Toros

Diego Urdiales: naturales de oro para celebrar sus bodas de plata con el toreo

Roto el paseíllo y arreciando el aguacero, una locución en francés vino a recordar los veinticinco años de alternativa de Diego Urdiales en este mismo ruedo de Dax. Y allá donde Paco Ojeda, en presencia de Manuel Díaz ‘El Cordobés’, le cedió los trastos a Urdiales, recibió el riojano un recuerdo de tal efeméride de manos del alcalde de Dax y del presidente de la Comisión Taurina de la ciudad gala. Poco parecía quedar del joven de rostro barbilampiño y afilado y cuerpo enjuto embebido en aquel vestido blanco y plata.

Como si la torería, la dignidad, la pureza y la integridad que han acompañado a Urdiales en este viaje de 25 años, infinitos sacrificios, incontables esfuerzos, no menos desprecios y unas cuantas tardes de apabullante gloria, hubieran henchido el cuerpo del torero, el terno caña y azabache parecían vestir al hombre hecho y, por supuesto, al torero consagrado.

FOTO: Javier Cámara.

Un reflejo de aquella torería labrada en el tiempo fue el saludo a la verónica. Esculpió y cinceló Urdiales verónicas de suma suavidad, tremendo compás y la cadencia precisa. Pecho, cintura, palmas y muñecas en perfecta conjunción. Ganando siempre terreno y rematando en los mismos medios del ruedo que alumbró al torero cinco lustros atrás. Fue el de La Quinta un toro áspero en el caballo, siempre con la cara alta y siempre queriéndose quitar el palo.

Entre la sosería y el cortar en banderillas, ‘Pasoslentos’ llegó a la faena de muleta como en baja definición. Asentado, sin apretar y dando sitio intentó Urdiales abrir unos caminos de los que el toro de La Quinta salía como desentendido y con la cara alta.

FOTO: Javier Cámara.

Una tanda al natural, nacida con el estaquillador asido con las yemas, rebosó temple y pareció encontrar la senda de la profundidad. No terminaba de romper ‘Pasoslentos’, tan fiel a aquella sosería de los inicios.

Arrebatado el torero, esperó aquellas embestidas que parecían llegar como dormidas para instrumentar ahora una tanda en redondo que alcanzó elevadas cotas de hondura.

De uno en uno, ofrecidos los vuelos y el pecho terminó Urdiales al natural aquella obra impregnada siempre de tanta torería. La espada se llevó cualquier opción de premio.

Fue la tarde más un recuerdo de aquella alternativa que una celebración en sí. Se tornaba la fiesta en un reto, pues en eso se convirtió un compromiso de tal responsabilidad, con los toros de La Quinta y con Daniel Luque, que en Dax en poco menos que Dios, presente en una tarde a la Urdiales llegaba desmadejado, con una costilla rota y tres fisuradas de aquella paliza en Azpeitia.

FOTO: Javier Cámara.

Vino a desordenarse la lidia en el cuarto, que antes de acudir al relance al caballo una primera vez y otra que terminó sin que Burgos enterrara la puya, el de La Quinta se había vencido hasta en dos ocasiones en el saludo de capa de Urdiales.

Mando, firmeza y aplomo fueron reduciendo las asperezas que arrastraba cada embestida del que hizo cuarto, tan brusquito y protestón. El esbozo de un natural desperezó unas bondades que Urdiales consiguió materializar en naturales monumentales. No serían más de veinticinco, uno por cada año de doctorado. Todos tan solemnes, tan mecidos y reunidos. La figura tan erguida, las platas tan asentadas, los riñones tan hundidos. Jalonados con la sobriedad del clasicismo y la pureza que han acompañado a Urdiales en su viajar hasta su encuentro con el toreo. Pidió Urdiales al público que se metiera en la faena, mas sonó la música y surgieron las protestas en los tendidos. Otra obra incomprendida; otra vez el toreo sin saber ser entendido. El arte sin respuesta, que viene a ser el sino de Urdiales esta temporada. Cuánta ingratitud. La espada y el descabello volvieron a darle la espalda al de Arnedo.

FOTO: Javier Cámara.

Antes de tal incomprensión, habían saltado dos importantísimos toros de La Quinta por bravura, casta, fijeza y transmisión. La abismal superioridad de Luque con la mano derecha no encontró respuesta al natural, que era por donde ‘Chamano’ reponía y se quedaba corto.

En redondo, Luque perdía pasos para unir derechazos en ciertos circulares, erigiéndose en una especie de torero omnipotente. La espada dejó el triunfo reducido a cenizas.

Rebosaba nobleza, ritmo y prontitud ‘Camarero’ que, como ‘Chamano’ protagonizó un vibrante tercio de varas. Ante este, Fernando Adrián pareció como ahogar las embestidas por el pitón izquierdo y no terminar de apostar lo necesario por el derecho.

Un chaparrón obligó a que se arreglara el ruedo después de que fuera arrastrado el cuarto. Después, la tarde pareció aletargarse y ni los toros de La Quinta fueron tan buenos ni Luque ni Adrián dijeron gran cosa.

La ficha

  • Plaza de toros de Dax. Lleno de ‘no hay billetes’.
  • Toros de La Quinta, muy bien presentados y de buen juego en líneas generales. Destacan por bravos, nobles y encastados los lidiados en segundo y tercer lugar.
  • Diego Urdiales: ovación tras aviso y palmas tras aviso.
  • Daniel Luque: silencio en ambos.
  • Fernando Adrián: palmas y silencio.

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