Toros

Sainete administrativo, ruina en los tendidos y tedio en el ruedo

FOTO: EFE/Raquel Manzanares.

El pobre aspecto que presentaron los tendidos de la plaza de toros Alfaro, con menos de un cuarto del aforo cubierto, vino a poner de manifiesto el sainete en que se convirtió meses atrás el proceso de adjudicación para la organización de la feria taurina alfareña. No fue hoy el calor excusa para no ir a los toros y sí el nulo gancho del cartel el motivo para buscar planes alternativos al festejo. Tampoco ayudaron los elevados precios de la taquilla.

Huelga recordar la necedad de un Ayuntamiento que pretendió enmendar una feria que había alcanzado esplendor y categoría con un pliego sin pies ni cabeza y una búsqueda de adjudicatario que terminó sin encontrar la más mínima sensatez. Por todos es sabido lo del nefasto pliego que premiaba más el número de actuaciones de los toreros que la calidad e importancia de éstas; lo de los pseudoempresarios incapaces de presentar los contratos establecidos con los toreros que pretendían anunciar; un par de licitaciones redactadas al dictado de una especie de estulticia artificial; y un cartel con Morante, Urdiales y Aguado denostado, ninguneado y despreciado. “Que no suman muchos puntos entre los tres”, quiero pensar que no de torería.

Juan Leal. FOTO: EFE/ Raquel Manzanares.

En resumen, Curro Díaz, Juan Leal y Román, que si bien merecen el mayor de los respetos y cargan a cuestas con dignísimas carreras profesionales, marcadas también por el dolor y el sufrimiento y el menosprecio del sistema, vinieron a cubrir un cuarto de plaza. Tampoco el más mínimo ápice del ambiente de anteriores temporadas por los aledaños de la plaza antes de comenzar la función. Ea, el resultado de una memez puesta en negro sobre blanco a modo de licitación.

Dicho todo lo cual, se lidió un encierro de Ojailén desfondado, sin clase, aunque con descaradas defensas y hechuras que venían a predecir lo ausencia de clase y profundidad en cada embestida, por lo que nunca fue un encierro bien presentado por muchas defensas que luciera.

Curro Díaz. FOTO: EFE/ Raquel Manzanares.

Se aplaudió lo destartalado de un toro muy alto y al que la cara tapaba su falta de remate. Mal picado. Aquel criminal castigo o las desvencijadas hechuras del animal, o ambas a la vez, imposibilitaron la humillación de un astado que se desplazó rebrincado y protestando. Del trasteo de Curro Díaz se jalearon naturales tan templados como faltos de reunión, con la suerte siempre tan descargada. En el epílogo faltó ahora limpieza. Media estocada habilidosa le sirvió a Díaz para pasear el primer trofeo de la tarde.

Cuatro naturales, esbozados al ralentí para alcanzar genial dibujo, fue todo lo consiguió el jienense ante el cuarto, un toro vacío de poder y desfondado.

Juan Leal, entrando a matar. FOTO: EFE/ Raquel Manzanares.

Menor contenido artístico albergó el primer trasteo de Juan Leal, premiado con dos orejas de escasísimo valor. A la obra de Leal le faltó reunión, naturalidad, cadencia y temple. Sobró brusquedad en los toques y varias heroicidades ante un toro que nunca dijo nada. El saludo de capa, sin apreturas y solvente, fue lo menos malo de este segundo acto. El quinto fue un toro de mucha presencia, pero que, como sus hermanos, carecía de vida.

La faena de Leal al quinto fue tan excéntrico como el anterior, confirmándose así que el concepto del francés está instalado en las antípodas del buen toreo. Los ‘fueracachos’ y los trapazos de Leal no fueron rubricados esta vez pronto con la espada.

Otro toro falto de remate fue el tercero, que ya dio síntomas de invalidez nada más saltar al ruedo. El esfuerzo de Román aún sirvió para ligar en series cortas las deslucidas embestidas del toro de Ojailén, tan rebrincadas, tan cortas y siempre sin humillar. Román afeó su trasteo, que había brindado al bodeguero Álvaro Palacios, con el pésimo uso del estoque.

Román. FOTO: EFE/ Raquel Manzanares.

Volvió a marrar Román con los aceros un trasteo de más poso que ajuste ante un toro, ¡oh, sorpresa!, también descastado y desclasado a partes iguales.

En definitiva, que ni hubo toros ni toreros, por muy ajustado a Derecho (y alejado del sentido común) que estuviera redactado el dichoso pliego.

La ficha

  • Plaza de toros de Alfaro. Un cuarto de plaza.
  • Toros de Ojailén, desiguales de presentación, deslucidos, desclasados y desfondados.
  • Curro Díaz: oreja y saludos.
  • Juan Leal: dos orejas
  • Román: silencio y silencio tras aviso.

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