las cepas se quedaron sin hojas a causa de la sequía y la uva estaba peor, pero este año está ya listo para vendimiar porque ha madurado mucho mejor. Aunque la meteorología no ha sido tan adversa como el año pasado, lo que más ha marcado la diferencia de un año a otro es el manejo de la vegetación porque durante esta campaña se ha hecho mucho más hincapié en ello. Una gestión en la que hemos priorizado las necesidades de nutrición de la planta y hemos apostado por menos despuntes que al final le han devuelto mayor viveza a la vid. Y eso se ve a a simple vista comparando mismamente las cepas de esta viña, que tienen unas hojas más verdes, con otras parcelas colindantes que no han recibido ese mismo trato y que se ven más amarillentas a causa de la sequía».
González tiene claro que a la planta hay que darle lo que necesita. Esta finca de tempranillo de unas 10 hectáreas ubicada en lo alto de una terraza sobre el río Ebro es el claro ejemplo: «Poquitas uvas, racimos no muy grandes, un suelo cascajoso con arcilla por debajo y unas plantas bien alimentadas. En la mayoría de casos el color de las hojas marca una falta de algún nutriente, como puede ser potasio o magnesio, por ejemplo, y eso hay que tratarlo. Ahora también hay productos en ecológico que funcionan muy bien para el estrés hídrico y, aunque en nuestro caso no estemos certificados, intentamos usar cada vez menos tratamientos y atendiendo a las necesidades de la viña».

David González, con el nuevo vino de Viña Salceda. | Foto: Leire Díez
Aunque la joya de este año va a parar al pueblo de al lado, Laguardia. Allí, justo debajo de la Peña del León de la Sierra de Cantabria, la bodega cuenta con un viñedo de algo más de 5 hectáreas a 658 metros de altitud, lindando con los matorrales del monte y algún que otro rastrojo donde hace escasos meses había cereal. Y buena cuenta dan de ello las huellas de corzo y jabalí que han dejado hace pocas horas por los diferentes renques. De estas cepas plantadas hace cuatro años van a salir 13.422 botellas de La Rellanilla, el nuevo vino de Viña Salceda que, además, va a ser el primero de Rioja en lucir en su etiqueta la nueva indicación creada por el Consejo Regulador de la DOCa para plasmar el nombre del municipio donde se ubica el viñedo del que proceden las uvas que se elaboran para dicho vino. Un municipio que también puede ser diferente al pueblo donde está ubicada la bodega siempre y cuando este sea limítrofe. Una novedad que ya se anunció a comienzos de este año pero cuya resolución no se publicó de manera oficial en el BOR hasta este pasado mes de agosto.

Racimos de tempranillo en un viñedo de Viña Salceda. | Foto: Leire Díez
Así, La Rellanilla 2023 que está a punto de salir al mercado, lo hará con la indicación de ‘Viñedo en Laguardia’ en su etiqueta. «Desde la bodega nos interesa mucho que salga con esta categoría y a mí personalmente me parece bien que se especifique el lugar del que proceden las uvas que usamos», apunta el enólogo. Está previsto empezar a vendimiarla en unos diez días y es que pese a su altitud, González asegura que esta finca se vendimia antes que las viñas que están más bajas. «Al no haber estrés hídrico ni altas temperaturas, la uva no pierde días de maduración sino que gana en todos, mientras que las viñas de abajo se pueden bloquear más a causa del calor. Esta es una viña temprana también por el material vegetal que tiene y además siempre trae pocos kilos, con racimos muy sueltos que no se parecen en nada a los tempranillo más típicos de la denominación. La maduración es totalmente distinta por la diferencia térmica que existe y por las nieblas que muchas días al amanecer salpican las viñas. Pese a la lluvia que ha caído, esta última semana está viniendo inmejorable en cuanto a frescor y viento, por lo que muy mal se tiene que dar para que se tuerza todo a última hora», confía.
Más que elegir el viñedo, González asegura que el viñedo les eligió a ellos: «Se plantó con muy buenas intenciones porque se usó un material vegetal muy bueno y se optó por ponerlo en altura. Cuando elaboramos las uvas el primer año lo hicimos por separado para conocer qué daba esta finca, aunque entonces teníamos en torno a un 50 por ciento del papel, pero salió un vinazo. El segundo año, ocurrió lo mismo. Y ya el año pasado vimos que esto había que elaborarlo por separado para un único vino porque tiene unas características especiales que destacan mucho sobre el resto y es que parece más un vino de viña vieja. No se plantó para eso pero acabó teniendo un destino claro».

La Rellanilla, el nuevo vino de Viña Salceda. | Foto: Leire Díez
Con el propósito de preservar las características de lo que es la uva de Laguardia este vino no pasa por barrica sino que envejece durante seis meses en depósitos de hormigón con sus lías finas antes de embotellarse. «Los vinos de toda la vida no tenían barrica porque la madera llegó hace cien años, así que queríamos ir a la pureza de esta zona, donde siempre han predominado los vinos de maceración carbónica y con bastante potencia. Nosotros no lo elaboramos por este método pero sí lo hacemos sin estrujar por lo que mantiene en parte ese punto. Lo que queríamos y hemos conseguido es que el vino marcara toda la fruta posible reflejando al mismo tiempo todo lo que puede dar la parcela. Es que además sin usar sin la madera ya es un vino con mucha estructura y carácter».
Y aunque en este caso el protagonismo se lo lleva un único viñedo, la filosofía de Viña Salceda es poner en valor el arte de saber combinar y crear algo especial. Desde Elciego hasta Laguardia pasando por Navaridas, Baños de Ebro, Ábalos, San Vicente de la Sonsierra y Labastida, e incluso llegando a Arenzana de Arriba, Arenzana de Abajo, Badarán y Cordovín. «No se trata de hacer un vino que sea exclusivamente de una viña o de Rioja Alavesa, porque nos hemos dado cuenta que con un porcentaje de garnacha del Alto Najerilla le aporta un punto de frescura muy interesante. También hacemos un vino que es de la Sonsierra donde empleamos viñas de diferentes municipios pero que cada año pueden cambiar o incluso las proporciones pueden ser diferentes, todo dependerá de cómo vaya ese año y lo que nos parezca mejor usar. Lo que buscamos es trabajar más con la idea de lo que ha sido siempre Rioja, donde los vinos no eran solo de una única parcela sino que eran vinos donde se combinaban las diferentes subzonas en busca de lo mejor», sentencia.


